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Categoría: Política

15 Diciembre 2008

"ETA le propone pagar una cuota anual de 6.000 euros"

REPORTAJE: EL 'CASO LIERNI'. HISTORIA DE UNA EXTORSIÓN 'REVOLUCIONARIA'.

Una etarra condenada a 57 años de cárcel se enfrentó a la dirección de la banda por chantajear a su cuñado, el ex futbolista Txiki Begiristain - Las cartas muestran la doble moral de ETA.

¿Cómo reacciona un terrorista de ETA al saber que su familia está siendo extorsionada por sus compañeros de organización? Debido a su intensa actividad, el aparato de recaudación de la banda, GEZI, acrónimo de Gora Euskal Zerga Iraultzaila! (viva el impuesto revolucionario vasco), acostumbra a generar abundante documentación que no siempre queda a salvo de la policía. Y es que, a despecho de su propia consigna -"Léelo y destrúyelo"-, la dirección de ETA parece haber adquirido el hábito burocrático de guardar copia de todo; también de las informaciones sensibles y comprometedoras.

El dossier Lierni, encontrado en uno de los pisos de seguridad de la cúpula en Francia, ilustra bien la doble percepción y doble moral que hace que los terroristas se abran las carnes ante la posibilidad de que sus familiares lleguen a padecer algo del sufrimiento que ellos procuran a diario al conjunto de sus víctimas.

El drama personal y familiar de tantos vascos amenazados y sometidos al chantaje económico se compadece mal con la historia que aquí se desvela. Dados los protagonistas y el enredo de la trama, el caso Lierni sugiere más bien una obra de teatro de género menor, aunque de seis actos.

- (Todo lo que se cuenta y se describe a continuación responde, hasta en su literalidad, a los escritos incautados a la dirección de ETA. Han sido depurados y suprimidos los datos y referencias personales y familiares del ámbito íntimo o privado, prescindibles a los efectos informativos y aleccionadores de esta pieza).


Acto primero

La acción transcurre en una vivienda del casco viejo de Saint-Pée-sur-Nivelle, a 50 kilómetros de la frontera. En una habitación con las persianas echadas, un tipo que peina canas escribe en el ordenador. Cuando termina, imprime una copia y repasa el texto. Es una carta dirigida a nombre de Txiki Begiristain y Marta Armendaritz a un domicilio de Beasain (Guipúzcoa), y está fechada en Euskal Herria, diciembre de 2002.

La carta dice lo siguiente:

"Señor Txiki BEGIRISTAIN,

Saludos:

La organización Euskadi Ta Askatasuna le quiere expresar lo siguiente:

Hemos tenido conocimiento de que la Policía Nacional se ha dirigido a usted diciendo que su nombre aparecía en una carta cogida a la organización relacionada con el impuesto revolucionario o con un secuestro. Es mentira. Una mentira más. Suponemos que no le daría ninguna credibilidad, pero le hemos querido asegurar que es así, ya que creemos que está a favor de Euskal Herria.

Sí es cierto, en cambio, que la lucha a favor de Euskal Herria requiere muchos esfuerzos tanto en lo referente a recursos sociales, como bien sabe, como en lo referente a las necesidades económicas. Por ello, aparte de su voluntad y del apoyo moral y económico que le da a su familiar Lierni, si quisiera ayudar económicamente a la lucha que llevamos a cabo en defensa de Euskal Herria se lo agradeceríamos sinceramente, quedando siempre de su mano tanto la cantidad como la frecuencia (de una vez, anual...).

Por ello, y al igual que hacen muchos abertzales, quizá nos querría hacer llegar una cuota anual. Si su respuesta es afirmativa, le proponemos que la cantidad de esa cuota sea de SEIS MIL (6.000) euros. Le repetimos que es una petición de voluntad, y a la espera de tener pronto noticias suyas, reciba un cálido y cordial saludo.

Viva Euskal Herria Libre!

Viva Euskal Herria Socialista!

Euskadi Ta Askatasuna

E.T.A.

Nota: Le va otra carta para su amigo Joxe Mari Bakero".

El hombre estampa en la parte inferior de la carta el sello con el anagrama de ETA y la introduce en un sobre en blanco. Luego continúa trabajando en el ordenador, transcribiendo el contenido de varios papeles arrugados escritos con letra minúscula que van dirigidos a GEZI.

Acto segundo

En una celda de la prisión de Soto del Real, una reclusa en la treintena escribe a mano con letra microscópica un extenso escrito. La carta empieza con un animoso "¡HOLA, CAMARADA!", pero el rostro de la interna parece crispado.

"(...) Soy Lierni Armendaritz, una militante de ETA que está secuestrada en las cárceles españolas. Ya me han condenado a 57 años. (...) Tal y como dije en un juicio, estoy orgullosa de ser militante de ETA, o por lo menos hasta hace poco podía decir eso con orgullo. (...) ¿Qué ha pasado? Que a mi cuñado, el ex futbolista Aitor [Txiki] Begiristain, le habéis pedido dinero y, por si eso no fuera poco, se lo habéis hecho del modo más torpe y chapucero.

Digo habéis porque normalmente diría hemos, ya que en los juicios que he mencionado antes, además de expresar mi orgullo, asumí todas las acciones de ETA, hasta las de antes de nacer yo. Pero yo no puedo asumir de ninguna manera el amenazar a mi familia, y además, cuando de ninguna forma no es enemigo!!! Estamos confundidos... (...).

Es cierto que mi cuñado gana más que un sencillo trabajador, pero ¿hemos perdido la cabeza hasta este punto como para pedir también dinero a éstos?

(...) No quiero decir que en este momento no pueda pagar, pero sí que estamos llegando a extremos chapuceros, antes de llegar a amenazas así tendríamos que tener datos... porque creo que los de mi familia ya estamos pagando suficiente, ¿no? (...) No sé quién ha sido el responsable de esto, pero mejor si no me lo decís, ya que me lo cargo. Mi madre me ha dicho que ha pensado que sois unas personas sin corazón, y si esto no ha sido un malentendido, pensaré que por ahí hay un asqueroso perro. El tema es que esta bonita carta la dejasteis en el buzón de la casa de mi madre. Mi madre llamó a mi hermana por teléfono y ésta le dijo que la abriera sin problemas... Mi madre colgó el teléfono asustada con las deliciosas palabras que guardaba vuestra carta. El mismo día yo hablé con mi madre, y pensad cómo estaría que inmediatamente noté que algo grave sucedía. Me cargaré con mis manos a ese sucio imbécil!!

(...) Las mujeres de mi familia somos muy cabezotas, por eso no abrí la boca en la comisaría y por eso mi hermana y mi madre no le dirá nada a Aitor. Eso sí, mi madre inmediatamente quemó esa maldita carta. (...) Son dos cosas las que os querría pedir:

1. La confirmación de que vais a dejar en paz a mi familia.

2. Pedirle excusas oficiales a mi madre y explicarle que no somos personas sin corazón.

Sin más, con la esperanza de que quemaréis esta carta inmediatamente (mi familia está por medio), y con la esperanza de que todo se solucionará pronto, me despido.

HASTA QUE NOS DEJEN EN PAZ, SIEMPRE GUERRA!!

2002-XII-27".

Acto tercero

Habitación interior de un apartamento en una urbanización HLM (vivienda de protección oficial de bajo alquiler) de Bayona (Francia). Hay dos hombres sentados ante un pequeño escritorio ocupado por un paquete de folios, un ordenador y una impresora. En la pantalla del ordenador figura un fichero registrado con la palabra "Egurra" (leña) que contiene listados de nombres y apellidos, con sus direcciones y teléfonos, agrupados bajo los epígrafes: "morosos" y "delatores". El hombre de más edad es el que ha aparecido con anterioridad en la casa de Saint-Pée-sur-Nivelle. Enarbola un arrugado escrito y parece excitado.

-O sea, que le mandamos a su cuñado una petición por las buenas, en un tono amistoso y una metodología hipercorrecta, y resulta que la tía nos llama perros y nos amenaza. ¡No te jode! ¿Y tenemos que tragarnos sus escupitajos? Está claro que no está equilibrada.

-Nos ha escrito un tal Otsoa (Lobo) que, por lo visto es Juan Carlos Yoldi, un ex preso de Ataun que fue parlamentario en su época y que ahora anda como abogado en el TAT [Torturaren Aurka Taldea, comité contra la tortura]. Dice que Lierni está preocupada porque piensa que la organización puede actuar contra su cuñado y que sobre esto quiere nuestra opinión y nuestra garantía.

-¿Y cómo hostias está enterado él de este asunto?

-Por lo que me cuenta Kamel, Otsoa es hermano de Mila Yoldi. Los txakurras [perros, referido a los policías] les dijeron a Txiki y a Bakero que habían encontrado una carta sobre ellos a un miembro de la organización detenido en México, y en esa época los únicos detenidos en México y expulsados fueron Mila Yoldi y Joseba Ramada. Mila y Lierni estuvieron juntas en Soto del Real y seguro que hablaron del asunto de Txiki y Bakero.

-Lo que vamos a hacer es enviarle a Lierni una copia de la carta que le mandamos a su cuñado para que compruebe que era una carta por las buenas y retire los insultos. AND ha leído lo nuestro y lo suyo y está alucinado. Dice que Lierni está jodida de los cascos.

-Hay que mandarles el dossier Lierni completo, con las cartas y todo, pero con la recomendación de que se deshagan de ello inmediatamente.

-También hay que volver a escribirles a Txiki y a Bakero.

Acto cuarto

Es la misma casa de Saint-Pée-sur-Nivelle, la misma habitación y el mismo hombre. Junto al ordenador hay varios escritos dirigidos a GEZI y un sello con el anagrama de ETA.

El hombre escribe:

"En Euskal Herria, mayo de 2003.

Señor,

Saludos:

La organización Euskadi Ta Askatasuna le quiere expresar lo siguiente: como hemos podido saber, la carta que te mandamos ha creado inquietud y malentendidos tanto en ti como en tu familia, los cuales nuestra organización los considera muy graves. (...) Hace poco nos hemos enterado por vías que no son oficiales (tú nunca te has puesto en contacto con nosotros para aclarar las cosas, aun teniendo la vía para ello) que has hablado con gente sobre este tema, con la intención de que llegue a nuestros oídos la noticia de que no puedes pagar.

Señor Txiki XXXXXX, (...) nuestro tono es en todo momento el tono que utiliza una organización abertzale para dirigirse a otro abertzale. Una vez que recibas esta carta, queda en tus manos responder a lo que te mencionábamos, al igual que el pedir responsabilidades a los que han liado la cosa. Desde la organización Euskadi Ta Askatasuna creemos que con esta explicación dejamos claras nuestras intenciones. Del mismo modo, te queremos hacer saber que no es costumbre de la organización escribir cartas de este tipo, ya que no es nuestro problema corregir las malvadas y erróneas interpretaciones que se hacen de nuestras acciones. En este caso, en cambio, hemos tenido en cuenta el ser familiares de nuestra compañera Lierni. Sin más, y esperando tener pronto noticias tuyas, nos despedimos".

***


Siguen los goras de rigor a la Euskadi libre y socialista, pero esta vez la despedida no finaliza con "un cálido y cordial saludo".

Acto quinto

Soto del Real, febrero de 2004. La reclusa Lierni Armendaritz escribe: "(...) Metisteis la pata y, en vez de solucionarlo, lo estáis estropeando más. La respuesta que recibí no es la que esperaba y mi sensación es que me tomasteis por tonta. (...) Ni mi familia ni yo sabemos cómo son las cartas que mandáis a los demás, pero, aunque sea implícitamente, hay una amenaza si no se paga. Todos sabemos que, si con la última carta no se paga, la amenaza se va endureciendo... En mi familia, la única que está a favor de la lucha armada soy yo, por tanto, si no hay amenaza de por medio, no van a pagar. Eso sí, no nos sobra el dinero, pero tened claro que intentan participar lo más posible tanto económicamente como personalmente en las diferentes iniciativas no armadas de los abertzales y los de izquierda. (...) Y qué decir del coste que tiene mi estancia en la cárcel. (...) Había tranquilizado a mi madre diciéndole que todo estaba arreglado, pero por segunda vez sucedió lo mismo, que la carta le llegó a mi madre...??? Ella me la dio a mí y yo, sin poder evitar el llorar, la rompí y la tiré al water. (...) ¡Podían castigar a mi madre por colaboración y, además, había otra carta para otra persona!

(...) Como os he dicho, la leí envuelta en lágrimas. Acusabais a mi madre de haber estado llamando a puertas para pedir ayuda sobre este tema. Yo toqué tres puertas, ¿quizá hice mal en mi desesperación? (...) Con la segunda carta habéis puesto en grave riesgo la salud de mi madre. Mi familia ya está sufriendo bastante con que yo esté en las garras del enemigo. (...) A lo mejor podéis pensar que las cartas no hacen daño por el hecho de estar escritas en un tono suave, pero no es así. No quiero volver a oír a mi madre llorando por vuestra culpa. Los hay más ricos que mi familia, a montones, a lo mejor no tan conocidos y que no tienen a un familiar represaliado o que lo tienen y no se hacen cargo de él emocionalmente y económicamente. (...) No más cartas, no más peticiones a mi familia. (...) A mí, pedidme lo que queráis.

¡HASTA QUE NOS DEJEN EN PAZ, SIEMPRE GUERRA!".

Acto final

Un bar céntrico de Barcelona. En medio del bullicio se oye la llamada insistente de un teléfono móvil. José Mari Bakero responde al periodista de EL PAÍS. "Es una cuestión de la que no me gustaría hablar. Sí, estuve viviendo en México; primero, durante ocho meses, como jugador del Veracruz, y luego, en 2000, un año entero, como entrenador de El Puebla".

En una clínica de Tokio, el director deportivo del Barça, Txiki Begiristain, y su mujer, Marta Armendaritz, hacen compañía al hermano del primero, que ha sido hospitalizado de urgencia a causa de una grave afección. Preocupado por la salud de su hermano, el que fuera extremo izquierdo de la Real Sociedad, del Barça y de la selección española no tiene, por lo visto, humor y ánimo suficientes como para abordar por teléfono un asunto tan vidrioso que le dio tantos quebraderos de cabeza. "No quiero hacer declaraciones sobre una historia que considero ya muerta", le indica a una persona de su confianza para que se lo transmita a EL PAÍS.

***


Txiki Begiristain compartió con el ex ministro socialista de Sanidad Ernest Lluch la candidatura que en 2000 trató de aupar a la presidencia del Barça al publicista Lluís Bassat. El 21 de noviembre de ese mismo año, el denominado comando Barcelona, del que formaba parte Lierni Armendaritz, mató de dos tiros en la cabeza a Ernest Lluch.

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16 Noviembre 2008

La última palabra de Juan Negrín

Le atacaron los vencedores y también los vencidos. Le llamaron desde el Churchill español a vendido a la URSS. Medio siglo después de su muerte, Juan Negrín habla desde el archivo de quien fue el último jefe de Gobierno de la II República.

Hace 52 años murió en París un hombre tan deprimido que pidió que en su lápida no escribieran su nombre. Se llamaba Juan Negrín López y había sido el último jefe de Gobierno de la II República española. Sólo su hijo Rómulo y dos amigos íntimos asistieron al entierro. Nadie más acudió porque aquel hombre derrotado que quiso pasar eternamente desapercibido también había dado instrucciones a su familia para que esperara 48 horas antes de comunicar su fallecimiento. En su casa, el dirigente republicano más controvertido había dejado a medias unas memorias iniciadas muchos años atrás, y decenas de documentos que desmontaban muchas de las leyendas negras que vencedores y vencidos habían vertido sobre él y que provocaron su expulsión del partido socialista. Su nieta, Carmen Negrín, ha enseñado a EL PAÍS ese archivo con dos condiciones: que no se revele la ciudad donde está -"Por razones de seguridad. Podrían venir a robarlo, o a quemarlo, quién sabe"- y que la referencia sea Archivo J. N. L. "Sólo J. N. L.", insistió. Son las tres únicas letras que se leen en la lápida de Juan Negrín López.

En el sótano de una casa de varios pisos, bajando unas escaleras y al final de unas galerías abovedadas que recuerdan a los refugios de guerra de las películas, cerrado con llave, está el Archivo J. N. L. Hay múltiples paquetes de documentos. Uno atado con un lazo de los colores de la República en el que se lee "Reservado". Otros muchos envueltos en papel de periódico de 1939. Dentro, documentación oficial, correspondencia personal, textos y fotografías que Juan Negrín (Las Palmas, 1892-París, 1956) quiso conservar durante toda su vida. Y cientos de libros: en idiomas muy diferentes -"El abuelo hablaba diez", presume Carmen Negrín. "Cuando murió, en 1956, estaba aprendiendo chino y árabe porque decía que eran los idiomas del porvenir", añade-. Los libros no son novelas. Hay decenas de tomos sobre Política exterior en la prensa franquista, espionaje y manuales para traducir mensajes cifrados -"De pequeños, a mi hermano y a mí nos fascinaban las historias de tinta invisible que nos contaba"-.

Y entre todo eso, documentos que prueban que el envío del oro de la República a Moscú no fue un capricho de Negrín para complacer a los rusos, como le acusó un sector del partido socialista, sino una decisión del Consejo de Ministros del 6 de octubre de 1936. O que aquel esfuerzo titánico, nunca comprendido por su ministro de Defensa, Indalecio Prieto, de resistir hasta el final de la guerra, obedecía a la información que le transmitían desde Alemania antiguos compañeros de estudios sobre la inminencia de una Segunda Guerra Mundial y su convencimiento de que, en esa lucha de las democracias contra el fascismo, las potencias que no habían querido ayudarle a luchar contra Franco, convertidas en aliadas, les harían vencedores.

Su nieta, Carmen Negrín, se jubiló prematuramente sólo para entrar en ese archivo, empezar a leer y descubrir al hombre de Estado que había sido "el abuelo" -"De pequeña, oía que la gente que venía a casa le decía 'señor presidente', y yo pensaba, ¿presidente de qué?"-. Está decidida a rehabilitar la figura de su abuelo -"Era una persona tan diferente de lo que se ha dicho de él..."- , y concluir la tarea que dejó a medias; recordar, sin elipsis malintencionadas, cada paso que dio como último jefe de Gobierno de la República, y publicar, sin interferencias, de su puño y letra, las memorias en las que Juan Negrín explica los motivos que le llevaron a tomar unas decisiones y descartar otras.

Carmen confiesa que aún no ha sido capaz de ver todos los documentos. No sólo por el volumen del archivo. "Es difícil leer a posteriori, sabiendo el final. Sabiendo que termina mal. Inevitablemente, te pones en el lugar de las personas que le escribían y de él mismo. Y es duro. Hay unas cartas dramáticas del presidente del Gobierno vasco diciéndole que se han quedado aislados y que necesitan gente, armas, dinero, comida... en un momento en que ya era imposible satisfacerle. Hay expedientes a desertores, para los que sólo había un castigo, plagados de notas al margen del abuelo, intentando, estoy segura, salvarles la vida, porque para entonces ya sabría que la guerra iba a terminar y no tenía sentido matar a más gente. Probablemente haya personas que piensen que sus familiares murieron heroicamente en el frente, cuando fueron juzgados como traidores por haber intentado huir. Tendrán que afrontar eso. El abuelo debió de sufrir mucho. Él era médico. Un hombre de vida, no de muerte".

Antes de ingresar en el PSOE, en 1929, y ser diputado durante tres legislaturas, Juan Negrín había sido un brillante científico, maestro del Premio Nobel Severo Ochoa. Le esperaba una prometedora carrera como investigador, una vida cómoda. Pero eligió otra. Nunca tendría tiempo de disfrutar de esa vocación política. Llegó muy lejos en muy poco tiempo: fue ministro de Hacienda, de Defensa y jefe del Gobierno, pero lo fue al principio, durante y al final de la Guerra Civil, lo que convirtió para siempre al doctor Negrín en el retrato del gran perdedor de la contienda.

Su archivo personal es la historia de esa derrota. Contiene los mapas de la guerra que recibía cada día desde los frentes de batalla. Hechos en papel cebolla, a color y con la aplicación de un estudiante de matrícula de honor, son estéticamente tan hermosos como dramáticos, porque en ellos el jefe del Gobierno republicano sólo pudo leer el avance de las tropas franquistas, la evolución de una lenta agonía. En ese archivo, figuran también los telegramas que jamás sirvieron para dar una buena noticia. Como éste: "Resultado de los bombardeos hasta las 17.30. Sitios donde han caído bombas: calle Nueva de la Rambla 98. Paseo de San Juan frente al 104. Hotel Colón. Banco Comercial. Paseo de Gracia. Calle de Talleres. Calle de la Provenza 365 y 380. Plaza de Tetuán. Paseo de Gracia frente al Socorro Rojo, Balmes entre Diputación y Cortes. Cortes entre Rambla de Cataluña y Balmes. Calle de Bárbara Chaflán. San Ramón. Teatro Novedades. Los muertos y heridos, sin contar los del último bombardeo, son 270 muertos y 350 heridos. Posteriormente dicen hasta la hora presente hay 400 muertos. 17 de marzo 1938".

Recibía varias veces al día telegramas con la relación de víctimas. Concretamente, éste venía acompañado por fotografías de los cadáveres de un grupo de niños que murieron en un bombardeo antes de que les terminaran de salir los dientes; una de esas fotos se reproduce en estas páginas.

Hay informes a diario de los bombardeos. En ellos se ve la desproporción de fuerzas entre los dos ejércitos y sus apoyos. "Por eso es tan difícil de leer", explica Carmen Negrín. "Se ve la esperanza que había al principio, la voluntad de resistir... y documento a documento, cómo ese espacio para la resistencia se va achicando y achicando...".

Prieto atribuyó el empecinamiento de Negrín en resistir a toda costa los ataques de un ejército abismalmente superior a una mano negra que le manejaba desde la URSS, y dedicó los años que siguieron a extender esa tesis hasta provocar la expulsión de Negrín del partido socialista en 1946. Hace apenas cuatro meses el PSOE lo reintegró simbólicamente en sus filas en su 37º congreso.

"Prieto promovió la división entre socialistas", asegura Carmen Negrín. "Expulsarle del partido fue una pequeña mezquindad por su parte. [Negrín] nunca habló mal de él, pero sí con dolor. Le hizo muchísimo daño y lo comprendí muchos años después, cuando leí las cartas que intercambiaron, en las que el abuelo intenta explicarle, hacer que entendiera por qué lo destituyó como ministro. No fue posible. Prieto rehuyó siempre el diálogo". "Algunas de esas cartas llegaron a los campos de refugiados y debieron desmoralizar mucho a la gente".

En sus memorias, Juan Negrín dedica varios capítulos a Prieto, su mentor, y a la mentira de la que éste se había convencido. Algunos no llegó a escribirlos, pero los dejó enunciados, en una especie de cuestionario elaborado en tercera persona que él mismo debía ir contestando: "Como presidente del Consejo y ministro de Defensa, cuáles fueron sus relaciones con los rusos", se titula uno. "Relevo de Prieto en el Gobierno", dice otro. "Esfuerzos para intentar evitar la ruptura con Prieto". "Relación con los comunistas bajo la presidencia...".

En aquellas memorias que no terminó, Juan Negrín quería explicar, ante todo, que sus decisiones, equivocadas o no, habían sido autónomas. Que los rusos fueron, en aquel momento, los únicos dispuestos a ayudar. Que envió a su hombre de confianza, el prestigioso médico Rafael Méndez, a comprar armas a EE UU, sin éxito. Que pidió ayuda a Inglaterra y tampoco se la dieron. Que sólo Francia prestó un poco de ayuda al principio. "Ninguno fue muy valiente", explica su nieta. "Inglaterra pensaba que satisfaciendo a Alemania tendrían tranquilidad, cuando Alemania, como sabemos, era insaciable. Inglaterra sacrificó a España con ese temor. Fue una cobardía que luego les saldría muy cara. México estaba dispuesto a aceptar el oro de la República pero estaba muy lejos y era peligroso. Rusia era la única opción". Hacían falta armas y comida. Se gastó todo. De hecho, el último envío de ayuda de Rusia es ya un préstamo. No fue a cambio de oro. "Y a los rusos también hay mucho que reprocharles porque marcaban un precio muy por encima del mercado a cambio de aviones viejos. El abuelo lo sabía".

Lo sabía y empezó a escribirlo en sus memorias, aunque nunca terminara un capítulo que él mismo había titulado "La famosa cuestión del envío del oro. Destruir la leyenda de que todavía hay en Rusia un tesoro de la República". Y otro que prometía: "Caso Nin, que es el que más se ha explotado para decir que la justicia comunista tenía cheque en blanco del Gobierno". Según su nieta, en él Negrín relata cómo le habían hecho creer que a Nin "ya lo habían liberado cuando ya lo habían asesinado, en contra de su voluntad y de sus órdenes".

En ese índice de temas que Negrín pretendía abordar también se incluye "Viajes, en lo que quepa ser revelado a Moscú, París", "Posibilidades de una política de resistencia en la zona centro después de la pérdida de Cataluña" o "Cómo reconstruir la democracia en España". Negrín tenía ya el visto bueno de una editorial americana para publicarlas, pero quería hacerlo después de su muerte. Será su nieta quien lo haga "próximamente".

De momento, el Archivo J. N. L. ya ha iniciado el viaje de regreso a España, como parte del proceso de rehabilitación de la figura de Negrín. El cabildo de Las Palmas ha cedido un antiguo cuartel militar para convertirlo en un museo dedicado a su memoria. "Hemos empezado a digitalizar todo el material para enviarlo allí y que pueda ser consultado", explica Carmen Negrín. "Me gustaría que el centro tuviera un par de habitaciones para que los investigadores puedan quedarse a dormir mientras trabajan. Son miles de documentos. Necesitarán tiempo". Hasta ahora, sólo historiadores como Gabriel Jackson o Ángel Viñas han podido acceder a algunas partes de ese archivo antes de escribir sus libros sobre la Guerra Civil o la Segunda República.

El archivo revela que la gran preocupación de Juan Negrín era preservar el Estado para que, pasara lo que pasase en el frente, la República no se diluyera. Un Estado se basa en leyes, normas, su historia, y todo eso son papeles. Juan Negrín era muy consciente de ello. Y muy meticuloso. Todo quedó registrado. Hasta el último gasto. En la documentación hay facturas de municiones y de cenas... Tiene muchísimo mérito haber puesto a salvo toda esta documentación, y con ese orden, teniendo en cuenta que perteneció a un Estado cuya capital se desplazaba según avanzaban las tropas franquistas.

La nieta de Negrín explica que a los historiadores suele interesarles la parte del archivo que menos le interesa a ella, y viceversa. Lo dice justo antes de sacar de una maleta vieja que acaricia antes de abrir fotografías inéditas de mutilados acogidos durante la contienda en los castillos que la República había comprando en Francia. En ellas hombres ciegos por la guerra aprenden braille. Un joven sin piernas mira de frente a la cámara. Theodore Fried, el autor de la instantánea, escribe al pie de la fotografía: "García Suárez nos descubre su caja de Pandora: magníficos artilugios de marcha dignos de un ministro. García Suárez, cuando los amigos le ponderan las excelencias de las piernas ortopédicas, en el paroxismo de los elogios asegura que están fabricadas con un material antirreumático que quita las penas". Y es verdad, García Suárez mira de frente al fotógrafo y le sonríe.

En los castillos, que la República compró en Francia o que sus dueños cedieron temporalmente, los mutilados aprendían un oficio, a manejarse de nuevo en la vida. El régimen de Franco se quedó con aquellos castillos.

De la maleta, que Carmen Negrín no posa en el suelo en ningún momento, sale también una colección de dibujos infantiles y listados con nombres de algunos de sus autores. Son relaciones de los niños que acabaron en las colonias republicanas, una especie de orfanatos. "Es un documento terrible", dice Carmen. Y lee: "Teresa y Feli Lorenzo Varel, 8 y 12 años, sin familia. Carmen García Jiménez, 4 años, con madre. Juan Martín Barcena, 12 años, ignórase paradero de la familia. Hay hasta cinco niños de una misma familia, sin padres. Me pregunto muchas veces qué habrá sido de ellos".

Junto a la carta de un padre que se pregunta si Juan Negrín tiene hijos antes de rogarle que entienda su dolor "al sacrificar a mis seres queridos por la Patria, pudiendo quizás rescatarlos de sus garras", hay también en el Archivo J. N. L. un espacio, aunque minúsculo, para otras que provocan casi una sonrisa. Como la de un campesino que en plena guerra le escribe para quejarse de que su vecino le ha robado unas patatas.Negrín la conservó. Quizá porque aquella queja se parecía un poco más a las que reciben los gobernantes en un país en paz; justo lo que él querría haber sido.

En su vida personal también huboalgún error divertido e intrascendente, aunque saliera bastante caro. "Picasso quería regalarle un cuadro y dijo que no porque le parecía muy moderno", confiesa Carmen Negrín entre carcajadas. El mismo hombre que supo ver que el árabe y el chino eran "los idiomas del porvenir", se equivocó de plano con aquel moderno.

Después de haber mostrado el archivo, Carmen Negrín confiesa que su abuelo, en realidad, se resume en una frase de Albert Camus: "Fue en España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón y aun así sufrir la derrota. Que la fuerza puede vencer al espíritu y que hay momentos en que el coraje no tiene recompensa. Esto es sin duda lo que explica por qué tantos hombres en el mundo consideran el drama español como su drama personal".

El último secreto de Negrín

El médico keynesiano

Para el historiador Gabriel Jackson, Juan Negrín fue "el más capacitado de los jefes republicanos socialistas. Sabía de economía. Era keynesiano, no marxista, y creo que fue el primer suscriptor que la revista The Economist tuvo en España. En los años 20 era ya un médico fisiólogo de fama internacional", explica. Con un pero: "No era buen orador".

Jackson asegura que indagar en la figura del último jefe de Gobierno de la República ha sido "la mayor aventura de su vida" y por eso su último libro, publicado esta semana, se titula Juan Negrín, médico, socialista y jefe del Gobierno de la II República española. "Me ha costado seis años terminarlo porque en el medio he sufrido varias enfermedades. Es mi último libro. ¡Los ojos no dan para más!", aclara el historiador, de 87 años, quien considera que el 90% de lo que se ha dicho sobre Negrín "es leyenda". "Creo que en sus últimos años tenía la sensación de haber fallado, de ser el jefe de Gobierno que había perdido la guerra y al que habían denostado incluso en su propio partido. Por eso no quiso estatuas ni que escribieran su nombre en su tumba", añadió.

Negrín también pidió que no le llevaran flores, una petición que su nieta desobedece cada año. "Cuando llego, siempre hay un ramo artificial con los colores de la bandera republicana sobre su lápida. Yo lo quito todos los años para poner las mías y al año siguiente, el ramo republicano vuelve a estar allí. No sé quién las pone, pero nunca falla. Es muy curioso porque encontrar la tumba es muy difícil". Su nombre no está en ella.

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8 Noviembre 2008

"Caramelos y un palo para tu culo"

La televisión israelí difunde un vídeo en el que soldados israelíes humillan a un adulto maniatado y vendado.

Le produjo náusea al ex comandante de la Brigada Golani del Ejército israelí después de observar el vídeo emitido anoche por el canal 10 de la televisión. "Uau. Es duro ver esto. Primero, estoy avergonzado. No entiendo por qué los soldados necesitan esto", se arrancaba el ex oficial. La escena transcurre en un control militar de Cisjordania. Un grupo de soldados observa a un palestino adulto detenido, maniatado, con los ojos vendados. Ríen mucho. Como si se tratara de un niño de escuela, uno de los uniformados obliga a repetir al civil arrodillado.

Soldado: -"¿Quieres un caramelo?".

Detenido: -"Caramelo".

Intercambian unas palabras y se escucha la carcajada desenfrenada de un uniformado.

Soldado: -"Di: Papá fue a trabajar".

Detenido: -"Trabajar".

S: -"No. Papá".

D: -"Papá".

S: -"Fue".

D: -"Fue".

S: -"A trabajar".

D: "A trabajar".

S: "Te traerá un regalo".

D: "Regalo".

El joven militar pide un aplauso a sus colegas.

S: "Y Golani".

D: "Y Golani".

S: "Te traerá un palo".

D: "Palo".

S: "Para tu culo".

D: "Para tu culo".

El palestino apenas puede contener el llanto. Los soldados no paran de reír.

Este abuso ha sido grabado. Como lo fue la orden del teniente coronel Omri Burberg para que uno de sus subordinados disparara una bala de caucho en la pierna a un palestino también maniatado y con ojos vendados. Sucedió en junio. Pero las humillaciones gratuitas son cotidianas en cualquiera de las docenas de puestos militares que salpican el territorio ocupado palestino, unos controles que no pueden eludir y en los que pasan horas cada día para entrar y salir de las ciudades y pueblos.

La media docena de soldados que se mofaban del palestino no mostraban tensión alguna. A juzgar por las carcajadas, se trató de un pasatiempo más. Un portavoz del Ejército aseguró que se estudiaría el caso y que se tomarían medidas. Es lo habitual. Lo que no es frecuente en que los militares reciban castigos acordes con la ofensa cometida. Si es que los reciben. Un uniformado que confesó haber disparado fuego real a un hombre en Hebrón -"me miró mal", aseguró- estudia libre en una yeshiva (escuela religiosa). Se han producido este año casos extremos. Como el del soldado que celebró su licenciamiento forzando a palestinos a montarse en un vehículo militar para luego arrojarlos en marcha a 80 kilómetros por hora. Uno de ellos falleció, otro resultó gravemente herido. El soldado fue condenado a seis años de prisión tras un acuerdo judicial, una opción de la que carecen los palestinos implicados en delitos graves. Casi 700 de ellos están encarcelados sin que se presenten cargos contra ellos. Algunos durante años. Es el Guantánamo israelí.

Acudir a los tribunales israelíes es casi una pérdida de tiempo. Las ONG de este país denunciaban recientemente que el 90% de las demandas presentadas son archivadas sin que se abra un procedimiento. La gran mayoría de los golpeados y vejados en los controles militares opta por tragarse el sapo.

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8 Septiembre 2008

Ban Ki-moon, el hombre invisible

El secretario general de la ONU ha permanecido ausente de los grandes conflictos internacionales y ha desdibujado el papel de la organización. Naciones Unidas pierde así la oportunidad que abre el próximo relevo en Washington de renacer de los escombros de Irak

Durante una reunión con líderes palestinos en Jerusalén Este el año pasado, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, empezó expresando la satisfacción que le proporcionaba "estar en Israel".

Mientras los palestinos presentes se quedaban boquiabiertos, esforzándose por reprimir su indignación, un colaborador de Ban le susurró al oído que llamar al territorio ocupado en el que estaban "Israel" no era precisamente lo más diplomático que podía hacer, dados los asistentes. Ban asintió, prosiguió y terminó sus palabras con una sonrisa y un alegre: "Es un gran placer estar en Israel".

El desconcierto que provocó Ban aquel día entre los palestinos se ha extendido hoy, 20 meses después de que asumiera el cargo de secretario general, a la mayor parte de los Estados miembros de la ONU. En vísperas de la sesión número 63 de la Asamblea General que comenzará en Nueva York el 16 de este mes, ceremonia anual en la que se reúnen jefes de Gobierno de todo el mundo, existe una creciente percepción de que no sería aconsejable que Ban, anteriormente ministro de Exteriores de su país, Corea del Sur, renovara su actual mandato de cinco años cuando concluya. Lo habitual sería que continuara en un puesto que algunos han descrito como "un papado laico", pero aumenta la impresión de que "el vaso está más bien vacío", como dice un antiguo alto funcionario de la ONU; que no es el hombre indicado para preservar la independencia y la legitimidad de Naciones Unidas y para dirigir la organización en un momento en el que sufre una creciente parálisis, pero en el que existe un atisbo de oportunidad -ante el inminente cambio de Gobierno en Estados Unidos- para poder alzarse, desde los escombros de la guerra de Irak y la animosidad del presidente George W. Bush, como la fuerza moral y política por los derechos humanos y la paz que se pretendió que fuera cuando se fundó, a finales de la Segunda Guerra Mundial.

En los últimos 20 meses se han sucedido los conflictos en los que el secretario general podría haber intentado ejercer un liderazgo político y moral -Sudán, Kosovo, Zimbabue, Georgia-, pero Ban se ha limitado a lanzar comunicados o formular declaraciones efímeras. Él mismo, fuera del mundo de la diplomacia, es un personaje que ha pasado casi inadvertido, cuyo nombre pocas personas conocen.

El secretario general de las Naciones Unidas
Este periódico ha entrevistado para este reportaje, en Nueva York, Londres y Madrid, a 20 personas de cuatro continentes. Algunos de ellos han pasado mucho tiempo en su compañía y otros le siguen atentamente, pero desde fuera. Entre las acusaciones específicas que se le hacen, una es que no anima el debate y se enfurece las pocas veces que sus asesores internacionales en la secretaría general se atreven a proponerle opiniones contrarias a las suyas; otra, que toma sus decisiones basándose en un círculo de confianza de colegas coreanos que le rodean y le cobijan.

Según una persona no coreana que asiste a reuniones con él en el piso 38 del edificio de la ONU en Nueva York, el último en llegar suele encontrar que la silla enfrente de Ban (se reúnen alrededor de una larga mesa rectangular, con Ban en el medio) está vacía. Porque cuando al secretario general le entra una rabieta, la concentra sobre la persona sentada en esa silla.

Los entrevistados, en su mayoría, han hablado con la condición del anonimato y han insistido, todos, en hacerlo off the record cada vez que se aventuraban a expresar una opinión sobre Ban, incluso en los casos en que la opinión era positiva. La cultura de la ONU, organización en la que todos trabajan con contratos renovables, les condiciona. Algunos ocupan en la actualidad altos cargos en Naciones Unidas; otros los han ocupado hasta hace poco, y otros trabajan o han trabajado para la ONU en puestos operativos importantes en todo el mundo. Todos dedican su tiempo a ser observadores profesionales de la organización. Algunos piensan que la historia absolverá a Ban; que es un hombre extraordinariamente trabajador, seguro y capaz, de gran integridad. Pero la opinión dominante, expresada incluso por miembros desmoralizados del equipo político de la ONU, podría resumirse en la siguiente frase, que, con escasas variaciones, han pronunciado una y otra vez muchos de los entrevistados: "Es más secretario que general, y no tiene la visión, el intelecto, la atención ni el liderazgo necesarios para reactivar Naciones Unidas".

La decepción es mayor porque podríamos estar ante una buena oportunidad para intentarlo. Un ex diplomático estadounidense entrevistado en Nueva York que ha asesorado a Barack Obama sobre política exterior dice que, gane quien gane las elecciones presidenciales en noviembre, Washington hará un esfuerzo para tratar con la ONU de la misma manera que lo hizo el presidente Bush padre. Sobre todo en el consenso que logró construir alrededor de la primera guerra del Golfo, tras la caída del Muro de Berlín. Colin Keating, que fue el presidente neozelandés del Consejo de Seguridad -donde se concentra el poder de la ONU- a principios de los años noventa, dice que Estados Unidos ha aprendido la lección en Irak y que existen "fuertes motivos para pensar que el próximo Gobierno estadounidense tendrá una estrategia más colaboradora".

Hay más razones para considerar que éste puede ser un buen momento para que el actual secretario general intente imponer su voluntad en Naciones Unidas. La propia organización, como el mundo que refleja, se encuentra en un periodo de flujos, fragmentación y confusión que, a juicio de muchos de los que contemplan asombrados el nuevo desorden posguerra fría, clama por una voz claramente definida, tanto práctica como de principios. Entre las grandes fuerzas que están reconfigurando el mundo hay que contar con el papel ascendente de China, India y Rusia; el terrorismo y la propagación de las armas letales; la crisis energética; la incertidumbre sobre las reservas de alimentos y agua; y los Estados tiránicos y en quiebra como Sudán y Zimbabue. Además del permanente derramamiento de sangre y las tensiones en Irak, Irán y Oriente Próximo en general.

El foco de conflicto más reciente es el que se abrió el mes pasado tras el envío de tropas rusas a Georgia. "Pese a ello, Ban no toma iniciativas", dice un alto diplomático europeo en la ONU. "Es un líder reacio a actuar, espera a obtener el consenso antes de avanzar". No interrumpió sus vacaciones cuando se desató la crisis en Georgia, y sus declaraciones tardías sobre aquel conflicto se han centrado más en "la crisis humanitaria" que se ha desatado que en la política. El protagonismo internacional se lo ha cedido a líderes europeos como Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y Gordon Brown.

En cuanto a la catástrofe política y económica en la que Robert Mugabe ha sumido a Zimbabue, Ban Ki-moon puso fin a un largo silencio en el mes de julio cuando declaró "ilegítimas" las elecciones convocadas por Mugabe. Pero sólo después de que quedara patente que ésa era la opinión compartida por todo el Consejo de Seguridad.

El inconveniente del Consejo de Seguridad, con sus 15 miembros, y de la Asamblea General, con 192, es que el consenso es difícil de alcanzar por el efecto paralizador del choque de demasiados intereses. La consecuencia es que, en una situación como la de Darfur, donde los asesinatos generalizados y la hambruna debida a motivos políticos son la norma desde hace cinco años, los intereses comerciales de China -uno de los cinco países representados de manera permanente en el Consejo de Seguridad-, mezclados con los principios africanos de solidaridad y una aversión general de muchos países de dudosa legitimidad a inmiscuirse en los asuntos de otros, han impedido la aplicación de presiones internacionales que correspondan a las aspiraciones humanitarias de quienes fundaron Naciones Unidas.

"El gran factor de división", dice un importante funcionario de la Secretaría General de la ONU, "es la intervención, lo que en el lenguaje de la ONU ha pasado a llamarse la 'responsabilidad de proteger". Como explica más gráficamente un antiguo funcionario de la ONU que colaboró estrechamente con el ex secretario general Kofi Annan, "la verdad es que hay muchos Estados miembros en la ONU, incluidos algunos importantes, que prefieren que haya violaciones de niños a gran escala que defender el principio de la intervención".

En este contexto existe la opinión, muy extendida, de que un instrumento fundamental en el esfuerzo para librar a la ONU de su tendencia a la parálisis es la persuasión y la presión del hombre que tiene más poder que cualquier otro para hablar en nombre de Naciones Unidas en su conjunto, su cabeza sacerdotal, el secretario general; una persona cuyo puesto conlleva en teoría una enorme carga de capital político y prestigio mundial; es decir, una gran capacidad de persuasión.

La medida de lo que es capaz de hacer un secretario general la da todavía Dag Hammarskjöld, el diplomático sueco que ocupó el cargo desde 1953 hasta su muerte en un accidente de avión en 1961. Siempre dispuesto a emprender la acción y a defender por todos los medios los principios de la ONU frente a la política del cinismo. Como un pontífice que estuviera defendiendo a su iglesia, fue el que declaró en una ocasión que los principios de la carta fundacional de la ONU eran "mucho más grandes que la organización en la que se encarnan, y los objetivos que protegen son más sagrados que las políticas de cualquier nación y cualquier pueblo".

La ONU es hoy una organización mucho más vasta de lo que podía haber imaginado Hammarskjöld. En la actualidad acoge todo tipo de organizaciones dedicadas a suministrar alimentos y ayuda humanitaria, atender a los refugiados y los niños pobres, fomentar la salud en todo el mundo y -la mayor tarea de todas- realiza misiones de paz en 20 países, con 100.000 soldados a su disposición. Sin embargo, el comandante en jefe de todo esto, Ban Ki-moon, sólo tenía experiencia internacional -antes de asumir su actual cargo- en las tres cuestiones que definen la política exterior surcoreana: la reunificación de las dos Coreas, mantener unas buenas relaciones con Estados Unidos y el trato con China. Ha preferido, dicen sus defensores, la diplomacia discreta, después de ver cómo el intento de su predecesor, Kofi Annan, de labrarse un papel político independiente hizo que tanto él como sus más estrechos colaboradores acabasen expulsados de la ONU por Estados Unidos.

"La gente de Bush, que quería reducir el papel del secretario general, encontró en Ban Ki-moon al hombre que necesitaba", dice un ex diplomático estadounidense que observa la ONU con lupa. "Era también el hombre que querían rusos y chinos, que estaban hartos de los sermones y la injerencia de Annan". Los europeos afirman que ellos no querían a Ban. "Nuestra opinión", cuenta un embajador europeo, "era que necesitábamos más general, mientras que Estados Unidos, Rusia y China querían más secretario".

Un embajador africano ante la ONU confiesa que personalmente le cae bien. "Pero lo que sucede es que los acuerdos cordiales que uno cree haber alcanzado con él desaparecen cuando penetran en lo que muchos llamamos el círculo íntimo coreano", en alusión al pequeño sector de compatriotas con el que se siente cómodo. "Ban es un trasplante que no está asentándose bien", afirma un ex funcionario de la ONU que ahora es catedrático de universidad. "Procede de una estructura culturalmente uniforme, homogeneizada, y ahora pretende dirigir una estructura culturalmente compleja y variada, y no está adaptándose como debiera". La cabeza de ese círculo íntimo es un antiguo funcionario del Ministerio coreano de Exteriores y graduado de la Universidad de Stanford, Kim Won-soo, oficialmente jefe adjunto de gabinete, pero, en opinión de muchos, "la eminencia gris" del que el secretario general depende más que de ninguna otra persona. Y ni el poco querido Kim, una de cuyas tareas ha consistido en despedir a los viejos leales de Annan de la planta 38 del edificio en el que se aloja la Secretaría General de la ONU, ni ninguno de los asesores coreanos, ni la mayoría del equipo multinacional que Ban ha tenido que crear por el protocolo de la ONU, parecen tener nada que ver, en talento y en experiencia, con el "equipo A" que Annan creó a su alrededor, a juicio de la mayor parte de los entrevistados para este artículo.

"Ban ha cubierto con toda corrección las cuotas de nacionalidades en su equipo", confirma un veterano embajador ante la ONU, "pero desde luego no ha puesto a la mejor gente en los cargos fundamentales".

Kofi Annan aplaude a su sucesor al frente de la Naciones Unidas
Kofi Annan aplaude a su sucesor al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Incluso algunas de las personas reputadas como competentes que rodean al secretario general se sienten desmoralizadas por la forma de trabajar de su jefe. No sólo no hace caso a sus consejos cuando chocan con la visión del círculo íntimo, dicen algunos, sino que raramente ofrece la oportunidad de dejarse aconsejar. "Aunque hay que añadir", opina un alto funcionario, "que el círculo íntimo incluye asimismo al embajador estadounidense. Se piensa que Ban está muy en deuda con los norteamericanos, y eso explica también por qué tantos diplomáticos de los que antes llamábamos países no alineados desconfían de él".

Pero los estadounidenses no son los que establecen el tono en las reuniones internas que preside Ban. El modelo es el que un funcionario que conoce bien los mecanismos del piso 38 llama la norma no escrita de que "debe prevalecer una cultura confuciana de armonía". "Eso significa", dice un entendido, "que casi nadie dice lo que sabe que Ban no quiere oír".

Por eso, las conversaciones que se producen en las reuniones del piso 38 presididas por Ban suelen estar vacías de contenido. "Otorga un enorme valor al trabajo duro, a la cantidad por encima de la calidad", afirma una persona que conoce su manera de trabajar. "Hace mucho hincapié en que la gente lleve la cuenta del número de kilómetros que ha volado él en misiones de la ONU, y en una ocasión se enfadó de forma terrible porque, por un descuido, alguien proporcionó una cifra demasiado baja".

Sin embargo, da la impresión de que verdaderamente no es frívolo en su dedicación al trabajo y que le gusta dar ejemplo. Se levanta todas las mañanas a las cinco, y cuando se reúne con su equipo, a las 8.30, ya ha hecho entre 6 y 10 llamadas telefónicas y ha leído diligentemente los resúmenes. Después, su rutina consiste en trabajar todo el día sin parar y seguir hasta medianoche para preparar la agenda del día siguiente. "Pero en público", cuenta un funcionario político de la ONU, "no se la juega". Una excepción ha sido el cambio climático, tema en el que ha tomado una cierta iniciativa. Pero su filosofía preferida es que la mejor forma de obtener resultados es actuar a base de pequeños avances.

No obstante, su cuenta de resultados tiene todavía mucho que demostrar. "Adoptar una postura sobre el cambio climático es mucho más fácil que hacerlo sobre la delicada cuestión de la independencia de Kosovo", dice un ex diplomático estadounidense que no simpatiza con el Gobierno de Bush. "Era una cuestión que estaba pidiendo a gritos una declaración enérgica del secretario general y él desapareció. Los rusos le asustaron. Le dijeron que se callara, y él cedió". Por otro lado, en Oriente Próximo su actitud contra Hamás ha coincidido de manera desvergonzada con la de Estados Unidos e Israel, según varios de los entrevistados por este periódico. Lo cual ha alimentado en gran parte la sensación entre muchos Estados miembros de que Ban es un títere de Washington.

El gran punto de fricción siempre es la intervención, la "responsabilidad de proteger" a los civiles amenazados por sus propios gobiernos. Un principio que se ha visto gravemente perjudicado por la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos. "La tragedia de esta parálisis en el tema de la intervención es que los que salen perdiendo son los derechos humanos y la democracia", afirma un alto funcionario de la ONU que ha librado muchas batallas en ambos frentes. Un veterano activista de derechos humanos en Nueva York comparte esta opinión: "Kofi Annan acogía con interés nuestros informes porque le proporcionaban munición para las posturas morales que asumía; Ban los ignora y los considera molestos, porque le colocan en una tesitura que preferiría ignorar".

En opinión de Kieran Prendergast, vicesecretario general de asuntos políticos con Annan, lo que hace falta hoy es un "gran pacto internacional", un reequilibrio del orden mundial como los que se llevaron a cabo tras las dos guerras mundiales. "Es necesario un nuevo sistema que sustituya al de las dos superpotencias y reconstruya la legitimidad de la organización", dice Prendergast.

La base de dicho pacto podría ser que "Estados Unidos acepte que, antes de actuar contra una nueva amenaza, debe dar al Consejo de Seguridad la oportunidad de decir no, y a cambio, la comunidad internacional tendría menos respeto por el principio de la no intervención en los asuntos internos de los Estados". Este pacto, o una fórmula parecida y adaptada a los nuevos tiempos mundiales, no ha sido posible con George W. Bush, pero sí podría contar con el apoyo de un nuevo presidente estadounidense. Sobre todo si el secretario general utiliza su autoridad moral para entablar un debate a la altura de los nuevos desafíos, con el objetivo de aumentar la seguridad mundial y evitar nuevos 11 de septiembre.

Pero apoderarse así del escenario moral no es el estilo de Ban Ki-moon, según la mayoría de los entrevistados por EL PAÍS. Con la ONU a la deriva, pero Estados Unidos dispuesto al cambio, ellos creen que éste es el momento en el que hace falta una voz carismática, un Juan Pablo II o un Nelson Mandela de la diplomacia mundial. Tanto para establecer la estrategia global como para reaccionar ante cada crisis.

"En la era de los medios globalizados", argumenta un embajador europeo, "cuando es posible ver las crisis que se producen en un lugar lejano cinco minutos después de que ocurran, es necesario un secretario general capaz de responder también con rapidez, de establecer las prioridades morales y obtener así el capital político preciso para poder convencer y dirigir. Es necesario, en otras palabras, un secretario general político. Ban no lo es. Si fuera más eficiente en ese sentido, tendríamos una ONU más eficaz".

Colin Keating, el presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante el genocidio de Ruanda de 1994, prefiere no referirse directamente a Ban, pero sí cree que el puesto de secretario general exige una alta visibilidad. "Cuanto mejor se haga ese trabajo, cuanto más se hable al público, más se aplacarán las críticas a la ONU, se acumulará credibilidad y se obtendrán apoyos", explica Keating. "Hace falta un buen comunicador porque, muchas veces, la buena comunicación es el único instrumento del que realmente disponemos".

La buena comunicación sumada a un mensaje moral claro y contundente, que no busca la coartada del consenso ni se refugia en la burocracia de la ONU o en el "círculo íntimo coreano" o en el matorral del Consejo de Seguridad. Esto es lo que muchos echan en falta desde la llegada de Ban Ki-moon a la Secretaría General de Naciones Unidas.

"El problema, y lo vemos de manera especialmente apremiante en lugares como Zimbabue y Sudán, y ahora Georgia", sentencia un alto representante europeo en la ONU, "es que hace falta que el secretario general tome la iniciativa política. Y si espera a lograr un consenso, puede esperar para siempre".

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6 Septiembre 2008

Balance

Este es un artículo de Fernando Savater que me parece interesante y productivo publicado en EL PAÍS:

Recuerdan la anécdota del orador que se levanta para pronunciar su alocución tras el banquete y pregunta a un comensal remoto: "Usted, allí al fondo, ¿me escucha bien?". Y el otro responde: "Perfectamente, pero voy a cambiarme con aquel señor, porque parece que allí ya no se oye". También yo he estado esperando hasta que han respondido al Manifiesto por la Lengua Común incluso los que se sentaban voluntariamente allí donde es imposible escuchar lo que dice. Pensando a veces, con cierto desaliento, que es una seria objeción contra la existencia de la lengua común el que muchos que parecen comprenderla malinterpreten tan patentemente un texto sencillo como ése. Pero en todo caso me parece una obligación de cortesía intentar finalmente hacer balance y responder a quienes se han molestado en hacer objeciones inteligibles a esa propuesta. Desde luego, sólo voy a tomar en cuenta las de cierto calado, que no han sido las más numerosas. En cuanto a las demás... bueno, a pesar de la artritis estoy dispuesto a agacharme ocasionalmente un poco para quedar a la altura de ciertos argumentos y seguir la discusión, pero no pienso ponerme a cuatro patas, como se requeriría para responder a otros. Asumo mis limitaciones por arriba... y por abajo.

Tampoco me detendré en algunos reproches que considero desenfocados. Por ejemplo, los de quienes han insistido en recordar que la lengua castellana -pujante y cada vez más extendida por el planeta- no necesita defensa ninguna. El Manifiesto confirma ese punto desde su primer párrafo y evidentemente trata de otra cosa, por lo que sólo puedo rogar a los obstinados que se molesten en leer al menos sus cinco primeras líneas. Por cierto, es curioso que en el pasado mes de julio -cuando día sí y día no se nos recordaba en todos los medios de comunicación la invulnerabilidad del castellano- la Junta de Castilla-La Mancha y la Fundación Santillana otorgasen un merecido premio a Carlos Fuentes y a Lula de Silva, "por su defensa del idioma español", según dijo la prensa. Esperé sobrecogido una lluvia de protestas o la universal rechifla ante tarea tan superflua, pero nadie dijo ni pío: por lo visto, entonces no tocaba. Otros han expresado su recelo ante el apoyo que mostraron al manifiesto ciertos medios de comunicación y personas conocidas que no les parecen con suficiente garantía de salubridad progresista: por lo visto, para ellos todo lo que no se promueve desde la izquierda oficial está políticamente "manipulado", pecado grande. Reconozco ser poco sensible ante esta grave imputación. Es la costumbre: si los movimientos cívicos más activos del País Vasco, en los que he militado, hubiésemos esperado el apoyo o tan siquiera el permiso de los medios de comunicación y los intelectuales llamados "progresistas" para ponernos en marcha, todavía estaríamos en vísperas de salir por primera vez a la calle... Aún peor: si hubiéramos escuchado luego a bastantes de ellos, aún estaríamos dándonos golpes de pecho por haber salido. De modo que miren: no.

Pero pasemos a las objeciones que merecen mayor atención. Una de las más frecuentes asegura que en cualquiera de las autonomías bilingües sigue siendo el castellano la lengua mayoritariamente utilizada por los hablantes. Personalmente no lo dudo, pero... ¿es esto un pecado? ¿Es una injusticia que debe ser corregida o una enfermedad que ha de ser curada? Por razones históricas y culturales, el castellano no sólo es la lengua común de España, así establecida constitucionalmente, sino también uno de los idiomas internacionales de mayor peso presente y futuro. Ofrece ventajas evidentes respecto a otras a los empresarios y comerciantes, a los viajeros y a quienes buscan bibliografía. Los medios de comunicación de masas suelen preferirla por razones de eficacia económica: hay inmersión lingüística en la escuela, pero no en la prensa, y La Vanguardia sigue publicándose en castellano. Se trata de una primacía práctica perfectamente razonable, no de un monopolio dictatorial: las otras lenguas oficiales siguen teniendo su debido reconocimiento y su viabilidad a todos los niveles en las áreas regionales que les corresponden. Lo que resultaría un poco raro es llamar "normalización" al empeño de corregir por las bravas, a base de prohibiciones e imposiciones, esta preferencia de tantos hablantes, bilingües o no... como si se tratase de un atropello. Puede que no haya un precepto constitucional que establezca que cada cual pueda ser educado en la lengua que prefiera -es lo que el Manifiesto propone corregir-, pero aún menos en ninguna parte de la Constitución se dice que en las comunidades bilingües la lengua co-oficial deba alcanzar forzosamente un uso igual o mayor que el castellano.

Otros de nuestros críticos (por ejemplo, el propio ex presidente Pujol, en una entrevista reciente) nos recuerdan que los niños en Cataluña conocen perfectamente el castellano, aunque estudien en catalán. Incluso podríamos añadir que en los exámenes para determinar los resultados del informe PISA, los estudiantes vascos -aunque estudien en euskera- hacen las pruebas en castellano para mejorar sus resultados. Pero nada de esto tiene que ver con el fondo del asunto. No se trata de que los niños (o los ciudadanos adultos, tanto da) sepan o no castellano: lo aprenderán sin duda de un modo u otro, como terminarán adquiriendo nociones de inglés a través de las letras de sus grupos preferidos de rock, porque se trata de idiomas de comunicación internacional cuya pujanza no podrá ser cortocircuitada por ninguna burocracia etnicista local. Pero no es lo mismo conocer una lengua de modo más o menos sobrevenido que estudiar en ella y aprovechar todos sus recursos expresivos o bibliográficos, así como utilizarla habitualmente para recibir información de las autoridades o comunicarse institucionalmente. Y lo más importante, está en juego el derecho a poder utilizar siempre que uno lo desee la lengua oficial del país del que somos ciudadanos, aun allí dónde coexiste con otras regionales. Invocar este derecho no es una reminiscencia franquista, salvo para quienes han olvidado lo que estipulaba la Constitución republicana de 1931 en su artículo 4 (bastante más perentoria y nítida al respecto que la actual). Por cierto, cuando uno ve los obtusos y sectarios que son respecto al presente ciertos adalides de la memoria histórica, entran dudas respecto a la exactitud de la visión del pasado que tratan de oficializar.

¡Ah, pero hablar de derechos lingüísticos es embrollar las cosas, según dicen algunos sabios del establishment! ¡La "demagogia de los derechos" no soluciona nada! Es mejor resolver esos temas por medio de acuerdos consuetudinarios y confiar en el sentido común. Dejemos a un lado los derechos y volvamos a los apaños: insólito consejo, por cierto, para venir de profesionales de la filosofía política... Sin embargo, perdón por la insistencia: ¿hay algún otro país en la CE -dejemos a un lado la nada envidiable Bélgica- en que los ciudadanos se vean impedidos para usar normal y culturalmente la lengua mayoritaria en determinadas regiones de su territorio? ¿no es lógico que entonces invoquen su derecho a algo tan elemental, sean cuales fueren las "costumbres" que otros tratan de imponerles?

Con todo, hay algo de verdad en la teoría de los "apaños": es cierto que en las comunidades bilingües los ciudadanos conviven y se entienden con pocos roces en las lenguas co-oficiales. Los problemas vienen cuando allí se legisla de tal modo que esa armonía se rompa para obstaculizar institucionalmente el derecho a usar una de ellas. Porque el busilis de la cuestión no es el bilingüismo, desde luego, sino el biestatismo que los nacionalistas pretenden imponer en sus autonomías. Es decir, que haya dos Estados superpuestos, el local que ellos controlan más y más, junto al general que soportan y al que sólo acuden cuando esperan beneficios. En tal empeño biestatal, la marginación de todo elemento común con el resto del país -empezando por la lengua- es una herramienta esencial. Como esencial resulta para quienes pensamos de otro modo oponernos a tal tendencia y denunciarla. Se trata, en efecto, de una cuestión política, como con rara clarividencia han señalado algunos de nuestros críticos...

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

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8 Agosto 2008

Nada nuevo en el mundo olímpico

Los argumentos del movimiento deportivo y de las potencias ante Pekín recuerdan los utilizados con Hitler en 1936.

"No se puede mezclar el deporte y la política", claman estos días las autoridades olímpicas que, asustadas por la posible reacción del Gobierno chino, han acabado con la libertad de expresión de los deportistas prohibiéndoles hablar de asuntos como la represión en el Tíbet -Cadel Evans, por ejemplo, llevó una camiseta con el lema Free Tibet durante el Tour; no la llevará en Pekín-, la intervención china en la guerra de Darfur o los derechos humanos. No es una voz nueva.

Al olimpismo le gusta celebrar estos días el 40º aniversario de los Juegos de México, el puño en alto del black power, Tommie Smith y John Carlos en el podio del 200, símbolo del poder del deporte para cambiar la sociedad, pero la realidad, más terca que los deseos, le obliga más bien a recordar los Juegos de 1936, los Juegos del Berlín nazi adornado hasta la náusea de esvásticas. Y no solamente para hablar de la hermosa parábola de las victorias del negro Jesse Owens en el altar de exaltación de lo ario, y de su admirable amistad con el rubio Lutz Long, atletas que sólo se movían por altos ideales y no por dinero, como los de ahora, los cuentos que han pasado a la historia y que sirven para que muchos recuerden los Juegos del 36 como un oasis de pureza, tolerancia y buen rollo en medio de los 12 años de pesadilla nazi, y que han alimentado el mito del espíritu olímpico.

O podrían celebrar el primer centenario de los de Londres 1908, los primeros en los que los Juegos comenzaron a servir de vara de medir la vitalidad nacional: una guerra sin armas, los primeros en los que los participantes desfilaron agrupados por países detrás de su bandera. Aquel año, los norteamericanos se negaron a inclinar su bandera al pasar ante el rey Eduardo VII y consorte, los representantes de la metrópolis.

"La política y el deporte no se pueden mezclar. La única oportunidad de supervivencia del movimiento olímpico es mantenerse ajeno a la política", ya proclamaba en 1934 el presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos, Avery Brundage, uno que se había hecho millonario con el negocio de la construcción en el Chicago de los años 20, un paraíso de corrupción y sobornos. Y el belga Henry Baillet-Latour, presidente del COI por entonces, también creía en lo mismo: el olimpismo nunca debía entrar en política, pero con una excepción: el caso de una infiltración comunista en los Juegos, que debía evitarse a toda costa. Ambos dirigentes deportivos se esforzaron en imponer su mensaje en los años previos a los Juegos de Berlín para frenar lo que consideraban una catástrofe: la posibilidad de un boicot.

Era la primera vez que un movimiento de protesta internacional pro boicot, nacido entre la comunidad judía estadounidense, amenazaba a una ciudad elegida para celebrar unos Juegos. No triunfó, pero por poco, y, principalmente, por el silencio de los gobiernos de las grandes potencias, el silencio de Frank Delano Roosevelt, temeroso de alimentar el voto de la derecha reaccionaria de Estados Unidos; el silencio del Gobierno británico, partidario de no molestar a Hitler, antes apaciguar que enfadar; el silencio de Francia, donde una protesta pro boicot en el parlamento sólo contó con los votos de la izquierda. Los mismos argumentos de los Bush, Sarkozy, Merkel, del siglo XXI, que siguen prefiriendo, como entonces, la política de gestos.

Los Juegos se concedieron a Berlín en 1931 cuando Alemania era aún una democracia formal -los nazis ganaron las elecciones en 1932 y Hitler accedió al poder un año después- y porque el congreso del COI que debía elegir la sede se celebró en Barcelona una semana después de la proclamación de la República. El caos en la capital catalana impidió el quórum necesario. La votación se efectuó por teléfono. Ganó Berlín. En Barcelona, las fuerzas revolucionarias convocaron unos Juegos populares paralelos. Desgraciadamente debían comenzar el 19 de julio de 1936. Muchos deportistas huyeron de la guerra civil. Otros tantos, comprometidos, se quedaron a combatir con las tropas de la República.

Mientras, en Berlín se desarrolló la farsa de la tregua olímpica. Temporalmente, las SA dejaron de hostigar a los judíos. Un judío, por otra parte, formó parte, simbólica, del equipo alemán. Jesse Owens, un negro, ganó cuatro medallas. Hitler le negó el saludo. La prensa alemana lo describió como un animal: la ventaja genética de los habitantes de la selva. Y 72 años después, siempre que gana un negro aún se recuerdan sus ventajas genéticas.

Aparte de Owens, en los Juegos del 36 compitió Werner Seelenbinder, un luchador miembro del partido comunista y de un club de trabajadores. Obligado a inscribirse en un club burgués, se proclamó campeón de Alemania en 1933, y en el podio, se negó a hacer el obligatorio saludo nazi. Le detuvieron, pero el oficial de la Gestapo que le interrogó era un fan de la lucha libre por lo que le dejó en libertad. Ganó su selección para los Juegos y prometió, de acuerdo con sus camaradas, que si ganaba haría un discurso antinazi y pro libertad en la conferencia de prensa posterior a la victoria, pero terminó cuarto. En la guerra le detuvieron por proteger a un fugitivo comunista. Le colgaron en Brandeburgo en octubre de 1944.

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12 Junio 2008

Deriva antisocial

La directiva que permite aumentar a 60 horas la semana laboral rompe el modelo europeo.

Los ministros de Empleo y Asuntos Sociales de la UE marcaron ayer una jornada fúnebre en el calendario del derecho de los trabajadores y en el del modelo social europeo, el que ha dado solidez al bloque de países más próspero y equitativo del mundo. Al aprobar una directiva que permite extender hasta 60 horas (y en casos específicos, como los médicos, hasta 65) la jornada semanal, los ministros acabaron con la conquista de las 48 horas, obtenida en 1917, tras años de combates sindicales desde la revuelta de Chicago de 1886.

Esta grave deriva antisocial ha sido posible por el cambio de signo en los Gobiernos de Francia e Italia. La derecha en el poder en esos países ha modificado su oposición a la directiva (oposición compartida por España), que ahora ha obtenido así una fácil mayoría. La responsabilidad es de los Gobiernos, más que de las instituciones comunitarias. Por más que el comisario del ramo, el checo Vladímir Spidla, se haya regocijado cínicamente, augurando que con la nueva norma se crearán "mejores condiciones para todos los trabajadores".

Radicalmente falso. La directiva consagra la completa libertad de elección del trabajador, individualmente considerado, para negociar su jornada. Pero es una libertad teórica, porque al suprimir en ese decisivo aspecto la negociación colectiva, rompe un equilibrio esencial del modelo, y en la práctica aboca a los trabajadores a asumir cualesquiera exigencia de los empleadores. En materia de jornada, pues, la directiva procede al inicio de la demolición del derecho laboral que sustentaba la paz social registrada durante decenios en Europa.

Es cierto que la norma sólo permite y no impone la jornada de 60-65 horas. De modo que en los países más sensibles a los derechos sociales, como el nuestro, no se pondrá en marcha. Pero su aplicación en otros Estados miembros no será inocua, porque esta desarmonización modificará artificialmente los costes laborales unitarios y se convertirá automáticamente en una poderosa palanca de deslocalización industrial.

Gobiernos de socios antiguos y nuevos aprovechan la ampliación al Este para importar algunas de las peores características ultraliberales de su capitalismo salvaje. La prueba de esta deriva, además de la polémica directiva de ayer, está en la jurisprudencia del Tribunal comunitario de 2007 y 2008. Tres de sus últimas sentencias (Laval un Partneri, Viking Line y Dirk Rüffert) rompen los equilibrios que existían entre el derecho de establecimiento y el de huelga; entre aquél y los convenios colectivos o las normas de contratación pública; y priman las peores condiciones laborales de los países de origen sobre las de los países de acogida a inmigrantes comunitarios. Es el mismo tribunal que avaló en su día la expansión de las normas más progresistas, adoptando para toda la UE la igualdad de género para consagrar la igualdad de salario en caso de un trabajo igual.

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8 Junio 2008

Otro parque temático de ETA

ANV ensucia Pasaia con amenazas y apología del terrorismo.

La manera más rápida de pasar de San Pedro a San Juan, dos de los cuatro distritos de Pasaia, es a bordo de una motora que atraviesa la bahía en un santiamén por 60 céntimos el trayecto. Ayer, a eso de las cuatro de la tarde, una ruidosa excursión de catalanes, bien pertrechada de cámaras de foto y vídeo, disfrutó de la travesía al tiempo que la trainera de Trintxerpe -otro de los barrios de Pasaia- se cruzaba a la entrada del puerto con un carguero en busca de mar abierto. Ya en el embarcadero de San Juan -y después de celebrar en voz alta lo idílico del paisaje- una parte del grupo dirigió sus pasos hacia la izquierda y el resto se fue hacia la derecha. Unos y otros pasaron por restaurantes donde se come de maravilla. Pero los primeros, antes de llegar a la plaza, engalanada con pancartas a favor de los presos de ETA, tuvieron que desfilar por debajo de una maleta marrón colgada del tendido eléctrico. Dibujadas en verde, las siluetas de dos guardias civiles. Y con letras amarillas, una leyenda en euskera: "Fuera de aquí". Los que dirigieron sus pasos hacia la derecha tuvieron la oportunidad, que no dejaron escapar, de fotografiar varios murales en honor de ETA.

A dos paradas de autobús del restaurante Arzak -tres estrellas Michelin- y de las villas señoriales del alto de Miracruz -todavía en la ciudad de San Sebastián-, el pueblo de Pasaia es otra historia. Al igual que en el resto de lugares donde gobierna ANV -Mondragón, Hernani...-, las calles se han convertido en un parque temático de ETA y su amenaza constante. Ayer mismo, las ancianas que salieron a tomar el fresco a la puerta de la residencia de San Pedro lo tuvieron que hacer, como todos los días, bajo los soportales llenos de pintadas a favor de la libertad del etarra De Juana Chaos, y los niños que jugaban al escondite en la plaza de San Juan lo hacían tras una carpa azul -de propiedad municipal- en la que, con grandes letras de molde, se pide la libertad para Jon Urkizu, uno de los terroristas del pueblo. El lunes pasado, los cinco concejales socialistas y el único concejal del PP también tuvieron que recorrer esas calles junto a sus escoltas para asistir al pleno municipal. "Siempre tienes la sensación de que vas al matadero", dice uno de ellos, "pero lo del otro día estaba preparado a conciencia". Los simpatizantes de Batasuna se colocaron justo detrás de los concejales a los que insultaban sin que la alcaldesa hiciera nada por impedirlo. "Al del PP le decían: eh, tú, abuelo, ¿te has tomado hoy el jarabe?, y a nosotros nos llamaban de todo. Hubo un momento en que me quedé mirando a uno de ellos y me lo recriminó:

-Tú qué miras. Deja ya de provocar.

-¿De provocar yo? Si vosotros no habéis dejado de insultarnos durante todo el pleno...

-Pero eso es nuestra libertad de expresión...".

Después de escuchar esto, el concejal socialista dejó de discutir. "Era inútil. Qué se le puede decir a un tío que te dice eso. Es como la guerra de Gila. Yo te puedo poner a ti los ojos morados a puñetazos, o pegarte dos tiros si me apetece, pero tú a mí no me digas nada, que me coartas la libertad de expresión". La historia no hubiera trascendido -se trata del calvario que viven a diario los concejales socialistas y populares- si uno de los alborotadores no hubiera agarrado por el cuello y propinado un puñetazo en la ceja al concejal socialista Bixen Itxaso. Los reporteros gráficos recogieron el momento. Los insultos. El forcejeo. El derechazo del matón a la ceja izquierda del concejal. Los dos policías locales que había en el salón de plenos se limitaron a observar. Y, al ganar la calle, uno de los asistentes le dijo a un agente de la Ertzaintza apostado frente a la puerta del consistorio.

-Ahí dentro se están pegando.

El jefe del operativo terció con cara de circunstancias.

-Ah, ¿sí?, nadie nos ha dicho nada.

Dos días y medio después -el jueves por la mañana-, la policía vasca detuvo al agresor en su domicilio de Pasaia. La difusión de su nombre, Jon Ander Uribarrena Ochoa, trajo la confirmación de un presentimiento. Hay matones detrás de las pancartas de Batasuna que ya han matado en nombre de ETA. Un pasillo macabro. Uribarrena fue uno de los que asesinaron a la militante socialista Maite Torrano. Sólo cumplió 10 años de los 20 a los que fue condenado y, cuando regresó a la libertad, lo hizo sin vergüenza, sin arrepentimiento, con el mismo odio.

Pilar Elías, la concejal del PP en Azkoitia, se encontró al asesino de su marido regentado la cristalería de debajo de su casa. El jueves por la mañana la familia de Maite Torrano debió sentir la misma sensación amarga cuando se enteró de que Uribarrena seguía libre y con el odio intacto. Hace dos años justos, una tarde de junio, el reportero fue a la Casa del Pueblo de Portugalete para hablar con Jesús Ramos de aquella noche del 25 de abril de 1987. Unas botellas de fuego entraron por la ventana y mataron a su mujer y a otro compañero del partido. Hablaron de su recuerdo. "Yo te puedo decir que a mi mujer la veo todos los días, a todas horas, es como una luz que me guía". Aquella tarde de junio de hace dos años, en el mismo lugar donde 20 años antes había visto a su mujer arder y morir por culpa de ETA y su locura, Jesús Ramos despidió al periodista con un apretón de manos y un deseo, con un nudo en la garganta: "Yo ya no espero que me pidan perdón, nunca lo han hecho, pero ojalá Zapatero tenga suerte y acabe con tanto sufrimiento".

No hubo suerte. Y lo peor es que el caso de Uribarrena -o del cristalero de Azkoitia- no son los únicos. En Pasaia mismo hay más asesinos de ETA que, después de pasar una temporada en la cárcel, no muestran señales de arrepentimiento. Uno de ellos, trabajador en uno de los barcos atracados en el muelle, deja sus quehaceres cuando ve aparecer a un concejal socialista y a sus escoltas. Se pone de pie. Los mira desafiante. Y no les quita la vista de encima hasta que desaparecen. Los guardaespaldas ya saben quién es, porque apenas hay secretos en un país tan pequeño, y evitan responder a la provocación. Pero cuando se van, el concejal se queda en su casa que a la vez es su prisión. Desde su balcón puede ver al viejo terrorista disfrutar de una libertad que él no tiene.

Bixen Itxaso, el concejal socialista agredido, veterano luchador por las libertades, no quiere hablar de lo que pasó el lunes. Prefiere que los turistas catalanes se lleven de Pasaia el recuerdo de la travesía en motora. Y de una trainera surcando la bahía en una tarde de paz aparente.

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