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La Coctelera

reportajeselpais

Categoría: Relatos

8 Noviembre 2008

"Caramelos y un palo para tu culo"

La televisión israelí difunde un vídeo en el que soldados israelíes humillan a un adulto maniatado y vendado.

Le produjo náusea al ex comandante de la Brigada Golani del Ejército israelí después de observar el vídeo emitido anoche por el canal 10 de la televisión. "Uau. Es duro ver esto. Primero, estoy avergonzado. No entiendo por qué los soldados necesitan esto", se arrancaba el ex oficial. La escena transcurre en un control militar de Cisjordania. Un grupo de soldados observa a un palestino adulto detenido, maniatado, con los ojos vendados. Ríen mucho. Como si se tratara de un niño de escuela, uno de los uniformados obliga a repetir al civil arrodillado.

Soldado: -"¿Quieres un caramelo?".

Detenido: -"Caramelo".

Intercambian unas palabras y se escucha la carcajada desenfrenada de un uniformado.

Soldado: -"Di: Papá fue a trabajar".

Detenido: -"Trabajar".

S: -"No. Papá".

D: -"Papá".

S: -"Fue".

D: -"Fue".

S: -"A trabajar".

D: "A trabajar".

S: "Te traerá un regalo".

D: "Regalo".

El joven militar pide un aplauso a sus colegas.

S: "Y Golani".

D: "Y Golani".

S: "Te traerá un palo".

D: "Palo".

S: "Para tu culo".

D: "Para tu culo".

El palestino apenas puede contener el llanto. Los soldados no paran de reír.

Este abuso ha sido grabado. Como lo fue la orden del teniente coronel Omri Burberg para que uno de sus subordinados disparara una bala de caucho en la pierna a un palestino también maniatado y con ojos vendados. Sucedió en junio. Pero las humillaciones gratuitas son cotidianas en cualquiera de las docenas de puestos militares que salpican el territorio ocupado palestino, unos controles que no pueden eludir y en los que pasan horas cada día para entrar y salir de las ciudades y pueblos.

La media docena de soldados que se mofaban del palestino no mostraban tensión alguna. A juzgar por las carcajadas, se trató de un pasatiempo más. Un portavoz del Ejército aseguró que se estudiaría el caso y que se tomarían medidas. Es lo habitual. Lo que no es frecuente en que los militares reciban castigos acordes con la ofensa cometida. Si es que los reciben. Un uniformado que confesó haber disparado fuego real a un hombre en Hebrón -"me miró mal", aseguró- estudia libre en una yeshiva (escuela religiosa). Se han producido este año casos extremos. Como el del soldado que celebró su licenciamiento forzando a palestinos a montarse en un vehículo militar para luego arrojarlos en marcha a 80 kilómetros por hora. Uno de ellos falleció, otro resultó gravemente herido. El soldado fue condenado a seis años de prisión tras un acuerdo judicial, una opción de la que carecen los palestinos implicados en delitos graves. Casi 700 de ellos están encarcelados sin que se presenten cargos contra ellos. Algunos durante años. Es el Guantánamo israelí.

Acudir a los tribunales israelíes es casi una pérdida de tiempo. Las ONG de este país denunciaban recientemente que el 90% de las demandas presentadas son archivadas sin que se abra un procedimiento. La gran mayoría de los golpeados y vejados en los controles militares opta por tragarse el sapo.

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31 Agosto 2008

Una madre contra seis asesinos

Una pedagoga mexicana captura en solitario a los secuestradores de su hijo - Decenas de miles de personas se manifiestan contra la violencia.

La pesadilla de Isabel Miranda comenzó el 12 de julio de 2005, cuando su hijo, Hugo Wallace, de 30 años, no llegó a una cita familiar. Las llamadas al móvil no encontraban respuesta. Su casa estaba vacía y en orden. La noche anterior, Hugo le había dicho a una amiga que iba al cine con una "nueva novia". Allí acudieron a buscar pistas. El estacionamiento estaba vacío. Recorrieron infructuosamente hospitales y centros de emergencia. "Ahí ya me puse como loca", dice Isabel. Ciudad de México está a la cabeza de secuestros en el mundo y Hugo era un próspero empresario: la familia se temió lo peor.

Isabel Miranda

Isabel logró que la compañía telefónica le facilitara el listado de llamadas del móvil de su hijo. La última había entrado a las 21.20 del 11 de julio. Localizaron la antena y sobre un mapa se dividieron los barrios en un radio de seis kilómetros, la zona de cobertura. "Un sobrino encontró el vehículo de Hugo en la colonia Insurgentes. Estaba mal estacionado. Al verlo, me solté a llorar".

Un vigilante le dijo que "una mujer alta, bustona, guapa" había aparcado ahí. Vivía enfrente, en la calle Perugino, 6, apartamento 4. Tocaron el timbre cuando un niño salía del portal. "Ahorita no te van a querer abrir, porque hubo un problema, bajaron a un muchacho herido". Espantada, Isabel llamó a la policía. "En lugar de ayudar, no nos dejaron entrar en el edificio. Lo obstaculizaban todo, como si protegieran a alguien".

En ese momento la vida de esta pedagoga de 58 años cambió. Puso una denuncia por secuestro, dejó su trabajo y se zambulló en la búsqueda de su hijo, con la ayuda de hermanos, sobrinos y cuñados. Durante dos semanas vigilaron la casa, en turnos de 12 horas. "No sabíamos a quién buscábamos. Solicité en vano una orden de registro. Un día cambiaron la alfombra. Llamamos a la policía. Nunca llegó".

En ese tiempo hablaron con los vecinos, los recolectores de basura, la señora del puesto de quesadillas... Lograron saber que en ese lugar vivía una joven y su novio, un tipo mal encarado que alardeaba de su chapa de policía. Ella era bailarina del grupo Clímax, del Estado de Veracruz. Haciéndose pasar por secretaria de una empresa interesada en contratar al grupo, Isabel logró los datos y la foto de su objetivo, Hilda González. Y la localizó en la otra punta del país, en Jalisco.

Isabel ya no soltó a su presa, que regresó poco después a la capital. Para entonces, la familia Wallace había recibido una foto de Hugo, tirado en el suelo y con los ojos vendados. Los secuestradores exigían 950.000 pesos.

Isabel decide enviar fuera de México a su marido, un contable jubilado con problemas cardiacos, y a su otra hija. No quiere más preocupaciones. A partir de Hilda, tira del hilo y va armando el rompecabezas. Disfrazada con pelucas y almohadillas. Haciendo seguimientos. Comprando voluntades. "Aprendimos sobre la marcha, con creatividad", dice. Su hermano y un abogado amigo son sus escuderos. En las semanas siguientes han identificado al novio de Hilda: César Freyre, policía del Estado de Morelos.

En noviembre se interrumpe el contacto con los secuestradores. El 10 de enero de 2006, después de algunos intentos fallidos, la policía federal detiene por fin a Hilda. Freyre cae dos semanas después. La propia Isabel lo captura. "Mi hermano y yo nos apostamos cerca del restaurante de donde trabaja la amante. Una noche, al acabar la jornada, tomó un taxi. La seguimos hasta donde la esperaba César Freyre". Al verlos, Freyre saca una pistola, pero Isabel y su hermano se le tira encima y lo derriban. "Fue una inconsciencia. No nos mató porque Dios es grande".

La trama resultaría novelesca de no ser porque el cuerpo descuartizado de Hugo Wallace yace hoy en algún lugar de la ciudad. "Lo mataron en la misma noche del secuestro. Hilda confesó todo. Mi hijo se violentó y lo golpearon. Se les fue la mano". Lavaron el cuerpo y le hicieron fotos para pedir el rescate. Después lo cortaron con una sierra eléctrica y bajaron los pedazos en bolsas de basura.

Entonces sí, la policía registró el piso de la calle Perugino. En él encontraron el carné de conducir de Hugo y manchas de sangre que resultó ser del joven. "¡Siete meses después del secuestro! ¡Nosotros habíamos dado con la casa al día siguiente!" suspira.

Tan aterrador como el panorama que ofrecen las estadísticas de secuestros en México: 564 en 2005; 608 en 2006, 789 en 2007, más de 500 en lo que va de 2008. Eso son sólo los denunciados. En términos reales las cifras se triplican. México es hoy el primer país en secuestros, por encima de Irak. Un país donde hay 1.600 cuerpos policiales distintos y descoordinados, y diferentes legislaciones en los Estados. Donde el 98% de los crímenes quedan impunes. Y en el que han muerto este año 3.000 personas a manos del narcotráfico.

La rutina de violencia ofrece tales episodios de brutalidad que aún es capaz de horrorizar a la sociedad mexicana, como el hallazgo el jueves de 12 cuerpos decapitados en Yucatán. Las autoridades informaron ayer de la detención de tres sospechosos.

Con el hallazgo de las manchas de sangre de su hijo, el caso apenas comenzó para Isabel. Hilda da los nombres de los cómplices: Jacobo Tagle. Brenda Quevedo. Los hermanos Alberto y Tony Castillo Cruz.

Por esas fechas la capital mexicana se llena de anuncios gigantes con las caras de los miembros de la banda, bajo la leyenda de "secuestrador y asesino" y una recompensa a cambio de información. En el verano de 2006, los rostros de esos delincuentes flanquean los retratos sonrientes de los candidatos presidenciales, en plena campaña electoral.

Todos van cayendo. Uno a uno. A Brenda le siguió la pista hasta Estados Unidos. El FBI la detuvo en noviembre pasado en Kentucky. Ahora está a la espera de que la extraditen. Sólo falta Jacobo Tagle. "Debe estar en Israel. Su familia es de allá y no hay acuerdo de extradición".

"Nosotros hicimos todo el trabajo. Algunos funcionarios me han ayudado, es cierto. La Procuraduría [fiscalía] nos ha apoyado. Pero la policía no ha hecho nada", cuenta Isabel. Por el camino ha localizado a otras cuatro víctimas de Freyre, que se han unido al proceso. Ha descubierto el cadáver de un compinche de la banda, asesinado por sus cómplices. Y ha destapado las conexiones del grupo con agentes policiales de Morelos y la capital.

Isabel afronta una denuncia por intento de secuestro y otra por "ensuciar el buen nombre" de Freyre en anuncios espectaculares. Nada importante, comparado con el intento de atentado que sufrió hace apenas dos meses, cuando unos hombres dispararon contra su vehículo.

"No pararé hasta dar con los restos de Hugo. Y hasta ver a Jacobo Tagle entre rejas". Ahora ayuda a otras personas y da conferencias. Y ha impulsado con otras organizaciones la gran marcha, con decenas de miles de participantes, de ayer en la capital. "No es una marcha más. Es el inicio de los cambios que necesitamos. Lo que nos pasa no es solo problema de las autoridades. Tiene también que ver con nosotros como ciudadanos". Otras 70 ciudades del país y ocho del extranjero, entre ellas Madrid, también acogieron concentraciones.

Isabel se muestra escéptica ante el reciente Acuerdo por la Seguridad firmado por todos los poderes el Estado. "No me creo el discurso político. Dicen lo mismo desde hace ocho años. No habrá cambio sin nosotros".

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19 Mayo 2008

Hitler de cerca

Durante años, el NKVD soviético interrogó a dos personajes clave del entorno de Adolf Hitler, capturados tras la caída de Berlín: Otto Günsche, su ayudante personal, y Heinz Linge, su ayuda de cámara. El resultado -una minuciosa reconstrucción del entorno más privado del Führer- se pasó a Iósif Stalin. Ahora, ese texto secreto, 'El informe Hitler', editado por Henrik Eberle y Matthias Uhl, se publica en España por Tusquets.

Sanguinario, eufórico, megalómano.

Hitler, en el salón de la casa Wachenfeld, en el Berghof
Otoño de 1942. El coche del piloto de Himmler, el comandante de las SS Schnäbele, cayó en una emboscada tendida por la resistencia. En el coche viajaban Schnäbele, otro oficial de las SS y dos mujeres rusas, a las que querían llevar a su cuartel. El piloto de Himmler y el oficial de las SS murieron a manos de los partisanos (...).

Himmler informó a Hitler y éste ordenó masacrar a los habitantes de las aldeas vecinas al lugar de los hechos, todos inocentes. Una unidad de Himmler se encargó de llevar a cabo las ejecuciones de los civiles rusos. En el curso de éstas se desarrollaron escenas dramáticas. A las mujeres que pedían clemencia las golpeaban con las culatas de los rifles y luego las mataban de un balazo. A los niños que se aferraban a sus madres los separaron por la fuerza y los asesinaron delante de ellas. Los cadáveres de aquellos hombres, mujeres y niños fueron arrojados a fosas previamente excavadas. Los soldados de las SS de la guardia personal de Hitler se desplazaron expresamente desde Vinnitsa para presenciar esta orgía de venganza.

Al día siguiente de su llegada al cuartel general de Vinnitsa, Hitler recuperó su triunfalismo. A Linge le ordenó traer un juego de escritorio, un estuche de dibujo, un atlas, una lupa y un mapa de los recursos naturales de Rusia.

Estaba muy excitado. Señaló la ciudad de Rostov y se dirigió a Schmundt, su ayudante personal:

-En efecto, Schmundt, una vez que hayamos hecho nuestras estas tierras, ya no tendremos que preocuparnos más acerca del destino de la guerra.

El dedo de Hitler se desplazó hasta indicar el Cáucaso:

-Y de aquí nos llevaremos el petróleo que tanto necesitamos.

Con el mismo dedo dibujó un círculo alrededor de la ciudad de Astrakán, situada a orillas del mar Caspio:

-Aquí cortaré el nervio vital de Rusia, eso será el final -dijo Hitler recalcando de manera especial la palabra final (...).

Depresión por Stalingrado.

Febrero-verano de 1943. La aniquilación del 6º Ejército en Stalingrado tuvo sobre Hitler unos efectos terribles. Ya no podía subsistir sin las inyecciones estimulantes que le proporcionaba Morell, su médico personal, que se las inyectaba cada dos días después del desayuno. Ello le provocó espasmos estomacales de origen nervioso. Hitler tuvo que guardar cama durante varias jornadas a causa de los fuertes dolores que sufría. Linge, que le suministraba el opio recetado por Morell, tenía que presenciar cómo Hitler se retorcía de dolor.

Los ataques de irritación nerviosa se hicieron más frecuentes. Hitler a veces creía que el cuello de su camisa era demasiado estrecho y que le obstaculizaba la circulación de la sangre. Otras veces pensaba que los pantalones le iban demasiado largos. Se quejaba de picores. En todas partes (en el agua del excusado, en el jabón, en la crema de afeitar o en el dentífrico) sospechaba la presencia de veneno y ordenaba hacer análisis detallados. También había que examinar el agua con la que se cocinaban sus alimentos. Hitler se mordía las uñas y se rascaba las orejas y la nuca hasta hacerse sangre.

Para remediar su insomnio tomaba toda clase de somníferos. Le calentaban la cama con mantas y almohadillas eléctricas. A Hitler le costaba respirar. Por esta razón exigió instalar en su dormitorio una bombona de oxígeno, de la que inhalaba con frecuencia.

También ordenó mantener la temperatura de sus habitaciones a doce grados. Creía que las temperaturas bajas tenían sobre él un efecto refrescante. Los asistentes a las conferencias informativas solían abandonar la habitación a causa del frío e iban a calentarse a otros lugares del búnker.

Hitler ya casi no abandonó su refugio. Sólo por las mañanas, antes de tomar el desayuno, sacaba a pasear durante diez minutos a Blondi, su perra pastor alemán, que no se apartaba nunca de su lado. El animal, enorme y adiestrado, sólo le obedecía a él, mientras que gruñía a todos los demás. Blondi vigilaba a Hitler día y noche, e incluso en las reuniones permanecía tumbada a sus pies.

Tras el almuerzo del mediodía, Hitler se estiraba vestido en la cama y permanecía allí hasta la llegada de la noche. Entonces acudía a la sesión informativa nocturna que se celebraba diariamente a las nueve de la noche. Después de la sesión solía quedarse otro rato en la estancia jugando con Blondi y una pelota. Le divertía que el animal se sentara sobre sus patas traseras y, como un conejo, devolviera la pelota con las patas delanteras estiradas. Hitler le ordenaba:

-¡Venga, Blondi, haz el conejo!

A medianoche, Hitler pedía a Linge que le pusiera discos con música relajante, como ya había hecho en su cuartel generalcuando comenzó a distanciarse de sus generales.

Göring no tenía escrúpulos para aprovecharse del estado de ánimo de Hitler en beneficio propio. Con esta táctica quería lograr un lugar destacado entre los que rodeaban al Führer. Éste, por su parte, que detestaba a los generales, buscó la cercanía de Göring.

A la hora del desayuno, Hitler comentó a Linge:

-Hoy voy a almorzar con el mariscal del Reich. Habría que cocinar algo especial para él. Por ejemplo, su plato favorito, pollo asado, y de postre, bizcocho de manzana. (...)

Al servicio de las damas.

Eva Braun acostumbraba ver junto a sus amigas películas en color americanas en la bolera. Cuando retornaban al salón, junto a la gran sala en la que se hallaba Hitler, llamaban su atención con sus risas y conversaciones en voz alta. Con ello querían darle a entender que "ya estaba bien de guerras", que ya era hora de que les dedicara su atención. Junto a ellas llegaban también Negus y Stasi, los cachorros de Eva Braun, y se revolcaban por el suelo.

Hitler se presentaba ante las damas. Su faz tenebrosa se aclaraba por momentos. En la vecina gran sala, los ordenanzas encendían el fuego de la chimenea. El dictador, Eva Braun, la hermana de ésta, Gretl, la dama de compañía de Eva, la señorita Kastrup, las amigas de Eva, Morell, Hoffmann, Dietrich, Brandt, Bormann, los ayudantes y las secretarias volvían a reunirse allí. Hitler se sentaba junto a la chimenea, al lado de Eva Braun. Las mujeres formaban grupos, sentadas o recostadas en los sofás y los pesados sillones de felpa que formaban un semicírculo en torno al fuego.

De esta manera discurrían lo que se conocía como las tardes del té. Los ordenanzas servían champán, licor, té, café y un refrigerio. Eva Braun estaba sentada con las piernas encogidas y tocada con una gorra de piel. En presencia de Hitler guardaba silencio y prefería escuchar mientras sus amigas charlaban sobre la película que acababan de ver. Hitler pidió a Günsche que le alcanzara el catálogo de los discos.

En el gran armario de la pared había miles de discos. En el Obersalzberg, Hitler prefería música ligera. Siempre escuchaba las mismas operetas de Lehár y Suppé. La conclusión de la velada era invariablemente la obertura de La viuda alegre. Hitler podía escuchar discos hasta las dos o las dos y media de la madrugada. Sólo entonces se retiraba a sus habitaciones privadas. Eva Braun, por lo general, se acostaba más temprano.

Bormann se tornaba irreconocible cuando Hitler abandonaba la estancia. En su presencia, Bormann aparentaba estar sobrecargado de trabajo. Pero en cuanto Hitler se retiraba, el otro se quitaba la máscara y se llevaba a todo el grupo a celebrar un festín en su mansión. (...)

La mujer le ha dado 11 hijos a Bormann y le es servilmente sumisa. Él la ha obligado a aceptar el hecho de convivir con la amante de su esposo bajo el mismo techo. (...)

En cama tras el atentado de julio.

Agosto de 1944. A comienzos de agosto de 1944, el estado de salud de Hitler empeoró. Los mareos se agravaron. Se le recomendó guardar cama durante dos semanas. (...)

Hitler recibía los partes de guerra postrado en su lecho. Pasaba las tardes en compañía de sus secretarias, que se reunían en torno a la cama del enfermo. En aquellos días se desató una lucha por el poder entre los facultativos del Führer. Brandt y Hasselbach, los médicos y cirujanos que lo estaban tratando, rechazaban los métodos empleados por Morell. Le reprochaban haber saturado de estricnina el organismo de Hitler, lo que, en su opinión, había propiciado el creciente deterioro del paciente.

El doctor Giesing, otorrinolaringólogo de Gizyckp que había tratado los tímpanos de Hitler a raíz de la explosión, se puso abiertamente del lado de Brandt y Hasselbach. La disputa llegó a oídos de Hitler. Morell, evidentemente, se impuso, porque con sus estimulantes y sus sedantes se había hecho imprescindible para el Führer. Hitler despidió a Giesing. Brandt y Hasselbach fueron sustituidos. En su lugar, Himmler le envió a su propio médico personal, el teniente coronel de las SS Stumpfegger.

Hitler, por entonces, necesitaba con urgencia un tratamiento dental. Su dentista, Hugo Blaschke, que lo había visitado durante años, fue requerido en el cuartel general. Blaschke tenía una consulta privada en la Kurfürstendamm de Berlín y militaba en el Partido Nacionalsocialista. Antes de 1939, Hitler lo había convertido en catedrático. Durante la guerra había sido ascendido a general de brigada de las SS. De manera regular acudió a la cancillería del Reich, al palacete del Berghof [en los Alpes alemanes] y a la Guarida del Lobo [base militar del Este, en Rastenburg, Prusia del Este, actualmente Polonia] para ocuparse de las dentaduras de Hitler, Eva Braun y los colaboradores del estado mayor personal. El oro que Blaschke usaba para los empastes lo obtenía de las existencias de la dirección nacional de las SS. La Gestapo lo había extraído de los prisioneros. Ese mismo organismo, además, recibía coronas y dientes de oro y puentes extraídos a los prisioneros de guerra rusos en los campos de concentración. Esta práctica había comenzado en 1944, siguiendo una instrucción secreta de Himmler, que cumplía de esta manera con una petición urgente de Hitler.

A mediados de agosto, después de dos semanas de guardar cama, los médicos habían logrado recuperar a Hitler hasta el punto de que éste estaba en condiciones de participar otra vez en las conferencias diarias. Sin embargo, todavía estaba muy pálido y le costaba esfuerzo mantenerse de pie. Bajo los ojos se le dibujaban sombras oscuras. La mano izquierda le temblaba con fuerza. Aún llevaba vendado el brazo contusionado a raíz de la explosión. Además caminaba más encorvado que nunca. (...)

'Blondi' se aparea.

Hitler había invitado a la señora Trost al Berghof porque quería aparear a su perra Blondi con el perro de ella. El apareamiento se produjo mientras Hitler estaba en la reunión informativa en la que Guderian había informado sobre la situación en el frente oriental y donde se había deliberado acerca de la evacuación de las mujeres y de los niños de Prusia oriental.

Cuando la reunión llegó a su término, Hitler, acompañado de Linge, volvió al búnker y le preguntó a éste si se había producido el apareamiento.

-Sí, mi Führer, se ha cumplido con el acto de Estado -respondió Linge con buen humor.

-¿Qué tal se ha portado Blondi?

-Ambos se han comportado como novatos.

-¿Qué quiere decir con eso?

-Los dos han acabado por los suelos.

Hitler se echó a reír. El apareamiento de Blondi con el perro de la señora Troost fue todo un acontecimiento en el estado mayor de Hitler. Blondi era para Hitler algo especial. Nadie se atrevía a tocarla. Nadie estaba autorizado a darle de comer. Blondi sólo comía en compañía de Hitler. Cuando en 1943 el animal contrajo una enfermedad contagiosa, fue llevada a la clínica veterinaria privada del doctor Dopfer en Múnich, Rottmannstrasse, 1. Hitler hizo enviar a la clínica huevos, carne y manteca para la perra.

De Múnich llegaba cada mañana por vía telefónica un boletín médico con el estado de salud del animal, que Linge tenía que leer a Hitler en primer lugar. El Führer se mostraba muy preocupado cuando el boletín no era muy halagüeño. Le resultaba más fácil confirmar una sentencia de muerte para un oficial del frente condenado por derrotista que recibir malas noticias sobre el estado de salud de su Blondi.

La hora final.

30 de abril de 1945. Los ojos de Hitler, que antaño habían despedido fuego, estaban ahora apagados. Su cara tenía un color terroso. Bajo los ojos tenía oscuras ojeras. El temblor de su mano izquierda parecía haberse extendido a la cabeza y a todo el cuerpo. Las palabras salían casi sin voz de su boca:

-He ordenado que se me queme después de mi muerte. Encárguense ustedes de que mis instrucciones se cumplan con exactitud. No quiero que mi cadáver sea llevado a Moscú y exhibido en un gabinete de curiosidades.

Con gran esfuerzo, intentó algo parecido a un gesto de despedida y dio media vuelta. Baur y Rattenhuber lanzaron un grito. Rattenhuber quiso agarrar la mano de Hitler, pero éste lo esquivó y desapareció detrás de la puerta de su despacho.

Con gestos mecánicos, pero a toda prisa, Günsche se dedicó a la tarea de ejecutar la orden impartida por Hitler y Bormann en cuanto a la quema de los cadáveres de Hitler y Eva Braun. Llamó por teléfono al chófer de Hitler, Kempka. Éste estaba instalado en el búnker situado al lado de la cochera de la cancillería del Reich, junto a la Hermann-Göring-Strasse. Günsche le ordenó a Kempka que trajera de inmediato diez bidones con gasolina al búnker del Führer y que los dejara preparados junto a la salida de emergencia que daba a los jardines. (...)

Eva Braun dejó pasar dos o tres minutos antes de abandonar la habitación de Goebbels. Con paso lento se dirigió al despacho de Hitler. Pocos minutos más tarde salió Goebbels y se dirigió al salón de reuniones, donde entretanto se habían reunido Bormann, Krebs, Burgdorf, Naumann, Rattenhuber y Axmann.

Sólo habían transcurrido unos cuantos minutos cuando Linge volvió a presentarse en el refugio de Hitler. Delante de la puerta acorazada abierta que daba a la antesala del salón de reuniones estaban de pie Günsche y el teniente de las SS de servicio, Frick. Faltaban unos pocos minutos para que dieran las cuatro de la tarde. Cuando Linge pasó por delante de Günsche comentó:

-Creo que ahora ya ha acabado todo -y entró apresuradamente en el vestíbulo.

Una vez en el interior pudo oler un tufo de pólvora, como suele haber cuando se efectúa un disparo. Linge volvió a dirigirse a la antesala del salón de reuniones, donde se encontró inesperadamente con Bormann. Éste, con la cabeza gacha, estaba de pie junto a la puerta que daba a la estancia y se apoyaba con el brazo en la mesa. Linge informó a Bormann de que en el vestíbulo de Hitler olía a pólvora. Bormann se incorporó y, junto a Linge, acudió deprisa al despacho de Hitler. Linge empujó la puerta y entró junto a Bormann. A los dos se les ofreció el panorama siguiente: a la izquierda del sofá aparecía Hitler, sentado. Muerto. A su lado se veía, también muerta, a Eva Braun. En la sien derecha de Hitler se podía observar una herida del tamaño de una pequeña moneda, y sobre su mejilla corrían dos hilos de sangre. En la alfombra, junto al sofá, se había formado un charco del tamaño de un plato. La pared y el sofá también estaban salpicados con chorros de sangre. La mano derecha de Hitler descansaba sobre la rodilla, con la palma mirando hacia arriba. La mano izquierda colgaba inerte. Junto al pie derecho de Hitler había una pistola del tipo Walther, calibre 7,65 mm. Al lado del pie izquierdo, otra del mismo modelo, pero del calibre 6,35 mm. Hitler vestía su uniforme militar gris y llevaba puestas la insignia de oro del partido, la Cruz de Hierro de primera clase y la insignia de los heridos de la Primera Guerra Mundial (condecoraciones que había llevado habitualmente en los últimos días). Además llevaba puesta una camisa blanca con una corbata negra, un pantalón de color negro, calcetines y zapatos negros de cuero.

Eva Braun estaba sentada en el sofá con las piernas encogidas. Sus zapatos claros con tacones altos estaban en el suelo. Sus labios estaban apretados. Se había envenenado con cianuro.

Bormann salió a la antesala para llamar a los soldados de las SS que debían llevar los dos cuerpos sin vida al jardín. Linge trajo de la antesala las mantas que allí había dispuesto para envolver a Hitler. Una de éstas la extendió en el suelo del despacho. Con la ayuda de Bormann, que ya había vuelto, Linge colocó el cuerpo aún caliente de Hitler en el suelo y lo envolvió con la manta.

Günsche corrió a la sala de juntas. Abrió la puerta de manera tan abrupta que hizo estremecerse a Goebbels, Krebs, Burgdorf, Axmann, Naumann y Rattenhuber, que se hallaban de pie alrededor de la mesa. Günsche exclamó:

-¡El Führer ha muerto!

Todos se abalanzaron hacia la antesala.

Linge salía del despacho en ese preciso momento, cargando el cadáver de Hitler. Le seguían los soldados de las SS Lindloff y Reisser. Por debajo de la manta asomaban los pies de Hitler con sus calcetines negros y sus zapatos. El cadáver fue trasladado, pasando por la antesala del salón de reuniones, hacia la salida de emergencia y los jardines. Goebbels, Burgdorf, Krebs, Axmann, Naumann, Günsche y Rattenhuber, que aún continuaban de pie en la antesala, levantaron el brazo para el saludo.

A continuación salieron del despacho de Hitler Bormann y, detrás de él, Kempka, llevando en sus brazos el cuerpo de Eva Braun. Goebbels, Axmann, Naumann, Rattenhuber, Krebs y Burgdorf siguieron el cadáver de Hitler hacia la salida de emergencia. Günsche se acercó a Kempka, recogió el cadáver de Eva Braun, que seguía sin haber sido envuelto en ninguna manta, y lo llevó hacia la salida de emergencia. Eva Braun desprendía un penetrante olor a cianuro. -

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14 Mayo 2008

"Todos conocen a un gay. Debemos de ser una plaga"

Grande-Marlaska da una conferencia sobre homosexualidad en un instituto.

"Los alumnos gays, lesbianas, homosexuales y transexuales existen. Están aquí y ahora, gritando en silencio respeto y reclamando respuestas a sus preguntas". Ayer, sentado frente a unos 70 adolescentes y detrás de una bandera arcoiris, Fernando Grande-Marlaska habló sobre la diversidad sexual en una conferencia a alumnos de Bachillerato del instituto Duque de Rivas en el municipio madrileño de Rivas-Vaciamadrid. Marlaska es juez de la Audiencia Nacional, y uno de los pocos personajes públicos que ha reconocido su homosexualidad en España. Se refirió a las leyes, pero también a su experiencia personal.

El juez Grande-Marlaska

"Yo tuve clara mi orientación sexual desde muy joven, pero perdí 25 años de mi vida afectiva por la ley del silencio. Hasta los 35 años no lo llegué a reconocer ante todo el mundo. La última fue mi madre con la que perdí cinco años de relación porque no aceptaba a mi pareja. Fue en los años setenta y ochenta cuando aún existía la ley de peligrosidad y rehabilitación social". Esa ley consideraba a los homosexuales delincuentes y con ella muchos acabaron en reformatorios o en la cárcel.

Como la historia es reciente, invitó a los presentes a "no congraciarse y mantenerse alerta". "Hasta la ley del matrimonio homosexual, sufríamos una discriminación absoluta. Si, en una pareja de hecho, uno se ponía enfermo, el otro no podía pedir una baja para cuidarle porque, legalmente, no era nada suyo. Tampoco podíamos firmar la autorización para una operación aunque viviésemos juntos desde hace años. Ahora ni el más recalcitrante dice que los homosexuales somos ciudadanos de segunda. Por lo menos no de palabra. Otra cosa es la práctica".

Para Grande-Marlaska, la realidad social sigue estando por detrás de la realidad legal. "La prueba es que ahora todos conocen a un gay, debemos ser una plaga. Pero me pregunto por qué siempre es un amigo, pero nunca un hermano o un primo". Puso como ejemplo las mismas instituciones del Estado. "Todavía hoy hay pocos referentes públicos que son capaces de admitir su orientación sexual y apelan a la intimidad para no desvelarla". Durante toda la charla los alumnos fijaron la mirada en el juez, con un silencio curioso y atento. Sin duda con gran interés. Pero cuando el discurso terminó sólo hubo tres preguntas, dos de ellas de los pocos asistentes adultos al debate. Quizá fue la ley del silencio, quizá sólo la adolescencia o tal vez que la homosexualidad, aunque haya conquistado la legalidad, aún no se trata con naturalidad en el día a día.

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11 Mayo 2008

El hombre que discute con el diablo

José Antonio Fortea, uno de los cinco exorcistas de la Iglesia católica en España, publica una 'Summa Daemoniaca' con secretos de un oficio que los obispos mantienen oculto.

"Si a las tres horas no sale, hay que dejarlo para otro día". Se refiere a los demonios. El padre José Antonio Fortea habla del diablo y los demás demonios con familiaridad pasmosa. Siempre en serio, con la razón por delante, sobrado de experiencias. Los no creyentes tienen al principio la tentación de mofarse, y los creyentes no dan crédito. La razón y la fe, oyéndole, se comportan como los dos platillos de una balanza: a medida que una sube, baja la otra.

El exorcista José Antonio Fortea sostiene en sus manos una figura del Niño Jesús, de estilo gótico
El exorcista José Antonio Fortea sostiene en sus manos una figura del Niño Jesús, de estilo gótico.
Hay testigos de cómo el padre Fortea discute con el diablo, incluso grabaciones en vídeo. Algunos lo cuentan con espanto, negándose a creer; otros, con la fe del carbonero. Quien acudió para encontrar el secreto del truco ha renunciado a buscar explicaciones. Ni cree, ni deja de creer. Sencillamente, no sale del asombro.

En España actúan cinco exorcistas. Los obispos guardan en secreto los nombramientos. En cambio, el padre Fortea es público y notorio (en la web www.fortea.ws expone una galería de libros, fotografías y opiniones, con gran vistosidad). Y sabe dónde están los otros exorcistas, a los que remite los casos que les corresponden.

Que el oficio del exorcista católico intenta ser riguroso lo certifica el Vaticano, que organiza cursos para preparar a sacerdotes "a expulsar espíritus malignos de aquellos poseídos por el demonio". Las clases duran dos meses y se desarrollan en el prestigioso Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Las lecciones son sobre la antropología del satanismo y la posesión diabólica, y sobre el contexto histórico y bíblico. La noticia del último seminario la distribuyó la BBC londinense.

El padre Fortea viste sotana con duro alzacuello blanco, estudió teología en la Universidad de Navarra y es párroco de Anchuelo, un pueblo de 700 habitantes a las afueras de Alcalá de Henares. Su obispo le envió allí para que tuviera más tiempo para escribir libros y dar conferencias. El prelado auxiliar de Madrid y portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, dirigió su tesis en la Facultad de Teología de la Pontificia de Comillas. Se titula El exorcismo en la época actual. El sabio teólogo de Aquino, santo Tomás, escribió la Summa Theologica. El padre Fortea publica ahora su Summa Daemoniaca, un tratado completo de demonología que edita La Esfera de los Libros. Entre sus otros libros hay uno que se titula Exorcística, un manual de uso imprescindible para sus colegas.

El aspecto de Fortea es el de un cura del Opus. Tímido en apariencia, la voz callada, pero firme en los principios, casi retador, habla con la rotundidad de los convencidos, incluso sobre las reticencias de sus superiores a que salga tanto en los medios de comunicación. Nació en la misma ciudad que san Josemaría Escrivá, Barbastro (Huesca), en 1968. Pero no. "No soy del Opus Dei, nunca lo he sido. Fui a Navarra porque su Facultad de Teología es una de las mejores del mundo, y en su seminario había una gran vida espiritual. Sabía que siempre me considerarían del Opus Dei por haber ido, pero no me importaba. Lo importante era formarme bien", afirma.

Hay una sesión de exorcismo, concreta, precisa, reiterada, con nombres y apellidos que le tiene sumido en angustias e interminables oraciones. Lo relata de palabra, y está recogida en el libro que publica ahora. Se trata de Marta, un caso de posesión demoniaca, según el diagnóstico del exorcista.

Marta era universitaria. "Cuando aparecieron los primeros signos de posesión: trances, convulsiones, conocimiento de lenguas por ella desconocidas, aversión a lo sagrado, etcétera. En tres ocasiones llegó a levitar. Ni su madre ni yo albergamos la menor duda acerca del carácter sobrenatural de lo que padecía", dice Fortea.

El escritor Lorenzo Silva, que ha visto a Fortea "luchar contra el Enemigo", resume: "La escena es potente. Un poseso agitándose y gritando todo tipo de blasfemias con voz horrenda, y el exorcista, tranquilo, rezando sus latines y conminando al demonio a que diga cómo entró y a salir del infortunado. Sólo es eso, oración, durante horas. No más de tres por sesión. Si a las tres no sale, hay que dejarlo para otro día".

Han pasado cinco años, y Marta sigue poseída. "Cinco años de oraciones, a razón de más de tres horas semanales como media, es algo que acaba con la paciencia de cualquiera", reconoce el padre Fortea. Confía en vencer al demonio, y que Marta volverá a ser como fue. Ha liberado antes a otros posesos, cuatro al menos. A otras muchas personas que parecen estarlo las remitió al psiquiatra o a la Seguridad Social. Pero nunca le falta trabajo. "Sí, siempre hay casos. El último fue la semana pasada. Pero no significa que cada semana haya casos nuevos. Hay tres o cuatro nuevos por año. Y algunos requieren oración durante meses", dijo el jueves pasado.

"En las sesiones salen muchos demonios", según Fortea. Es que hay demonios y demonios. Satán es el más poderoso -el Nuevo Testamento lo llama Diablo- , pero también Belcebú, Lucifer, Lilith... "Cada demonio pecó con una intensidad determinada, eso se ve en los exorcismos con claridad. Hay unos demonios que pecan más de ira; otros, de egolatría; otros, de desesperación. Los hay locuaces, los hay más despectivos; en uno brilla de un modo especial la soberbia, en otro el pecado del odio. Aunque todos se apartaron de Dios, unos son más malos que otros".

Pese a sus relaciones con los demonios, Fortea coincide con el Papa en que el infierno, como lugar concreto, no existe. No es que comparta la afirmación de Schopenhauer -"el infierno es el mundo"- ni la de Sartre -"el infierno son los otros"-, pero casi. "Qué son los campos de concentración sino el infierno. Grandes demonios Hitler y el doctor Mengele, por ejemplo. El infierno es vivir la ausencia de Dios. Pero Dios tiene que ser justo. No puede no pasar nada. El infierno es una necesidad de justicia", dice. Sobre otros asuntos puede salirse por la tangente. Al fin y al cabo, "también a Dios, a veces, le gusta no ser serio; en ocasiones, tiene un sentido del humor increíble".

Un día en la vida de Juan Antonio Fortea recuerda la rígida división horaria de El nombre de la rosa, de Umberto Eco, una de sus novelas preferidas. Solitario y austero, en una habitación oscura, rodeado de libros, muchos libros, el joven exorcista de Alcalá de Henares comienza el día con el rezo de Laudes, desayuna, escribe hasta las doce -"libros de teología o novela"-, reza, acude a la parroquia (mañana y tarde) para atender a las personas que ese día le han ido a ver, vuelve a rezar, almuerza en casa mientras ve reportajes del Canal Historia, juega una partida de ajedrez, reza de nuevo, escucha música clásica o de bandas sonoras, cena viendo más reportajes o una película -"las veo a trozos, sólo media hora, en cada cena"-, y antes de acostarse reza otra vez, lee la Biblia y hace examen de conciencia. "Para envidia de insomnes, me duermo en tres minutos. Y recuerdo lo que he soñado cada noche con toda claridad".

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24 Abril 2008

"No he resucitado, he regresado"

ENTREVISTA: JOSÉ SARAMAGO

El premio Nobel cuenta sus sensaciones después de la enfermedad que le puso al borde de la muerte y habla de su contradictoria relación con Portugal ahora que Lisboa acoge una exposición sobre su persona.

Pocos de los que entonces, en diciembre último, le pudieron ver hospitalizado en Lanzarote hubieran pensado que el hombre que anoche asistía a la inauguración de una exposición sobre su vida era el mismo. En aquel momento, José Saramago, 85 años, premio Nobel de Literatura, se despedía de la vida; su mujer, Pilar del Río, su compañera desde 1986, la que le llevó a vivir a Lanzarote, se juramentó: "Ganaremos, ganaremos la primavera". Y en primavera, saludable ya aquel hombre entonces final, vuelve a Lisboa como si hubiera protagonizado una resurrección. No fue una resurrección, dice él, "más bien fue un regreso". Ayer, en la inauguración de la muestra (ya exhibida en Lanzarote) en el Palacio de Ajuda de Lisboa, a la que asistió el primer ministro portugués José Sócrates y el ministro de Cultura español, que llevó una carta de Zapatero al escritor, Saramago subrayó el emblema de su vida, que es una frase de Pessoa: "Para ser grande hay que ser entero". Antes, en su casa tranquila y chiquita de la capital portuguesa, contó la experiencia a la que ha sobrevivido.

Pregunta. ¿Cómo se siente?

Respuesta. En términos relativos, y teniendo en cuenta lo que he sufrido en los últimos meses, extraordinariamente bien. Hay un término de comparación: me veo ahora y recuerdo cómo estaba antes, incluso encuentro una cierta dificultad en comparar estas dos personas, la que yo he sido y ésta que está aquí y ahora. La diferencia es de tal magnitud que llego a pensar que todo aquello fue un sueño. Más bien una pesadilla. Estoy muy bien. Sigo con mi recuperación y estoy trabajando, estoy escribiendo.

P. Creímos que no lo iba a contar.

R. No llegué a pensar eso; pensé que estaba realmente malo, en un estado deplorable, pero tenía mucha confianza en mis médicos, en los que me cuidaron. Pero, en fin, en mis horas de soledad, que en el fondo eran casi todas, aunque Pilar siempre estaba a mi lado, admití como algo bastante natural que no saliera de aquello. O, peor, que saliera para irme al otro lado... Ahora bien, lo que para mí ha sido sorprendente ha sido la serenidad, la tranquilidad con que acepté sin miedo y sin angustias la hipótesis de no sobrevivir a la enfermedad. Y esa serenidad y esa tranquilidad no es que me haya reconciliado con la idea de la muerte, porque uno no ha de reconciliarse con la idea de la muerte, pero me ha ayudado a contemplar ese hecho como algo natural. Y además, ineluctable, no podía hacer nada contra ella. Puedes armarte de la fuerza que encuentras en ti para no ceder al pánico, al miedo, a la angustia de un posible final, y que además lo estés viviendo... Todo eso lo he vivido, pero como estoy bien ahora, no lo recuerdo como una situación que he pasado sino como una pesadilla. Y lo único que tenía que hacer era despertar de esa pesadilla. Me desperté.

P. ¿Qué vio al despertar?

R. No era como estar en la pesadilla de la que despiertas y luego recuerdas. Durante todo ese tiempo yo no era uno sino dos. Uno, que padecía una enfermedad, y otro que asistía a todo lo que le sucedía a ese enfermo. Yo estaba a la vez viviendo una pesadilla y asistiendo a ella.

P. Eso habrá creado una emoción muy fuerte dentro.

R. No lo sé. Yo me sentí en un estado de casi anestesia total. Es decir, lo vivía no con indiferencia, en absoluto, al contrario, pero podría incluso decirte que lo he vivido sin emociones. No recuerdo haber cedido al peso de cualquier sentimiento, de miedo, o de pena. No. Yo me examinaba a mí mismo con una frialdad casi científica. Desarrollé, eso sí, un sentido del humor muy activo, en las conversaciones con los médicos y con las enfermeras. Nunca he sido chistoso, pero ahí me mostré chistoso, hice bromas sobre lo que iba ocurriendo, desmitifiqué el drama. ¡Y yo nunca cuento chistes! Creo que eso me ha protegido de un sentimentalismo fácil, un poco llorón; nunca he sentido ese riesgo, pero en esta ocasión no lo padecí en absoluto. Jamás.

P. ¿Se siente rabia?

R. ¿Rabia por qué?

P. Por estar perdiendo la vida.

R. Pero la rabia es inútil si no se tiene un blanco. ¿Qué rabia sería? ¿Contra mí mismo? ¿Contra un poder superior que hubiera decidido que mi vida se acabara allí? Y aunque ese poder superior existiera, ¿cómo le llegarían los efectos de mi rabia? No, ninguna rabia. Morir, acabar, y sentir rabia, ¿para qué? ¿Quién se cree esa persona para sentir rabia? ¿Creía que tenía derecho a seguir viviendo? Yo creo que sí. Lo admito. Pero lo que me impresiona es la inutilidad de la rabia en circunstancias como ésas.

P. ¿Resignación tampoco?

R. No es resignación, es sencillamente una aceptación. Son dos movimientos distintos. Lo aceptas porque no tienes otra salida. La resignación es aceptación pero a la vez es renuncia. Y puede no haber renuncia en la aceptación.

P. Ahora esto es como una resurrección.

R. En cierta forma. Porque uno es testigo del despertar de un cuerpo dormido y ese cuerpo es tuyo. Los médicos están haciendo su trabajo, y el tuyo es el de ayudar a tu cuerpo, en ese proceso que se puede llamar de resurrección. Pero a mí me gusta más llamarlo proceso de regreso, es menos dramático y más claro. Estás regresando a ti mismo.

Me quedé reducido a alguien que estaba allí y no tenía ánimo, fuerza ni ganas para la escritura. La única parte del cuerpo que no ha sufrido esa pérdida de tono creo que ha sido el cerebro, que demostró una actividad extraordinaria, que no puedo explicar. Nunca caí en esa soñolencia..., siempre estuve muy despierto, con capacidad de observación y de comentario. ¡Hasta de chistes!

P. Eso le salvaría.

R. Quizá sí... Y el estado excelente de mi corazón. Cuando el cuerpo parecía inclinado a renunciar, el corazón siguió peleando y ha ganado la batalla.

P. ¿Y la novela?

R. Era algo que podía terminar o no. O consigues salir y regresas a casa, o lo que estabas haciendo se queda inacabado. El viaje del elefante. Va marchando.

P. Muchos temimos que esta exposición que ahora se inaugura en Lisboa sería una exposición póstuma. ¿Cómo se siente en su propio pueblo asistiendo a ella?

P. Muy contento, muy feliz. No es que este viaje sea una especie de reconciliación con mi pueblo, no he estado nunca de espaldas al país donde nací. Siempre he vuelto; después de la enfermedad y de todo eso se dice que hay un reencuentro... Para un reencuentro se necesitan por lo menos dos, la patria y la persona, pero la patria es una abstracción, no se me presentó, ni ahora ni nunca, vestida no me imagino cómo, diciendo "yo soy la patria", pero uno pertenece a un lugar, a una historia, a un idioma, y yo creo que eso es la patria. Yo soy muy crítico con la situación social y política en Portugal, pienso que el ánimo de la gente está decaído, parece haber renunciado al futuro... Estamos muy aborregados, pero este es mi país, y punto. No es el más hermoso ni el más inteligente ni el más inventivo, pero es mi país. Hace años, me preguntaron por las relaciones con mi tierra. Y yo contesté: Me gusta lo que este país ha hecho de mí. Porque tú puedes protestar contra esto y aquello, pero lo que no puedes negar es que lo bueno y lo malo es lo que te ha hecho a ti, y luego decides si te gusta o no. Pero si te gusta confiésalo. En el fondo, la cosa es muy sencilla: yo puedo criticar a Portugal, pero hay una pregunta: ¿Y quién sería si no hubiera nacido en este lugar del mundo?

P. ¿Y la respuesta es...?

R. ¿Sería más inteligente, habría escrito una obra más importante, sería reconocido por la gente en la calle, pondrían mi nombre a calles o a institutos? No lo sé. Se es lo que se es y punto.

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18 Abril 2008

La verdad de 'Las Marías'

Un documental desvela la historia de dos conocidas hermanas de Santiago

Salían cada día a pasear por las mismas calles de Santiago, siempre a las dos en punto, arregladas con una ropa y un maquillaje tan colorido como extravagante. Todavía hay mucha gente en la ciudad que recuerda a las inseparables hermanas Coralia y Maruxa, más conocidas como Las Marías, dos emblemáticos personajes de Compostela a los que las nuevas generaciones sólo conocen por la estatua que les rinde homenaje en la entrada del parque de la Alameda.

Pero bajo esa fama de locura que les precede hasta hoy, escondían un drama personal que no todos conocen, con la Guerra Civil como telón de fondo. Así lo recoge el documental Coralia e Maruxa, as irmás Fandiño, de Xosé Rivadulla Corcón, para cuya elaboración ha contado con testimonios de personas como Encarna Otero, Xosé Luis Bernal o Dionisio Pereira.

Coralia y Maruxa Fandiño, <em>Las Marías</em>

Nacieron en una familia obrera de 11 hermanos, tres de ellos destacados miembros de la CNT. El documental relata cómo tras el estallido de la Guerra Civil, asesinan a uno de ellos mientras que los otros dos consiguen huir. La pesadilla para las hermanas comenzó cuando los falangistas trataron de utilizar a la familia para averiguar su paradero. A horas intempestivas de la noche, llegaban a la casa de los Fandiño, registraban y desbarataban la vivienda, desnudaban en la vía pública a las hermanas para humillarlas y las subían al monte Pedroso de Santiago. "No está demostrado, pero hay gente que afirma que las llegaron a torturar e incluso a violar", explica Rivadulla.

Con poco más 20 años y sin haberse metido con nadie, la vida de Las Marías se convierte en un mal sueño que se prolongará desde el inicio de la guerra hasta mediados de los años 40. Rivadulla señala que esos malos tratos continuados fueron la causa de la locura que ambas sufrieron, porque "antes no eran así". Finalmente los hermanos huidos fueron arrestados y cesó la presión sobre las Fandiño.

Aun así, su situación económica era muy precaria. Las hermanas dejaron de trabajar como costureras, oficio que venían desempeñando junto a su madre, porque los clientes dejaron de llevarles ropa "por ser una familia anarquista, por miedo a significarse". Vivían en parte gracias a la caridad de los vecinos. No les ayudaban de forma directa, porque quienes las conocían sabían que no aceptarían una limosna, sino que les dejaban de forma anónima pequeñas cantidades de dinero en distintos comercios, en los que después ellas compraban.

La solidaridad de los vecinos se puso a prueba a principios de los 60, cuando un temporal tiró abajo el tejado de la casa de las Fandiño. Enseguida se organizó una gran colecta entre los vecinos de Santiago y se llegaron a juntar 250.000 pesetas. "Es espectacular", dice Rivadulla, "porque en la época eso es lo que costaba un piso".

"Manifestaron su locura mostrándose rebeldes contra la sociedad", afirma el autor. Las Marías nunca pasaron desapercibidas, no sólo por su llamativa vestimenta y sus rostros maquillados con polvos de arroz, sino por su actitud. "Ellas piropeaban a los hombres algo que, por supuesto, no se le ocurría a ninguna otra mujer. Siempre manifestaban que todos los hombres se enamoraban de ellas y flirteaban con los estudiantes". En contra de lo que pueda parecer, eran muy diferentes: Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante.

La opinión del autor del documental es que las hermanas desempeñaron, posiblemente sin saberlo, una papel fundamental en esa época de represión. "Mucha gente que se sentía ahogada por el régimen y que no se rebelaba por temor a represalias, veían en Las Marías ese grito de libertad". Cuando en 1980 falleció Maruxa, Coralia se fue a vivir con otra hermana a A Coruña, ciudad a la que nunca se adaptó. Murió tres años más tarde después de preguntar muchas veces cuál era el camino para volver a Santiago.

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7 Febrero 2008

Carta a EL PAÍS de un cineasta del país

NOTA: ESTA CARTA ESTÁ ESCRITA POR ÁLEX DE LA IGLESIA (DIRECTOR DE CINE), PARA EL PERIÓDICO EL PAÍS. LA CUELGO AL PARECERME MUY INTERESANTE.

¿Por qué al hablar de crisis del cine se cargan las tintas sobre el español? La película más taquillera de 2007 en nuestro país fue una española: 'El orfanato'. Le ganó a 'Piratas del Caribe 3'. Y ahora 'Mortadelo' arrasa.

Hace unos días tuve oportunidad de leer un artículo (sin firmar) en la página de opinión de este periódico [El Acento, 24 de enero de 2008] poniendo a parir al cine español en su conjunto, recomendándonos a todos poco más o menos que lo dejáramos y nos dedicáramos a otra cosa, que les haríamos un favor a los espectadores, hartos de nuestra torpeza. Si hablasen de mí lo entendería, porque para eso me pagan. Es mi trabajo y estoy acostumbrado. Pero lo que resulta indignante es que se juzgue con esa pasmosa ligereza a todo un gremio, a la profesión en su totalidad.

¿Se imaginan a alguien diciendo "todos los escritores de este país son aburridos", o "los pintores españoles cansan con sus cuadros de siempre", o "basta ya, por favor, de zapatos españoles, preferimos los italianos"?

Lo que realmente duele de estos palos no es la rotundidad con la que se formulan, sino todo lo contrario, lo alegremente que se escriben, como sin darles importancia. Da la impresión de que no afectaran a nadie. Y ahí se equivocan, porque el cine español no sólo somos cuatro torpes directores sin talento, sino cientos o miles de profesionales que viven de nuestras películas, muchas familias que tienen que buscarse la vida haciendo cualquier otra cosa, porque esto del cine cada vez se lo ponen más difícil.

Nadie nace sintiéndose parte de eso que se llama cine español. De hecho, cuando era joven era tan idiota que creía que mis películas iban a cambiar las cosas. Con los años he conocido a los profesionales que lo componen. Por eso puedo decir que estoy orgulloso de estar ahí, porque sé lo increíblemente doloroso que puede llegar a ser un rodaje, el milagro que supone el estreno de una película en un cine, y no digamos convertirla en un éxito.

Yo no puedo quejarme. Soy un privilegiado, pero intento no perder la perspectiva: amigos míos no tienen la suerte que yo. He visto películas magníficas que no duraban una semana en cartel y desaparecían para siempre. Por eso me gustaría comentar ese artículo. No sólo hablaba de mí, hablaba de amigos míos. Es cierto que no tengo ninguna necesidad. No es nuestro trabajo hablar de cine, sino hacerlo. Sin embargo, tengo la sensación de que es importante responder: si callamos parece que estamos de acuerdo, y os aseguro que no es así.

El artículo comenzaba hablando de cifras, y viene a decir que el cine español ha perdido 6,5 millones de espectadores. Estos datos dieron la vuelta a España en todos los periódicos. Lo gracioso es que, siguiendo esas mismas cifras, el cine "extranjero" ha bajado 12,5 millones. Casi el doble. O sea, que la noticia real es que todos los cines bajan, el francés, el inglés, el americano... No sólo el español, que curiosamente baja menos que el resto. Baja el cine porque todo el mundo tiene uno en casa, con Dolby Digital. El culpable es el DVD y las descargas por Internet, lo sabe todo el mundo. ¿Por qué cargar las tintas sobre el cine español? No lo entiendo.

Otra noticia falsa que nos tuvimos que tragar esos mismos días señalaba que la película más taquillera del año pasado fue Piratas del Caribe 3. Bueno, pues resulta que el Ministerio de Cultura no contabilizó los tres últimos meses (no me pregunten por qué). Contando el año entero, la más taquillera del año pasado fue una española, El orfanato, la espléndida película de Juan Antonio Bayona. ¿No es asombroso y terrorífico que nos echemos piedras a nuestro propio tejado?

En el artículo se menospreciaba, al mismo tiempo, el éxito de Javier Bardem y Alberto Iglesias con sus nominaciones a los Oscar, porque el trabajo de ambos "se enmarca en producciones hollywoodenses". ¿Menospreciarían los británicos el trabajo de John Hurt en mi película porque trabaja en una producción española? Además, ¿en qué industria cinematográfica han visto los americanos el trabajo de Javier y Alberto? ¿En la coreana? Dice el artículo "no es exactamente el cine español lo que se reconoce en los galardones". ¿Qué pasa? ¿Un actor o un músico español deja de serlo porque trabaja fuera? ¿Deja de ser español Fernando Alonso porque trabaja con Renault?

El último párrafo es realmente cruel. "Con unas cuentas o con otras, parece demostrado que el cine español interesa cada vez menos". Yo creo que está ocurriendo exactamente lo contrario, tras los últimos éxitos de El orfanato, El laberinto del fauno, Las 13 rosas, REC, y tantas otras, entre ellas la de un gordo impresentable que era número uno en taquilla el mismo fin de semana que se publicaba el artículo. Y después, ¿qué película era la más vista? Mortadelo, y no me parece precisamente una película extranjera.

Dice el artículo que nos limitamos a "tres o cuatro fórmulas" -la Guerra Civil, el drama social y la comedia de costumbres-. ¿Es eso cierto? Creo que no. No ahora. El cine de género ha vuelto, vemos películas de terror, suspense, vemos comedias y dramas, y además las nuevas generaciones apuntan alto: Los cronocrímenes, la estupenda película de Nacho Vigalondo, tiene dificultades para estrenarse aquí, en España, pero no para estrenarse en Estados Unidos. Las películas que se hacen en este país puede que sean mejores o peores, como todas, pero no son previsibles. No más que las de Hollywood, se lo aseguro, y si no pregúntenselo a Sandra Bullock. A todos nos gustaría poder ser igual de previsibles que Piratas del Caribe 3, pero no podemos porque necesitaríamos aumentar nuestro presupuesto unas cien veces para rodarla, y quinientas veces para promocionarla. Sin embargo, luego competimos en igualdad de condiciones y Jack Sparrow nos saca de los cines porque necesita nada menos que ochocientos cincuenta.

Pero actualmente, el cine que se hace en este país es muy diverso. El orfanato y La soledad compiten juntas en nuestros premios, y gracias a los académicos, la ganadora, cuya vida comercial en las salas había finalizado, puede tener una nueva oportunidad.

Una de las armas que a algunos periodistas les gusta utilizar es insistir en que el cine español está subvencionado, que malgastamos el dinero del contribuyente en tonterías que no interesan a nadie, que vivimos del cuento. Esto es injusto. Una vez decidí producir una película. Tuve que hipotecar dos veces mi casa para pagar los intereses de los créditos y así poder rodarla. Todavía tiemblo al pensar que puse en peligro a mi familia por una película. Para acabarla necesité seis veces el dinero que me otorgaba el Ministerio de Cultura. La subvención me llegó un año después del estreno, y con ella pagué lo que debía en hoteles y laboratorios.

Las subvenciones ayudan al cine, para eso están, como ayudan las que reciben los del teatro, los deportistas, los agricultores, los farmacéuticos o tantos otros. Pero no protegen. Yo no puedo comprar naranjas marroquíes en España, aunque se encuentren a 14 kilómetros y sean diez veces más baratas. Tengo que comprar naranjas españolas. ¿Se imaginan que ocurriera lo mismo con el cine?

Los productores en España se juegan la piel, como muchos otros profesionales, pero pocos son menospreciados en los periódicos como ellos. La gente no lo sabe, y por eso escribo este artículo. Creen que los del cine vivimos una fiesta continua, rodeados de canapés y champán. Y así debe ser, porque nadie va a ver una película de alguien que nos aburre con sus problemas.

Ahora bien, otra cosa es proyectar una visión malintencionada de nosotros. Lo que se decía en ese artículo sobre el cine que se hace en este país no es cierto. Y titular otro artículo "¿Por qué no gusta el cine español?" es tendencioso. Parece que existe la intención de darlo por hecho. Sería más respetable decir "¿Gusta el cine español?".

El público, a mi entender, y dicho desde la más profunda humildad, sigue apostando por nosotros. Nunca vamos a superar las cifras del cine americano porque literalmente es imposible, pero alguna que otra vez, gracias al público, lo conseguimos. Son algunos medios de comunicación (por razones que no voy a entrar a considerar aquí) los que intentan cambiarlo.

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