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Categoría: Sociedad

15 Diciembre 2008

"ETA le propone pagar una cuota anual de 6.000 euros"

REPORTAJE: EL 'CASO LIERNI'. HISTORIA DE UNA EXTORSIÓN 'REVOLUCIONARIA'.

Una etarra condenada a 57 años de cárcel se enfrentó a la dirección de la banda por chantajear a su cuñado, el ex futbolista Txiki Begiristain - Las cartas muestran la doble moral de ETA.

¿Cómo reacciona un terrorista de ETA al saber que su familia está siendo extorsionada por sus compañeros de organización? Debido a su intensa actividad, el aparato de recaudación de la banda, GEZI, acrónimo de Gora Euskal Zerga Iraultzaila! (viva el impuesto revolucionario vasco), acostumbra a generar abundante documentación que no siempre queda a salvo de la policía. Y es que, a despecho de su propia consigna -"Léelo y destrúyelo"-, la dirección de ETA parece haber adquirido el hábito burocrático de guardar copia de todo; también de las informaciones sensibles y comprometedoras.

El dossier Lierni, encontrado en uno de los pisos de seguridad de la cúpula en Francia, ilustra bien la doble percepción y doble moral que hace que los terroristas se abran las carnes ante la posibilidad de que sus familiares lleguen a padecer algo del sufrimiento que ellos procuran a diario al conjunto de sus víctimas.

El drama personal y familiar de tantos vascos amenazados y sometidos al chantaje económico se compadece mal con la historia que aquí se desvela. Dados los protagonistas y el enredo de la trama, el caso Lierni sugiere más bien una obra de teatro de género menor, aunque de seis actos.

- (Todo lo que se cuenta y se describe a continuación responde, hasta en su literalidad, a los escritos incautados a la dirección de ETA. Han sido depurados y suprimidos los datos y referencias personales y familiares del ámbito íntimo o privado, prescindibles a los efectos informativos y aleccionadores de esta pieza).


Acto primero

La acción transcurre en una vivienda del casco viejo de Saint-Pée-sur-Nivelle, a 50 kilómetros de la frontera. En una habitación con las persianas echadas, un tipo que peina canas escribe en el ordenador. Cuando termina, imprime una copia y repasa el texto. Es una carta dirigida a nombre de Txiki Begiristain y Marta Armendaritz a un domicilio de Beasain (Guipúzcoa), y está fechada en Euskal Herria, diciembre de 2002.

La carta dice lo siguiente:

"Señor Txiki BEGIRISTAIN,

Saludos:

La organización Euskadi Ta Askatasuna le quiere expresar lo siguiente:

Hemos tenido conocimiento de que la Policía Nacional se ha dirigido a usted diciendo que su nombre aparecía en una carta cogida a la organización relacionada con el impuesto revolucionario o con un secuestro. Es mentira. Una mentira más. Suponemos que no le daría ninguna credibilidad, pero le hemos querido asegurar que es así, ya que creemos que está a favor de Euskal Herria.

Sí es cierto, en cambio, que la lucha a favor de Euskal Herria requiere muchos esfuerzos tanto en lo referente a recursos sociales, como bien sabe, como en lo referente a las necesidades económicas. Por ello, aparte de su voluntad y del apoyo moral y económico que le da a su familiar Lierni, si quisiera ayudar económicamente a la lucha que llevamos a cabo en defensa de Euskal Herria se lo agradeceríamos sinceramente, quedando siempre de su mano tanto la cantidad como la frecuencia (de una vez, anual...).

Por ello, y al igual que hacen muchos abertzales, quizá nos querría hacer llegar una cuota anual. Si su respuesta es afirmativa, le proponemos que la cantidad de esa cuota sea de SEIS MIL (6.000) euros. Le repetimos que es una petición de voluntad, y a la espera de tener pronto noticias suyas, reciba un cálido y cordial saludo.

Viva Euskal Herria Libre!

Viva Euskal Herria Socialista!

Euskadi Ta Askatasuna

E.T.A.

Nota: Le va otra carta para su amigo Joxe Mari Bakero".

El hombre estampa en la parte inferior de la carta el sello con el anagrama de ETA y la introduce en un sobre en blanco. Luego continúa trabajando en el ordenador, transcribiendo el contenido de varios papeles arrugados escritos con letra minúscula que van dirigidos a GEZI.

Acto segundo

En una celda de la prisión de Soto del Real, una reclusa en la treintena escribe a mano con letra microscópica un extenso escrito. La carta empieza con un animoso "¡HOLA, CAMARADA!", pero el rostro de la interna parece crispado.

"(...) Soy Lierni Armendaritz, una militante de ETA que está secuestrada en las cárceles españolas. Ya me han condenado a 57 años. (...) Tal y como dije en un juicio, estoy orgullosa de ser militante de ETA, o por lo menos hasta hace poco podía decir eso con orgullo. (...) ¿Qué ha pasado? Que a mi cuñado, el ex futbolista Aitor [Txiki] Begiristain, le habéis pedido dinero y, por si eso no fuera poco, se lo habéis hecho del modo más torpe y chapucero.

Digo habéis porque normalmente diría hemos, ya que en los juicios que he mencionado antes, además de expresar mi orgullo, asumí todas las acciones de ETA, hasta las de antes de nacer yo. Pero yo no puedo asumir de ninguna manera el amenazar a mi familia, y además, cuando de ninguna forma no es enemigo!!! Estamos confundidos... (...).

Es cierto que mi cuñado gana más que un sencillo trabajador, pero ¿hemos perdido la cabeza hasta este punto como para pedir también dinero a éstos?

(...) No quiero decir que en este momento no pueda pagar, pero sí que estamos llegando a extremos chapuceros, antes de llegar a amenazas así tendríamos que tener datos... porque creo que los de mi familia ya estamos pagando suficiente, ¿no? (...) No sé quién ha sido el responsable de esto, pero mejor si no me lo decís, ya que me lo cargo. Mi madre me ha dicho que ha pensado que sois unas personas sin corazón, y si esto no ha sido un malentendido, pensaré que por ahí hay un asqueroso perro. El tema es que esta bonita carta la dejasteis en el buzón de la casa de mi madre. Mi madre llamó a mi hermana por teléfono y ésta le dijo que la abriera sin problemas... Mi madre colgó el teléfono asustada con las deliciosas palabras que guardaba vuestra carta. El mismo día yo hablé con mi madre, y pensad cómo estaría que inmediatamente noté que algo grave sucedía. Me cargaré con mis manos a ese sucio imbécil!!

(...) Las mujeres de mi familia somos muy cabezotas, por eso no abrí la boca en la comisaría y por eso mi hermana y mi madre no le dirá nada a Aitor. Eso sí, mi madre inmediatamente quemó esa maldita carta. (...) Son dos cosas las que os querría pedir:

1. La confirmación de que vais a dejar en paz a mi familia.

2. Pedirle excusas oficiales a mi madre y explicarle que no somos personas sin corazón.

Sin más, con la esperanza de que quemaréis esta carta inmediatamente (mi familia está por medio), y con la esperanza de que todo se solucionará pronto, me despido.

HASTA QUE NOS DEJEN EN PAZ, SIEMPRE GUERRA!!

2002-XII-27".

Acto tercero

Habitación interior de un apartamento en una urbanización HLM (vivienda de protección oficial de bajo alquiler) de Bayona (Francia). Hay dos hombres sentados ante un pequeño escritorio ocupado por un paquete de folios, un ordenador y una impresora. En la pantalla del ordenador figura un fichero registrado con la palabra "Egurra" (leña) que contiene listados de nombres y apellidos, con sus direcciones y teléfonos, agrupados bajo los epígrafes: "morosos" y "delatores". El hombre de más edad es el que ha aparecido con anterioridad en la casa de Saint-Pée-sur-Nivelle. Enarbola un arrugado escrito y parece excitado.

-O sea, que le mandamos a su cuñado una petición por las buenas, en un tono amistoso y una metodología hipercorrecta, y resulta que la tía nos llama perros y nos amenaza. ¡No te jode! ¿Y tenemos que tragarnos sus escupitajos? Está claro que no está equilibrada.

-Nos ha escrito un tal Otsoa (Lobo) que, por lo visto es Juan Carlos Yoldi, un ex preso de Ataun que fue parlamentario en su época y que ahora anda como abogado en el TAT [Torturaren Aurka Taldea, comité contra la tortura]. Dice que Lierni está preocupada porque piensa que la organización puede actuar contra su cuñado y que sobre esto quiere nuestra opinión y nuestra garantía.

-¿Y cómo hostias está enterado él de este asunto?

-Por lo que me cuenta Kamel, Otsoa es hermano de Mila Yoldi. Los txakurras [perros, referido a los policías] les dijeron a Txiki y a Bakero que habían encontrado una carta sobre ellos a un miembro de la organización detenido en México, y en esa época los únicos detenidos en México y expulsados fueron Mila Yoldi y Joseba Ramada. Mila y Lierni estuvieron juntas en Soto del Real y seguro que hablaron del asunto de Txiki y Bakero.

-Lo que vamos a hacer es enviarle a Lierni una copia de la carta que le mandamos a su cuñado para que compruebe que era una carta por las buenas y retire los insultos. AND ha leído lo nuestro y lo suyo y está alucinado. Dice que Lierni está jodida de los cascos.

-Hay que mandarles el dossier Lierni completo, con las cartas y todo, pero con la recomendación de que se deshagan de ello inmediatamente.

-También hay que volver a escribirles a Txiki y a Bakero.

Acto cuarto

Es la misma casa de Saint-Pée-sur-Nivelle, la misma habitación y el mismo hombre. Junto al ordenador hay varios escritos dirigidos a GEZI y un sello con el anagrama de ETA.

El hombre escribe:

"En Euskal Herria, mayo de 2003.

Señor,

Saludos:

La organización Euskadi Ta Askatasuna le quiere expresar lo siguiente: como hemos podido saber, la carta que te mandamos ha creado inquietud y malentendidos tanto en ti como en tu familia, los cuales nuestra organización los considera muy graves. (...) Hace poco nos hemos enterado por vías que no son oficiales (tú nunca te has puesto en contacto con nosotros para aclarar las cosas, aun teniendo la vía para ello) que has hablado con gente sobre este tema, con la intención de que llegue a nuestros oídos la noticia de que no puedes pagar.

Señor Txiki XXXXXX, (...) nuestro tono es en todo momento el tono que utiliza una organización abertzale para dirigirse a otro abertzale. Una vez que recibas esta carta, queda en tus manos responder a lo que te mencionábamos, al igual que el pedir responsabilidades a los que han liado la cosa. Desde la organización Euskadi Ta Askatasuna creemos que con esta explicación dejamos claras nuestras intenciones. Del mismo modo, te queremos hacer saber que no es costumbre de la organización escribir cartas de este tipo, ya que no es nuestro problema corregir las malvadas y erróneas interpretaciones que se hacen de nuestras acciones. En este caso, en cambio, hemos tenido en cuenta el ser familiares de nuestra compañera Lierni. Sin más, y esperando tener pronto noticias tuyas, nos despedimos".

***


Siguen los goras de rigor a la Euskadi libre y socialista, pero esta vez la despedida no finaliza con "un cálido y cordial saludo".

Acto quinto

Soto del Real, febrero de 2004. La reclusa Lierni Armendaritz escribe: "(...) Metisteis la pata y, en vez de solucionarlo, lo estáis estropeando más. La respuesta que recibí no es la que esperaba y mi sensación es que me tomasteis por tonta. (...) Ni mi familia ni yo sabemos cómo son las cartas que mandáis a los demás, pero, aunque sea implícitamente, hay una amenaza si no se paga. Todos sabemos que, si con la última carta no se paga, la amenaza se va endureciendo... En mi familia, la única que está a favor de la lucha armada soy yo, por tanto, si no hay amenaza de por medio, no van a pagar. Eso sí, no nos sobra el dinero, pero tened claro que intentan participar lo más posible tanto económicamente como personalmente en las diferentes iniciativas no armadas de los abertzales y los de izquierda. (...) Y qué decir del coste que tiene mi estancia en la cárcel. (...) Había tranquilizado a mi madre diciéndole que todo estaba arreglado, pero por segunda vez sucedió lo mismo, que la carta le llegó a mi madre...??? Ella me la dio a mí y yo, sin poder evitar el llorar, la rompí y la tiré al water. (...) ¡Podían castigar a mi madre por colaboración y, además, había otra carta para otra persona!

(...) Como os he dicho, la leí envuelta en lágrimas. Acusabais a mi madre de haber estado llamando a puertas para pedir ayuda sobre este tema. Yo toqué tres puertas, ¿quizá hice mal en mi desesperación? (...) Con la segunda carta habéis puesto en grave riesgo la salud de mi madre. Mi familia ya está sufriendo bastante con que yo esté en las garras del enemigo. (...) A lo mejor podéis pensar que las cartas no hacen daño por el hecho de estar escritas en un tono suave, pero no es así. No quiero volver a oír a mi madre llorando por vuestra culpa. Los hay más ricos que mi familia, a montones, a lo mejor no tan conocidos y que no tienen a un familiar represaliado o que lo tienen y no se hacen cargo de él emocionalmente y económicamente. (...) No más cartas, no más peticiones a mi familia. (...) A mí, pedidme lo que queráis.

¡HASTA QUE NOS DEJEN EN PAZ, SIEMPRE GUERRA!".

Acto final

Un bar céntrico de Barcelona. En medio del bullicio se oye la llamada insistente de un teléfono móvil. José Mari Bakero responde al periodista de EL PAÍS. "Es una cuestión de la que no me gustaría hablar. Sí, estuve viviendo en México; primero, durante ocho meses, como jugador del Veracruz, y luego, en 2000, un año entero, como entrenador de El Puebla".

En una clínica de Tokio, el director deportivo del Barça, Txiki Begiristain, y su mujer, Marta Armendaritz, hacen compañía al hermano del primero, que ha sido hospitalizado de urgencia a causa de una grave afección. Preocupado por la salud de su hermano, el que fuera extremo izquierdo de la Real Sociedad, del Barça y de la selección española no tiene, por lo visto, humor y ánimo suficientes como para abordar por teléfono un asunto tan vidrioso que le dio tantos quebraderos de cabeza. "No quiero hacer declaraciones sobre una historia que considero ya muerta", le indica a una persona de su confianza para que se lo transmita a EL PAÍS.

***


Txiki Begiristain compartió con el ex ministro socialista de Sanidad Ernest Lluch la candidatura que en 2000 trató de aupar a la presidencia del Barça al publicista Lluís Bassat. El 21 de noviembre de ese mismo año, el denominado comando Barcelona, del que formaba parte Lierni Armendaritz, mató de dos tiros en la cabeza a Ernest Lluch.

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8 Noviembre 2008

"Caramelos y un palo para tu culo"

La televisión israelí difunde un vídeo en el que soldados israelíes humillan a un adulto maniatado y vendado.

Le produjo náusea al ex comandante de la Brigada Golani del Ejército israelí después de observar el vídeo emitido anoche por el canal 10 de la televisión. "Uau. Es duro ver esto. Primero, estoy avergonzado. No entiendo por qué los soldados necesitan esto", se arrancaba el ex oficial. La escena transcurre en un control militar de Cisjordania. Un grupo de soldados observa a un palestino adulto detenido, maniatado, con los ojos vendados. Ríen mucho. Como si se tratara de un niño de escuela, uno de los uniformados obliga a repetir al civil arrodillado.

Soldado: -"¿Quieres un caramelo?".

Detenido: -"Caramelo".

Intercambian unas palabras y se escucha la carcajada desenfrenada de un uniformado.

Soldado: -"Di: Papá fue a trabajar".

Detenido: -"Trabajar".

S: -"No. Papá".

D: -"Papá".

S: -"Fue".

D: -"Fue".

S: -"A trabajar".

D: "A trabajar".

S: "Te traerá un regalo".

D: "Regalo".

El joven militar pide un aplauso a sus colegas.

S: "Y Golani".

D: "Y Golani".

S: "Te traerá un palo".

D: "Palo".

S: "Para tu culo".

D: "Para tu culo".

El palestino apenas puede contener el llanto. Los soldados no paran de reír.

Este abuso ha sido grabado. Como lo fue la orden del teniente coronel Omri Burberg para que uno de sus subordinados disparara una bala de caucho en la pierna a un palestino también maniatado y con ojos vendados. Sucedió en junio. Pero las humillaciones gratuitas son cotidianas en cualquiera de las docenas de puestos militares que salpican el territorio ocupado palestino, unos controles que no pueden eludir y en los que pasan horas cada día para entrar y salir de las ciudades y pueblos.

La media docena de soldados que se mofaban del palestino no mostraban tensión alguna. A juzgar por las carcajadas, se trató de un pasatiempo más. Un portavoz del Ejército aseguró que se estudiaría el caso y que se tomarían medidas. Es lo habitual. Lo que no es frecuente en que los militares reciban castigos acordes con la ofensa cometida. Si es que los reciben. Un uniformado que confesó haber disparado fuego real a un hombre en Hebrón -"me miró mal", aseguró- estudia libre en una yeshiva (escuela religiosa). Se han producido este año casos extremos. Como el del soldado que celebró su licenciamiento forzando a palestinos a montarse en un vehículo militar para luego arrojarlos en marcha a 80 kilómetros por hora. Uno de ellos falleció, otro resultó gravemente herido. El soldado fue condenado a seis años de prisión tras un acuerdo judicial, una opción de la que carecen los palestinos implicados en delitos graves. Casi 700 de ellos están encarcelados sin que se presenten cargos contra ellos. Algunos durante años. Es el Guantánamo israelí.

Acudir a los tribunales israelíes es casi una pérdida de tiempo. Las ONG de este país denunciaban recientemente que el 90% de las demandas presentadas son archivadas sin que se abra un procedimiento. La gran mayoría de los golpeados y vejados en los controles militares opta por tragarse el sapo.

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8 Septiembre 2008

Ban Ki-moon, el hombre invisible

El secretario general de la ONU ha permanecido ausente de los grandes conflictos internacionales y ha desdibujado el papel de la organización. Naciones Unidas pierde así la oportunidad que abre el próximo relevo en Washington de renacer de los escombros de Irak

Durante una reunión con líderes palestinos en Jerusalén Este el año pasado, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, empezó expresando la satisfacción que le proporcionaba "estar en Israel".

Mientras los palestinos presentes se quedaban boquiabiertos, esforzándose por reprimir su indignación, un colaborador de Ban le susurró al oído que llamar al territorio ocupado en el que estaban "Israel" no era precisamente lo más diplomático que podía hacer, dados los asistentes. Ban asintió, prosiguió y terminó sus palabras con una sonrisa y un alegre: "Es un gran placer estar en Israel".

El desconcierto que provocó Ban aquel día entre los palestinos se ha extendido hoy, 20 meses después de que asumiera el cargo de secretario general, a la mayor parte de los Estados miembros de la ONU. En vísperas de la sesión número 63 de la Asamblea General que comenzará en Nueva York el 16 de este mes, ceremonia anual en la que se reúnen jefes de Gobierno de todo el mundo, existe una creciente percepción de que no sería aconsejable que Ban, anteriormente ministro de Exteriores de su país, Corea del Sur, renovara su actual mandato de cinco años cuando concluya. Lo habitual sería que continuara en un puesto que algunos han descrito como "un papado laico", pero aumenta la impresión de que "el vaso está más bien vacío", como dice un antiguo alto funcionario de la ONU; que no es el hombre indicado para preservar la independencia y la legitimidad de Naciones Unidas y para dirigir la organización en un momento en el que sufre una creciente parálisis, pero en el que existe un atisbo de oportunidad -ante el inminente cambio de Gobierno en Estados Unidos- para poder alzarse, desde los escombros de la guerra de Irak y la animosidad del presidente George W. Bush, como la fuerza moral y política por los derechos humanos y la paz que se pretendió que fuera cuando se fundó, a finales de la Segunda Guerra Mundial.

En los últimos 20 meses se han sucedido los conflictos en los que el secretario general podría haber intentado ejercer un liderazgo político y moral -Sudán, Kosovo, Zimbabue, Georgia-, pero Ban se ha limitado a lanzar comunicados o formular declaraciones efímeras. Él mismo, fuera del mundo de la diplomacia, es un personaje que ha pasado casi inadvertido, cuyo nombre pocas personas conocen.

El secretario general de las Naciones Unidas
Este periódico ha entrevistado para este reportaje, en Nueva York, Londres y Madrid, a 20 personas de cuatro continentes. Algunos de ellos han pasado mucho tiempo en su compañía y otros le siguen atentamente, pero desde fuera. Entre las acusaciones específicas que se le hacen, una es que no anima el debate y se enfurece las pocas veces que sus asesores internacionales en la secretaría general se atreven a proponerle opiniones contrarias a las suyas; otra, que toma sus decisiones basándose en un círculo de confianza de colegas coreanos que le rodean y le cobijan.

Según una persona no coreana que asiste a reuniones con él en el piso 38 del edificio de la ONU en Nueva York, el último en llegar suele encontrar que la silla enfrente de Ban (se reúnen alrededor de una larga mesa rectangular, con Ban en el medio) está vacía. Porque cuando al secretario general le entra una rabieta, la concentra sobre la persona sentada en esa silla.

Los entrevistados, en su mayoría, han hablado con la condición del anonimato y han insistido, todos, en hacerlo off the record cada vez que se aventuraban a expresar una opinión sobre Ban, incluso en los casos en que la opinión era positiva. La cultura de la ONU, organización en la que todos trabajan con contratos renovables, les condiciona. Algunos ocupan en la actualidad altos cargos en Naciones Unidas; otros los han ocupado hasta hace poco, y otros trabajan o han trabajado para la ONU en puestos operativos importantes en todo el mundo. Todos dedican su tiempo a ser observadores profesionales de la organización. Algunos piensan que la historia absolverá a Ban; que es un hombre extraordinariamente trabajador, seguro y capaz, de gran integridad. Pero la opinión dominante, expresada incluso por miembros desmoralizados del equipo político de la ONU, podría resumirse en la siguiente frase, que, con escasas variaciones, han pronunciado una y otra vez muchos de los entrevistados: "Es más secretario que general, y no tiene la visión, el intelecto, la atención ni el liderazgo necesarios para reactivar Naciones Unidas".

La decepción es mayor porque podríamos estar ante una buena oportunidad para intentarlo. Un ex diplomático estadounidense entrevistado en Nueva York que ha asesorado a Barack Obama sobre política exterior dice que, gane quien gane las elecciones presidenciales en noviembre, Washington hará un esfuerzo para tratar con la ONU de la misma manera que lo hizo el presidente Bush padre. Sobre todo en el consenso que logró construir alrededor de la primera guerra del Golfo, tras la caída del Muro de Berlín. Colin Keating, que fue el presidente neozelandés del Consejo de Seguridad -donde se concentra el poder de la ONU- a principios de los años noventa, dice que Estados Unidos ha aprendido la lección en Irak y que existen "fuertes motivos para pensar que el próximo Gobierno estadounidense tendrá una estrategia más colaboradora".

Hay más razones para considerar que éste puede ser un buen momento para que el actual secretario general intente imponer su voluntad en Naciones Unidas. La propia organización, como el mundo que refleja, se encuentra en un periodo de flujos, fragmentación y confusión que, a juicio de muchos de los que contemplan asombrados el nuevo desorden posguerra fría, clama por una voz claramente definida, tanto práctica como de principios. Entre las grandes fuerzas que están reconfigurando el mundo hay que contar con el papel ascendente de China, India y Rusia; el terrorismo y la propagación de las armas letales; la crisis energética; la incertidumbre sobre las reservas de alimentos y agua; y los Estados tiránicos y en quiebra como Sudán y Zimbabue. Además del permanente derramamiento de sangre y las tensiones en Irak, Irán y Oriente Próximo en general.

El foco de conflicto más reciente es el que se abrió el mes pasado tras el envío de tropas rusas a Georgia. "Pese a ello, Ban no toma iniciativas", dice un alto diplomático europeo en la ONU. "Es un líder reacio a actuar, espera a obtener el consenso antes de avanzar". No interrumpió sus vacaciones cuando se desató la crisis en Georgia, y sus declaraciones tardías sobre aquel conflicto se han centrado más en "la crisis humanitaria" que se ha desatado que en la política. El protagonismo internacional se lo ha cedido a líderes europeos como Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y Gordon Brown.

En cuanto a la catástrofe política y económica en la que Robert Mugabe ha sumido a Zimbabue, Ban Ki-moon puso fin a un largo silencio en el mes de julio cuando declaró "ilegítimas" las elecciones convocadas por Mugabe. Pero sólo después de que quedara patente que ésa era la opinión compartida por todo el Consejo de Seguridad.

El inconveniente del Consejo de Seguridad, con sus 15 miembros, y de la Asamblea General, con 192, es que el consenso es difícil de alcanzar por el efecto paralizador del choque de demasiados intereses. La consecuencia es que, en una situación como la de Darfur, donde los asesinatos generalizados y la hambruna debida a motivos políticos son la norma desde hace cinco años, los intereses comerciales de China -uno de los cinco países representados de manera permanente en el Consejo de Seguridad-, mezclados con los principios africanos de solidaridad y una aversión general de muchos países de dudosa legitimidad a inmiscuirse en los asuntos de otros, han impedido la aplicación de presiones internacionales que correspondan a las aspiraciones humanitarias de quienes fundaron Naciones Unidas.

"El gran factor de división", dice un importante funcionario de la Secretaría General de la ONU, "es la intervención, lo que en el lenguaje de la ONU ha pasado a llamarse la 'responsabilidad de proteger". Como explica más gráficamente un antiguo funcionario de la ONU que colaboró estrechamente con el ex secretario general Kofi Annan, "la verdad es que hay muchos Estados miembros en la ONU, incluidos algunos importantes, que prefieren que haya violaciones de niños a gran escala que defender el principio de la intervención".

En este contexto existe la opinión, muy extendida, de que un instrumento fundamental en el esfuerzo para librar a la ONU de su tendencia a la parálisis es la persuasión y la presión del hombre que tiene más poder que cualquier otro para hablar en nombre de Naciones Unidas en su conjunto, su cabeza sacerdotal, el secretario general; una persona cuyo puesto conlleva en teoría una enorme carga de capital político y prestigio mundial; es decir, una gran capacidad de persuasión.

La medida de lo que es capaz de hacer un secretario general la da todavía Dag Hammarskjöld, el diplomático sueco que ocupó el cargo desde 1953 hasta su muerte en un accidente de avión en 1961. Siempre dispuesto a emprender la acción y a defender por todos los medios los principios de la ONU frente a la política del cinismo. Como un pontífice que estuviera defendiendo a su iglesia, fue el que declaró en una ocasión que los principios de la carta fundacional de la ONU eran "mucho más grandes que la organización en la que se encarnan, y los objetivos que protegen son más sagrados que las políticas de cualquier nación y cualquier pueblo".

La ONU es hoy una organización mucho más vasta de lo que podía haber imaginado Hammarskjöld. En la actualidad acoge todo tipo de organizaciones dedicadas a suministrar alimentos y ayuda humanitaria, atender a los refugiados y los niños pobres, fomentar la salud en todo el mundo y -la mayor tarea de todas- realiza misiones de paz en 20 países, con 100.000 soldados a su disposición. Sin embargo, el comandante en jefe de todo esto, Ban Ki-moon, sólo tenía experiencia internacional -antes de asumir su actual cargo- en las tres cuestiones que definen la política exterior surcoreana: la reunificación de las dos Coreas, mantener unas buenas relaciones con Estados Unidos y el trato con China. Ha preferido, dicen sus defensores, la diplomacia discreta, después de ver cómo el intento de su predecesor, Kofi Annan, de labrarse un papel político independiente hizo que tanto él como sus más estrechos colaboradores acabasen expulsados de la ONU por Estados Unidos.

"La gente de Bush, que quería reducir el papel del secretario general, encontró en Ban Ki-moon al hombre que necesitaba", dice un ex diplomático estadounidense que observa la ONU con lupa. "Era también el hombre que querían rusos y chinos, que estaban hartos de los sermones y la injerencia de Annan". Los europeos afirman que ellos no querían a Ban. "Nuestra opinión", cuenta un embajador europeo, "era que necesitábamos más general, mientras que Estados Unidos, Rusia y China querían más secretario".

Un embajador africano ante la ONU confiesa que personalmente le cae bien. "Pero lo que sucede es que los acuerdos cordiales que uno cree haber alcanzado con él desaparecen cuando penetran en lo que muchos llamamos el círculo íntimo coreano", en alusión al pequeño sector de compatriotas con el que se siente cómodo. "Ban es un trasplante que no está asentándose bien", afirma un ex funcionario de la ONU que ahora es catedrático de universidad. "Procede de una estructura culturalmente uniforme, homogeneizada, y ahora pretende dirigir una estructura culturalmente compleja y variada, y no está adaptándose como debiera". La cabeza de ese círculo íntimo es un antiguo funcionario del Ministerio coreano de Exteriores y graduado de la Universidad de Stanford, Kim Won-soo, oficialmente jefe adjunto de gabinete, pero, en opinión de muchos, "la eminencia gris" del que el secretario general depende más que de ninguna otra persona. Y ni el poco querido Kim, una de cuyas tareas ha consistido en despedir a los viejos leales de Annan de la planta 38 del edificio en el que se aloja la Secretaría General de la ONU, ni ninguno de los asesores coreanos, ni la mayoría del equipo multinacional que Ban ha tenido que crear por el protocolo de la ONU, parecen tener nada que ver, en talento y en experiencia, con el "equipo A" que Annan creó a su alrededor, a juicio de la mayor parte de los entrevistados para este artículo.

"Ban ha cubierto con toda corrección las cuotas de nacionalidades en su equipo", confirma un veterano embajador ante la ONU, "pero desde luego no ha puesto a la mejor gente en los cargos fundamentales".

Kofi Annan aplaude a su sucesor al frente de la Naciones Unidas
Kofi Annan aplaude a su sucesor al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Incluso algunas de las personas reputadas como competentes que rodean al secretario general se sienten desmoralizadas por la forma de trabajar de su jefe. No sólo no hace caso a sus consejos cuando chocan con la visión del círculo íntimo, dicen algunos, sino que raramente ofrece la oportunidad de dejarse aconsejar. "Aunque hay que añadir", opina un alto funcionario, "que el círculo íntimo incluye asimismo al embajador estadounidense. Se piensa que Ban está muy en deuda con los norteamericanos, y eso explica también por qué tantos diplomáticos de los que antes llamábamos países no alineados desconfían de él".

Pero los estadounidenses no son los que establecen el tono en las reuniones internas que preside Ban. El modelo es el que un funcionario que conoce bien los mecanismos del piso 38 llama la norma no escrita de que "debe prevalecer una cultura confuciana de armonía". "Eso significa", dice un entendido, "que casi nadie dice lo que sabe que Ban no quiere oír".

Por eso, las conversaciones que se producen en las reuniones del piso 38 presididas por Ban suelen estar vacías de contenido. "Otorga un enorme valor al trabajo duro, a la cantidad por encima de la calidad", afirma una persona que conoce su manera de trabajar. "Hace mucho hincapié en que la gente lleve la cuenta del número de kilómetros que ha volado él en misiones de la ONU, y en una ocasión se enfadó de forma terrible porque, por un descuido, alguien proporcionó una cifra demasiado baja".

Sin embargo, da la impresión de que verdaderamente no es frívolo en su dedicación al trabajo y que le gusta dar ejemplo. Se levanta todas las mañanas a las cinco, y cuando se reúne con su equipo, a las 8.30, ya ha hecho entre 6 y 10 llamadas telefónicas y ha leído diligentemente los resúmenes. Después, su rutina consiste en trabajar todo el día sin parar y seguir hasta medianoche para preparar la agenda del día siguiente. "Pero en público", cuenta un funcionario político de la ONU, "no se la juega". Una excepción ha sido el cambio climático, tema en el que ha tomado una cierta iniciativa. Pero su filosofía preferida es que la mejor forma de obtener resultados es actuar a base de pequeños avances.

No obstante, su cuenta de resultados tiene todavía mucho que demostrar. "Adoptar una postura sobre el cambio climático es mucho más fácil que hacerlo sobre la delicada cuestión de la independencia de Kosovo", dice un ex diplomático estadounidense que no simpatiza con el Gobierno de Bush. "Era una cuestión que estaba pidiendo a gritos una declaración enérgica del secretario general y él desapareció. Los rusos le asustaron. Le dijeron que se callara, y él cedió". Por otro lado, en Oriente Próximo su actitud contra Hamás ha coincidido de manera desvergonzada con la de Estados Unidos e Israel, según varios de los entrevistados por este periódico. Lo cual ha alimentado en gran parte la sensación entre muchos Estados miembros de que Ban es un títere de Washington.

El gran punto de fricción siempre es la intervención, la "responsabilidad de proteger" a los civiles amenazados por sus propios gobiernos. Un principio que se ha visto gravemente perjudicado por la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos. "La tragedia de esta parálisis en el tema de la intervención es que los que salen perdiendo son los derechos humanos y la democracia", afirma un alto funcionario de la ONU que ha librado muchas batallas en ambos frentes. Un veterano activista de derechos humanos en Nueva York comparte esta opinión: "Kofi Annan acogía con interés nuestros informes porque le proporcionaban munición para las posturas morales que asumía; Ban los ignora y los considera molestos, porque le colocan en una tesitura que preferiría ignorar".

En opinión de Kieran Prendergast, vicesecretario general de asuntos políticos con Annan, lo que hace falta hoy es un "gran pacto internacional", un reequilibrio del orden mundial como los que se llevaron a cabo tras las dos guerras mundiales. "Es necesario un nuevo sistema que sustituya al de las dos superpotencias y reconstruya la legitimidad de la organización", dice Prendergast.

La base de dicho pacto podría ser que "Estados Unidos acepte que, antes de actuar contra una nueva amenaza, debe dar al Consejo de Seguridad la oportunidad de decir no, y a cambio, la comunidad internacional tendría menos respeto por el principio de la no intervención en los asuntos internos de los Estados". Este pacto, o una fórmula parecida y adaptada a los nuevos tiempos mundiales, no ha sido posible con George W. Bush, pero sí podría contar con el apoyo de un nuevo presidente estadounidense. Sobre todo si el secretario general utiliza su autoridad moral para entablar un debate a la altura de los nuevos desafíos, con el objetivo de aumentar la seguridad mundial y evitar nuevos 11 de septiembre.

Pero apoderarse así del escenario moral no es el estilo de Ban Ki-moon, según la mayoría de los entrevistados por EL PAÍS. Con la ONU a la deriva, pero Estados Unidos dispuesto al cambio, ellos creen que éste es el momento en el que hace falta una voz carismática, un Juan Pablo II o un Nelson Mandela de la diplomacia mundial. Tanto para establecer la estrategia global como para reaccionar ante cada crisis.

"En la era de los medios globalizados", argumenta un embajador europeo, "cuando es posible ver las crisis que se producen en un lugar lejano cinco minutos después de que ocurran, es necesario un secretario general capaz de responder también con rapidez, de establecer las prioridades morales y obtener así el capital político preciso para poder convencer y dirigir. Es necesario, en otras palabras, un secretario general político. Ban no lo es. Si fuera más eficiente en ese sentido, tendríamos una ONU más eficaz".

Colin Keating, el presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante el genocidio de Ruanda de 1994, prefiere no referirse directamente a Ban, pero sí cree que el puesto de secretario general exige una alta visibilidad. "Cuanto mejor se haga ese trabajo, cuanto más se hable al público, más se aplacarán las críticas a la ONU, se acumulará credibilidad y se obtendrán apoyos", explica Keating. "Hace falta un buen comunicador porque, muchas veces, la buena comunicación es el único instrumento del que realmente disponemos".

La buena comunicación sumada a un mensaje moral claro y contundente, que no busca la coartada del consenso ni se refugia en la burocracia de la ONU o en el "círculo íntimo coreano" o en el matorral del Consejo de Seguridad. Esto es lo que muchos echan en falta desde la llegada de Ban Ki-moon a la Secretaría General de Naciones Unidas.

"El problema, y lo vemos de manera especialmente apremiante en lugares como Zimbabue y Sudán, y ahora Georgia", sentencia un alto representante europeo en la ONU, "es que hace falta que el secretario general tome la iniciativa política. Y si espera a lograr un consenso, puede esperar para siempre".

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8 Septiembre 2008

La distancia no es el olvido

Cada vez más parejas deciden 'convivir' en casas o ciudades separadas - La relación no cambia y la carrera profesional de ambos sigue adelante.

Marta, Lidia y Ariadna son amigas y residentes en Barcelona. Las tres están entre los 35 y los 40 años. Todas han tenido o tienen novio y ya hay bebés que corretean por casa. La peculiaridad de estas tres mujeres es que un día, hace unos seis años, cuando normalmente una se plantea formar una familia con su pareja, como manda la tradición, ellas decidieron comprar un piso grande con una habitación para Marta, otra para Lidia y otra para Ariadna.

Y sus respectivas parejas siguen siendo, como en aquella copla que decía "novios, siempre novios, no nos casaremos nunca y seremos siempre novios".

Quizá Concha Piquer ya avanzaba con aquel cante lo que ahora se conoce como parejas LAT, las siglas en inglés de living apart together, es decir, viviendo separados, pero juntos. Son un nuevo modelo de familia, un hombre y una mujer, por ejemplo, que se quieren, que incluso tienen hijos, pero no viven juntos, siempre hay dos domicilios. ¿Es eso una familia?

"El concepto familia-hogar, tal y como se ha entendido tradicionalmente, tenía que satisfacer tres requisitos: que existiera convivencia bajo un mismo techo, entre personas unidas por el parentesco, y formando una unidad de carácter económico", explica la catedrática de Sociología de la Universidad Carlos III Constanza Tobío.

Pero desde la copla de la Piquer ha llovido mucho en este país. Ahora una buena parte de la sociedad entiende que los modelos familiares son tantos como la libertad de elección de las personas. A veces, formar una pareja o un matrimonio, pero vivir separados, ni siquiera es una decisión voluntaria. O no la deseada. Pero ocurre y cada vez con más frecuencia. Los motivos pueden ser muchos, pero uno de los más habituales es el trabajo, sobre todo porque ahora también la mujer gana un salario fuera y no quiere frustrar su carrera profesional por seguir al marido a su destino.

Lidia, Marta y Ariadna

Marta, Lydia y Ariadna

Quizá preferirían dormir bajo el mismo techo, pero han elegido libremente. Y, de paso, han descubierto que este modelo puede ser enriquecedor y eterno sin que se resienta la salud de la pareja. Araceli y Pedro llevan así 18 años, una en Madrid y el otro en Barcelona. Él es funcionario y ella periodista. "Al inicio de la relación se hace un poco cuesta arriba, el teléfono puede ser entonces fuente de disgustos y malentendidos, pero cuando te vas conociendo más todo marcha", dice ella. "Para mí es tan importante la calidad del trabajo como la de los afectos. Nos vemos casi todos los fines de semana y normalmente pasamos juntos las vacaciones, aunque a veces, no todas. ¿Ventajas? Si acudimos al tópico podría decir que la relación se desgasta menos, pero no estoy convencida de eso, porque hemos pasado un año juntos en estos 18 y no he notado una presión indeseada, también estábamos a gusto. La complicidad no tiene que ver con la convivencia", afirma Araceli.

Los dos saben que si no fuera por el trabajo vivirían juntos, claro, pero seguirían manteniendo su independencia. Los inconvenientes no tiene ni que pensarlos: "La pasta. Hay que tener dinero, porque se gasta mucho en viajes y en tener dos casas abiertas. Y si no te lo puedes permitir...".

Efectivamente, los demógrafos y expertos en familias sospechan que la mayoría de estas parejas goza de una economía holgada, que tienen trabajos liberales que les obligan a vivir en ciudades distintas. Pero las estadísticas son muy pobres, al menos en España. "Si hacemos una explotación de los datos con que contamos, nos salen perfiles muy distintos, pero el número de mujeres y hombres que viven así es tan pequeño en nuestras encuestas que no se puede afirmar nada con rigor científico, la muestra no es significativa", advierte la demógrafa del CSIC Margarita Delgado. "Cuando cruzamos nuestros datos nos salen personas con estudios superiores y básicos, con trabajo y sin él, casi de todo. Si lo miramos por tramos de edades, vemos que hay jovencillas que afirman tener una pareja estable pero vivir separados, pero, en ese caso, podríamos estar hablando de un noviazgo normal y corriente que puede acabar en convivencia o incluso en separación. Eso no es una pareja LAT", concluye Delgado.

A falta de estadísticas fiables hay que acudir a los casos reales que suelen responder a ese perfil de profesionales liberales que optan por alimentar sus carreras profesionales a pesar del inconveniente de estar separados, o disfrutando de las ventajas que también brinda este modelo de vida. Las resume muy bien Ramón Jáuregui, portavoz adjunto del grupo socialista en el Congreso de los Diputados. "No es una situación que hayamos elegido voluntariamente, sino empujados por el trabajo. Mi mujer podía haber optado a una plaza de juez en Madrid, pero prefiere la que tiene en el País Vasco". Los hijos están ahora con el padre porque van a la universidad, pero han estado viviendo con uno y otra según convenía a cada edad.

En cada casa y en cada ciudad encuentran de todo y todo es distinto. "Nos vemos los fines de semana, allí o aquí, yo a veces digo que vivimos en la N-I, pero no, tenemos los dos hogares vivos y nuestra relación de pareja no se ha resentido nada, si acaso al contrario", ríe el político. "A mí esto de la vida doble me gusta, en lugar de limitarme me parece enriquecedor: si estamos en Madrid vamos a unos sitios, con unos amigos; si Madrid ahoga, pues en Vitoria hacemos otras cosas, resolvemos las cuestiones administrativas en un paseíto, salimos con otras gentes. Permite horizontes muy diversos. Creo que esta situación es un privilegio. Si acaso, gastamos más en teléfono", añade.

Después de todo, como él mismo apunta, cuántas parejas que viven en la misma casa sólo se ven tres o cuatro veces a la semana por los viajes de trabajo. Muchas. Jáuregui aporta otro dato relevante para tomar una decisión así: los hijos. "En la crianza estábamos juntos, no podría haber sido de otro modo, porque si te vas y la mujer se queda con los críos se resiente de su despegue profesional".

Así pues, unos toman la decisión impelidos por el trabajo, a otros les ayuda la ausencia de hijos. Esto último ocurre entre gente mayor, cercanos a la jubilación, o uno de ellos jubilado, que deciden vivir separados, uno en la casa del pueblo y otro en la ciudad, por ejemplo. En este caso la decisión es por completo voluntaria.

Voluntaria y deseada fue la que tomaron Marta, Lidia y Ariadna. No vivirían con sus parejas porque preferían vivir ellas por su cuenta. Las dos primeras son profesoras universitarias y la tercera trabajadora social. Tienen sus buenos sueldos y su independencia. Encontraron el piso que buscaban y la vida siguió. Sus parejas ya las conocieron en esa situación, que comparten. Y los hijos fueron llegando y encontraron dos puertas abiertas de par en par para recibirlos. La ventaja en este caso es que ellas y ellos, aunque en barrios distintos, viven todos en Barcelona.

Aunque este modelo parezca novedoso, ya no lo es tanto. Prueba de ello es que los anglosajones ya lo han bautizado como el movimiento just women (sólo mujeres). Así que quizá habría que buscar un nombre en español.

Hubo un momento a lo largo de estos seis o siete últimos años en que dos de las tres amigas estaban emparejadas con dos hombres que también vivían juntos con un tercero. El marido de Lidia murió recientemente y ahora, un hijo de él, ya mayor, ocupa su lugar en la casa de los hombres. En el domicilio de las mujeres, dos hijas pequeñas se han unido a la familia. A veces están con las madres, a veces con los padres. "Sus vidas están muy enriquecidas. Tienen más referentes. En la guardería piensan que son hermanas", cuenta Lidia. "Nosotras no vivimos así porque seamos feministas, ni porque esto sea una opción divertida, nuestra casa no tiene nada de mística ni de cerrada, nuestras parejas vienen y se quedan a veces, cenamos con amigos. Nos vemos con ellos cuando podemos y nos apetece, pero no porque ahora toca. Simplemente vivimos así porque nos gusta y hemos establecido una relación de amistad y solidaridad", sigue Lidia.

Las tres son distintas, alguna más ordenada que otra, alguna prefiere decorar con tonos discretos y otra con colorines. Nada de eso ha sido impedimento. "No tenemos un calendario de actividades estricto. Con el tiempo se encuentra una organización sin necesidad de imponerla. Y así nos ahorramos los roces de convivencia con la pareja", explica Lidia.

Por la televisión no pelean porque no tienen, y el comedor es más bien un sitio de trabajo. A veces, todas bajan a la alfombra y desparraman conversaciones entre amigas. En su casa no admitirían a un hombre para vivir, pero eso no significa que molesten, "ni mucho menos".

En alguna conferencia que ha impartido Lidia, socióloga, destaca algunas ventajas de vivir así: complicidad, prestarse ropa, compartir el trabajo doméstico, el cuidado de los niños, no tener que ver fútbol ni aguantar visitas de suegros.

Pero Lidia no quiere que nada de esto despiste. "Estamos enamoradas de nuestras parejas, yo lo estuve y aún lo estoy". Una hija póstuma de su marido contribuye a mantener fresca esa memoria. "Simplemente somos felices así". ¿Es o no esto una familia?

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6 Septiembre 2008

Balance

Este es un artículo de Fernando Savater que me parece interesante y productivo publicado en EL PAÍS:

Recuerdan la anécdota del orador que se levanta para pronunciar su alocución tras el banquete y pregunta a un comensal remoto: "Usted, allí al fondo, ¿me escucha bien?". Y el otro responde: "Perfectamente, pero voy a cambiarme con aquel señor, porque parece que allí ya no se oye". También yo he estado esperando hasta que han respondido al Manifiesto por la Lengua Común incluso los que se sentaban voluntariamente allí donde es imposible escuchar lo que dice. Pensando a veces, con cierto desaliento, que es una seria objeción contra la existencia de la lengua común el que muchos que parecen comprenderla malinterpreten tan patentemente un texto sencillo como ése. Pero en todo caso me parece una obligación de cortesía intentar finalmente hacer balance y responder a quienes se han molestado en hacer objeciones inteligibles a esa propuesta. Desde luego, sólo voy a tomar en cuenta las de cierto calado, que no han sido las más numerosas. En cuanto a las demás... bueno, a pesar de la artritis estoy dispuesto a agacharme ocasionalmente un poco para quedar a la altura de ciertos argumentos y seguir la discusión, pero no pienso ponerme a cuatro patas, como se requeriría para responder a otros. Asumo mis limitaciones por arriba... y por abajo.

Tampoco me detendré en algunos reproches que considero desenfocados. Por ejemplo, los de quienes han insistido en recordar que la lengua castellana -pujante y cada vez más extendida por el planeta- no necesita defensa ninguna. El Manifiesto confirma ese punto desde su primer párrafo y evidentemente trata de otra cosa, por lo que sólo puedo rogar a los obstinados que se molesten en leer al menos sus cinco primeras líneas. Por cierto, es curioso que en el pasado mes de julio -cuando día sí y día no se nos recordaba en todos los medios de comunicación la invulnerabilidad del castellano- la Junta de Castilla-La Mancha y la Fundación Santillana otorgasen un merecido premio a Carlos Fuentes y a Lula de Silva, "por su defensa del idioma español", según dijo la prensa. Esperé sobrecogido una lluvia de protestas o la universal rechifla ante tarea tan superflua, pero nadie dijo ni pío: por lo visto, entonces no tocaba. Otros han expresado su recelo ante el apoyo que mostraron al manifiesto ciertos medios de comunicación y personas conocidas que no les parecen con suficiente garantía de salubridad progresista: por lo visto, para ellos todo lo que no se promueve desde la izquierda oficial está políticamente "manipulado", pecado grande. Reconozco ser poco sensible ante esta grave imputación. Es la costumbre: si los movimientos cívicos más activos del País Vasco, en los que he militado, hubiésemos esperado el apoyo o tan siquiera el permiso de los medios de comunicación y los intelectuales llamados "progresistas" para ponernos en marcha, todavía estaríamos en vísperas de salir por primera vez a la calle... Aún peor: si hubiéramos escuchado luego a bastantes de ellos, aún estaríamos dándonos golpes de pecho por haber salido. De modo que miren: no.

Pero pasemos a las objeciones que merecen mayor atención. Una de las más frecuentes asegura que en cualquiera de las autonomías bilingües sigue siendo el castellano la lengua mayoritariamente utilizada por los hablantes. Personalmente no lo dudo, pero... ¿es esto un pecado? ¿Es una injusticia que debe ser corregida o una enfermedad que ha de ser curada? Por razones históricas y culturales, el castellano no sólo es la lengua común de España, así establecida constitucionalmente, sino también uno de los idiomas internacionales de mayor peso presente y futuro. Ofrece ventajas evidentes respecto a otras a los empresarios y comerciantes, a los viajeros y a quienes buscan bibliografía. Los medios de comunicación de masas suelen preferirla por razones de eficacia económica: hay inmersión lingüística en la escuela, pero no en la prensa, y La Vanguardia sigue publicándose en castellano. Se trata de una primacía práctica perfectamente razonable, no de un monopolio dictatorial: las otras lenguas oficiales siguen teniendo su debido reconocimiento y su viabilidad a todos los niveles en las áreas regionales que les corresponden. Lo que resultaría un poco raro es llamar "normalización" al empeño de corregir por las bravas, a base de prohibiciones e imposiciones, esta preferencia de tantos hablantes, bilingües o no... como si se tratase de un atropello. Puede que no haya un precepto constitucional que establezca que cada cual pueda ser educado en la lengua que prefiera -es lo que el Manifiesto propone corregir-, pero aún menos en ninguna parte de la Constitución se dice que en las comunidades bilingües la lengua co-oficial deba alcanzar forzosamente un uso igual o mayor que el castellano.

Otros de nuestros críticos (por ejemplo, el propio ex presidente Pujol, en una entrevista reciente) nos recuerdan que los niños en Cataluña conocen perfectamente el castellano, aunque estudien en catalán. Incluso podríamos añadir que en los exámenes para determinar los resultados del informe PISA, los estudiantes vascos -aunque estudien en euskera- hacen las pruebas en castellano para mejorar sus resultados. Pero nada de esto tiene que ver con el fondo del asunto. No se trata de que los niños (o los ciudadanos adultos, tanto da) sepan o no castellano: lo aprenderán sin duda de un modo u otro, como terminarán adquiriendo nociones de inglés a través de las letras de sus grupos preferidos de rock, porque se trata de idiomas de comunicación internacional cuya pujanza no podrá ser cortocircuitada por ninguna burocracia etnicista local. Pero no es lo mismo conocer una lengua de modo más o menos sobrevenido que estudiar en ella y aprovechar todos sus recursos expresivos o bibliográficos, así como utilizarla habitualmente para recibir información de las autoridades o comunicarse institucionalmente. Y lo más importante, está en juego el derecho a poder utilizar siempre que uno lo desee la lengua oficial del país del que somos ciudadanos, aun allí dónde coexiste con otras regionales. Invocar este derecho no es una reminiscencia franquista, salvo para quienes han olvidado lo que estipulaba la Constitución republicana de 1931 en su artículo 4 (bastante más perentoria y nítida al respecto que la actual). Por cierto, cuando uno ve los obtusos y sectarios que son respecto al presente ciertos adalides de la memoria histórica, entran dudas respecto a la exactitud de la visión del pasado que tratan de oficializar.

¡Ah, pero hablar de derechos lingüísticos es embrollar las cosas, según dicen algunos sabios del establishment! ¡La "demagogia de los derechos" no soluciona nada! Es mejor resolver esos temas por medio de acuerdos consuetudinarios y confiar en el sentido común. Dejemos a un lado los derechos y volvamos a los apaños: insólito consejo, por cierto, para venir de profesionales de la filosofía política... Sin embargo, perdón por la insistencia: ¿hay algún otro país en la CE -dejemos a un lado la nada envidiable Bélgica- en que los ciudadanos se vean impedidos para usar normal y culturalmente la lengua mayoritaria en determinadas regiones de su territorio? ¿no es lógico que entonces invoquen su derecho a algo tan elemental, sean cuales fueren las "costumbres" que otros tratan de imponerles?

Con todo, hay algo de verdad en la teoría de los "apaños": es cierto que en las comunidades bilingües los ciudadanos conviven y se entienden con pocos roces en las lenguas co-oficiales. Los problemas vienen cuando allí se legisla de tal modo que esa armonía se rompa para obstaculizar institucionalmente el derecho a usar una de ellas. Porque el busilis de la cuestión no es el bilingüismo, desde luego, sino el biestatismo que los nacionalistas pretenden imponer en sus autonomías. Es decir, que haya dos Estados superpuestos, el local que ellos controlan más y más, junto al general que soportan y al que sólo acuden cuando esperan beneficios. En tal empeño biestatal, la marginación de todo elemento común con el resto del país -empezando por la lengua- es una herramienta esencial. Como esencial resulta para quienes pensamos de otro modo oponernos a tal tendencia y denunciarla. Se trata, en efecto, de una cuestión política, como con rara clarividencia han señalado algunos de nuestros críticos...

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

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31 Agosto 2008

Una madre contra seis asesinos

Una pedagoga mexicana captura en solitario a los secuestradores de su hijo - Decenas de miles de personas se manifiestan contra la violencia.

La pesadilla de Isabel Miranda comenzó el 12 de julio de 2005, cuando su hijo, Hugo Wallace, de 30 años, no llegó a una cita familiar. Las llamadas al móvil no encontraban respuesta. Su casa estaba vacía y en orden. La noche anterior, Hugo le había dicho a una amiga que iba al cine con una "nueva novia". Allí acudieron a buscar pistas. El estacionamiento estaba vacío. Recorrieron infructuosamente hospitales y centros de emergencia. "Ahí ya me puse como loca", dice Isabel. Ciudad de México está a la cabeza de secuestros en el mundo y Hugo era un próspero empresario: la familia se temió lo peor.

Isabel Miranda

Isabel logró que la compañía telefónica le facilitara el listado de llamadas del móvil de su hijo. La última había entrado a las 21.20 del 11 de julio. Localizaron la antena y sobre un mapa se dividieron los barrios en un radio de seis kilómetros, la zona de cobertura. "Un sobrino encontró el vehículo de Hugo en la colonia Insurgentes. Estaba mal estacionado. Al verlo, me solté a llorar".

Un vigilante le dijo que "una mujer alta, bustona, guapa" había aparcado ahí. Vivía enfrente, en la calle Perugino, 6, apartamento 4. Tocaron el timbre cuando un niño salía del portal. "Ahorita no te van a querer abrir, porque hubo un problema, bajaron a un muchacho herido". Espantada, Isabel llamó a la policía. "En lugar de ayudar, no nos dejaron entrar en el edificio. Lo obstaculizaban todo, como si protegieran a alguien".

En ese momento la vida de esta pedagoga de 58 años cambió. Puso una denuncia por secuestro, dejó su trabajo y se zambulló en la búsqueda de su hijo, con la ayuda de hermanos, sobrinos y cuñados. Durante dos semanas vigilaron la casa, en turnos de 12 horas. "No sabíamos a quién buscábamos. Solicité en vano una orden de registro. Un día cambiaron la alfombra. Llamamos a la policía. Nunca llegó".

En ese tiempo hablaron con los vecinos, los recolectores de basura, la señora del puesto de quesadillas... Lograron saber que en ese lugar vivía una joven y su novio, un tipo mal encarado que alardeaba de su chapa de policía. Ella era bailarina del grupo Clímax, del Estado de Veracruz. Haciéndose pasar por secretaria de una empresa interesada en contratar al grupo, Isabel logró los datos y la foto de su objetivo, Hilda González. Y la localizó en la otra punta del país, en Jalisco.

Isabel ya no soltó a su presa, que regresó poco después a la capital. Para entonces, la familia Wallace había recibido una foto de Hugo, tirado en el suelo y con los ojos vendados. Los secuestradores exigían 950.000 pesos.

Isabel decide enviar fuera de México a su marido, un contable jubilado con problemas cardiacos, y a su otra hija. No quiere más preocupaciones. A partir de Hilda, tira del hilo y va armando el rompecabezas. Disfrazada con pelucas y almohadillas. Haciendo seguimientos. Comprando voluntades. "Aprendimos sobre la marcha, con creatividad", dice. Su hermano y un abogado amigo son sus escuderos. En las semanas siguientes han identificado al novio de Hilda: César Freyre, policía del Estado de Morelos.

En noviembre se interrumpe el contacto con los secuestradores. El 10 de enero de 2006, después de algunos intentos fallidos, la policía federal detiene por fin a Hilda. Freyre cae dos semanas después. La propia Isabel lo captura. "Mi hermano y yo nos apostamos cerca del restaurante de donde trabaja la amante. Una noche, al acabar la jornada, tomó un taxi. La seguimos hasta donde la esperaba César Freyre". Al verlos, Freyre saca una pistola, pero Isabel y su hermano se le tira encima y lo derriban. "Fue una inconsciencia. No nos mató porque Dios es grande".

La trama resultaría novelesca de no ser porque el cuerpo descuartizado de Hugo Wallace yace hoy en algún lugar de la ciudad. "Lo mataron en la misma noche del secuestro. Hilda confesó todo. Mi hijo se violentó y lo golpearon. Se les fue la mano". Lavaron el cuerpo y le hicieron fotos para pedir el rescate. Después lo cortaron con una sierra eléctrica y bajaron los pedazos en bolsas de basura.

Entonces sí, la policía registró el piso de la calle Perugino. En él encontraron el carné de conducir de Hugo y manchas de sangre que resultó ser del joven. "¡Siete meses después del secuestro! ¡Nosotros habíamos dado con la casa al día siguiente!" suspira.

Tan aterrador como el panorama que ofrecen las estadísticas de secuestros en México: 564 en 2005; 608 en 2006, 789 en 2007, más de 500 en lo que va de 2008. Eso son sólo los denunciados. En términos reales las cifras se triplican. México es hoy el primer país en secuestros, por encima de Irak. Un país donde hay 1.600 cuerpos policiales distintos y descoordinados, y diferentes legislaciones en los Estados. Donde el 98% de los crímenes quedan impunes. Y en el que han muerto este año 3.000 personas a manos del narcotráfico.

La rutina de violencia ofrece tales episodios de brutalidad que aún es capaz de horrorizar a la sociedad mexicana, como el hallazgo el jueves de 12 cuerpos decapitados en Yucatán. Las autoridades informaron ayer de la detención de tres sospechosos.

Con el hallazgo de las manchas de sangre de su hijo, el caso apenas comenzó para Isabel. Hilda da los nombres de los cómplices: Jacobo Tagle. Brenda Quevedo. Los hermanos Alberto y Tony Castillo Cruz.

Por esas fechas la capital mexicana se llena de anuncios gigantes con las caras de los miembros de la banda, bajo la leyenda de "secuestrador y asesino" y una recompensa a cambio de información. En el verano de 2006, los rostros de esos delincuentes flanquean los retratos sonrientes de los candidatos presidenciales, en plena campaña electoral.

Todos van cayendo. Uno a uno. A Brenda le siguió la pista hasta Estados Unidos. El FBI la detuvo en noviembre pasado en Kentucky. Ahora está a la espera de que la extraditen. Sólo falta Jacobo Tagle. "Debe estar en Israel. Su familia es de allá y no hay acuerdo de extradición".

"Nosotros hicimos todo el trabajo. Algunos funcionarios me han ayudado, es cierto. La Procuraduría [fiscalía] nos ha apoyado. Pero la policía no ha hecho nada", cuenta Isabel. Por el camino ha localizado a otras cuatro víctimas de Freyre, que se han unido al proceso. Ha descubierto el cadáver de un compinche de la banda, asesinado por sus cómplices. Y ha destapado las conexiones del grupo con agentes policiales de Morelos y la capital.

Isabel afronta una denuncia por intento de secuestro y otra por "ensuciar el buen nombre" de Freyre en anuncios espectaculares. Nada importante, comparado con el intento de atentado que sufrió hace apenas dos meses, cuando unos hombres dispararon contra su vehículo.

"No pararé hasta dar con los restos de Hugo. Y hasta ver a Jacobo Tagle entre rejas". Ahora ayuda a otras personas y da conferencias. Y ha impulsado con otras organizaciones la gran marcha, con decenas de miles de participantes, de ayer en la capital. "No es una marcha más. Es el inicio de los cambios que necesitamos. Lo que nos pasa no es solo problema de las autoridades. Tiene también que ver con nosotros como ciudadanos". Otras 70 ciudades del país y ocho del extranjero, entre ellas Madrid, también acogieron concentraciones.

Isabel se muestra escéptica ante el reciente Acuerdo por la Seguridad firmado por todos los poderes el Estado. "No me creo el discurso político. Dicen lo mismo desde hace ocho años. No habrá cambio sin nosotros".

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21 Agosto 2008

España, ese tópico

Las guías turísticas extranjeras siguen describiendo el país con lugares comunes.

Es el lugar donde se leen menos periódicos de Europa. Donde el periódico más leído sólo da noticias deportivas. Donde el jamón se considera parte de la dieta vegetariana. Donde no todo es sol pero el sol lo condiciona todo. Donde se desayuna copa de licor con el café. Donde el chocolate es dulce y espeso. Donde el vello corporal en axilas y piernas es tabú para las mujeres. Donde todo, o casi todo, se para a cierta hora del día. Donde antes de cenar se procesiona de bar en bar para comer pequeñas raciones. Donde el servicio ferroviario es limpio y eficiente. Donde los conductores urbanos tienen a los peatones en un puño en cada cruce. Donde el robo con estrangulamiento es la modalidad de atraco más frecuente. Donde la vida comienza cuando en el resto de Europa las luces se apagan. Donde por cinco euros sirven una botella de vino en un restaurante. Donde sacan a pasear a Dios con cualquier pretexto. Donde es Europa sin que se sientan europeos. Donde los baños están limpios pero sin papel. Donde hay que tener cuidado con los simpáticos que quieren cháchara. Donde se critica a todo el mundo menos al Rey. Donde el hambre ha marcado su historia. Donde no hay verdadera cocina nacional. ¿Dónde no hay cocina? ¿Dónde? En España, claro.

Todo lo anterior es España, según los autores de guías turísticas escritas en Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Japón y Rusia. Mientras que los españoles llevan siglos guerreando por la idea de España -la cosa ha mejorado y últimamente sólo se discute-, los extranjeros lo tienen claro. Acierten o no, éste es un lugar con señas propias que se repiten en cada guía: siesta, vitalidad y marcha. No se depriman por la simpleza, por favor. En general, los extranjeros tienen mejor opinión de España que los españoles. Y ellos son muchos más: 59 millones de turistas nos visitaron en 2007. España sigue gustando -es el segundo destino más visitado en el mundo después de Francia- a pesar de que algunos mitos se encuentran en franco declive (¿cuántos españoles se echan la siesta cuando no están de vacaciones?). Pues eso, topicazo. Pero vayamos por partes.

- Tiempo 'is not time'. Una cosa es el tiempo real; otra, el tiempo español. Basta leer a los británicos, que son los turistas más fieles (16 millones al año): "En teoría, España va una hora por delante de Reino Unido, pero conceptualmente debe de estar en otro planeta". Y siguen en otro párrafo: "En España, el sentido del tiempo es algo elástico: excepto si se trata de una cita de negocios, no se ofenda si tiene que esperar entre 10 y 20 minutos".

- Omnipresente siesta. La seña de identidad por antonomasia, haya o no haya. Todas las guías se recrean en ella. Los italianos dicen que merece la pena "seguir la costumbre española de la siesta a la hora de comer". Está claro que los autores de guías eligen los mismos lugares. "Las tiendas están todas cerradas y en las horas más calientes del día se para todo, o casi" (Touring club italiano). "Es frecuente que tiendas y pueblos paren durante la comida y la siesta" (The rough guide).


- Hedonismo y humo. Todos fuman: los que fuman y los que no. A los extranjeros les sorprende aún los pocos espacios libres de humo que encuentran durante su estancia. Y también el entusiasmo vital, aunque los italianos consideren que nuestra europeización esté haciendo estragos: "El pueblo español despreocupado y fiestero del imaginario popular es una especie en vías de extinción". Vayas donde vayas, discrepa la guía alemana (Baedeker), "no puedes dejar de darte cuenta del contagioso entusiasmo por la vida de los españoles".

- Crisantemos, mejor no. Los alemanes consideran que la cortesía es "importantísima", aunque "en ocasiones los españoles entienden por cortesía algo distinto a nosotros". Dicen que no sabemos decir que no. "Si te invitan a casa de alguien a cenar", dicen The rough guide, "debes llevar un pequeño regalo para los niños, además de chocolate, vino o flores". Ojo. Avisan de que se excluyan los crisantemos y ornamentos propios de funerales.

- Tópicos autonómicos. Los franceses nos tienen muy estudiados. Tanto, que hay numerosas guías regionalizadas. En el texto editado por Gallimard en su Bibliotheque du voyageur tienen claro qué se encontrará en cada autonomía: "Los andaluces son, de lejos, el pueblo de España más exuberante"; "los gallegos son todo lo contrario"; "los vascos son trabajadores y les gusta vivir bien", y, añaden los rusos de la editorial Vokrug Sveta, "extremadamente religiosos". Según la visión francesa, "los catalanes comparten con los vascos el ardiente deseo de romper con los vínculos que les atan al resto del país". ¿Y qué dicen de los castellanos? Pues que "consideran que el país les pertenece por derecho divino". Touché.


- Señas de identidad. ¿Qué vertebra a España? Para los franceses, el tapeo: "El ritmo de la vida está marcado por la necesidad de encontrarse, al atardecer, todas las generaciones confundidas, en los paseos y bares de tapas. Eso confiere unidad al país". Dice la citada guía francesa, escrita por británicos, que, como ocurre en el Reino Unido, "los españoles tienden a menudo a considerar Europa como un territorio al que no pertenecen". Otra variable común que destacan los italianos es la crítica: "En un país donde generalmente no se ahorran críticas a los hombres de poder, es raro escuchar hablar mal del Rey". Al que siempre tienen los españoles en boca es a Dios, según los franceses. "La parte concedida a Dios en la vida cotidiana es testimonio de esas reminiscencias morunas fuertemente enraizadas en el comportamiento español, algo evidente en la costumbre de santiguarse o de evocar a Dios por cualquier pretexto".

- Ser español en una semana. Los alemanes sugieren un método "sencillo y agradable" para participar en el estilo de vida local: "Vaya a las cinco a una plaza. Al principio se encontrará solo, porque la siesta está acabando, pero poco a poco la gente irá llegando a la plaza. Es el momento de la movida, de indolentes paseos hasta altas horas de la noche. Únase sencillamente, vaya de bar en bar, tomándose aquí un jerez, allí un vinito tinto o una sidra, pero pruebe las maravillosas tapas y olvídese de la cena planeada y del programa de visitas del día siguiente. Le felicitamos. Si lo consigue habrá secundado una parte pequeña, pero de ninguna manera irrelevante, del estilo de vida español".

- Ni velludas ni desastrados. Los italianos aconsejan vestir de "manera decorosa" y mostrar "respeto" cuando se visitan catedrales e iglesias, "en particular en las zonas más lejanas, donde la gente del lugar, sobre todo los ancianos, son muy tradicionalistas y poco tolerantes". Los alemanes consideran que se atribuye muchísima importancia al buen aspecto: "Por eso, sean hombres o mujeres, salen de casa como un pincel incluso en los días más calurosos". Y lo más chocante para los germanos: "El vello corporal de cualquier tipo, en axilas o piernas, es un absoluto tabú para las mujeres".

- Cuidado con los simpáticos. La guía japonesa (Diamond) es la que más se extiende en este apartado. Alerta principalmente sobre los robos en Madrid y da una clasificación de delitos más frecuentes: el primero es el "robo con estrangulamiento"; le siguen el tirón del bolso y "los que cometen ladrones camuflados de policías". Recomienda cautela con quienes se acercan y "se expresan de manera simpática" y "con los grupos de dos o tres personas, que intentan acosar, a veces con la excusa de vender flores". La guía británica clasifica a las fuerzas de seguridad. La Guardia Civil es la más celosa y "la que se debe evitar". "Si tiene que informar de un delito serio como una violación, vaya siempre a la más comprensiva policía local". Y avisa de que no se espere mucha preocupación si se denuncia el robo de un artículo pequeño.

- Vino tirado, cocina fantasma. ¿Cuántas veces ha pagado cinco euros por una botella de vino en un restaurante? Los autores de The rough guide omiten los lugares secretos donde han pimplado tan barato. Como depende de con quién se nos compare, los británicos creen que somos unos bebedores moderados y recomiendan igual continencia a sus compatriotas: "Beber demasiado no es frecuente, a pesar de que parece haber un bar en cada esquina, es más para tomar café y socializar que para una monumental cogorza". Es una opinión. Y atención a la siguiente: ¿quién pone en duda que España, donde trabaja Ferran Adrià, considerado mejor cocinero del mundo según The New York Times, tenga una cocina verdadera (en lo de nacional es mejor no meterse)? Los italianos: "Además de paella, tortilla y gazpacho, el país no posee una verdadera cocina nacional, pero cada región tiene sus propios platos y tradiciones culinarias locales".

- ¿Qué llevarse de 'Spain'? Ahí va la extravagante lista propuesta por los japoneses: aceite de oliva, aceitunas, vinagre de jerez, tinta de calamar, salsa alioli, corazones de alcachofa en vinagre, figuras de Lladró... y chupa-chups.


Con información de Gloria Torrijos (Tokio), Rodrigo Fernández (Moscú), Laura Lucchini (Milán), Octavi Martí (París), Bertran Cazorla y Alberto Barbieri (Barcelona), y Juan Diego Quesada (Málaga).

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15 Junio 2008

Sacarnos las mantecas

Antes, si tenías pasaporte, Europa era la libertad. Saltabas los Pirineos, te ibas a París, te dabas una vuelta por la place Pigalle, te metías en un modesto cabaret de striptease y, joder con la libertad, qué tetas. Europa, vista desde este lado, era el patio trasero de España, donde se hacían guarradas y todo estaba permitido: te podías comprar revistas porno, obras de Sade, de Marx y hasta el Kamasutra, y por la noche hacerte unas ginebras en las cuevas existencialistas de Saint-Germain-des Prés. Y cuando regresabas, te sentías en un inmenso y monótono territorio de cuchicheos y sospechas. Y no solo París, sino Zürich, Ámsterdam, Praga, Berlín, aun con sus muros, menos espectaculares y no tanto de acero, como los que levantaron posteriormente, con el silencio cómplice de la comunidad internacional, los israelíes, para aniquilar a los palestinos, y Marruecos, en el Sáhara Occidental -aún sin descolonizar por España- con el propósito criminal de que los saharauis se abrasen de olvido y hambre, en uno de los lugares más inhóspitos del desierto.

Pero cuando se nos volcó la democracia encima, y nos pusimos a desmontar los Pirineos, Europa se cubrió las tetas y sacó las directivas, para que los socios del club supieran lo que vale un peine. Un club que no tiene nada de social y sí demasiado de neoliberalismo, mercado, finanzas, carbón y corte de mangas para las conquistas históricas de la clase obrera, de la que no quiere ni oír hablar. Resulta una falta de respeto y hasta un insulto para los mártires de Chicago, ahorcados por defender la jornada laboral de ocho horas, y para cuantos continuaron en una lucha tremenda contra el capital y una policía, unas leyes e incluso unas iglesias, puestas sin más contemplaciones al servicio de sus intereses. Se ganaron unos derechos que ahora los titulares de Trabajo de ese club quieren pasarse por los forros, aumentando las horas de trabajo semanal a 65. El dichoso club y su desafortunada directiva no es más ni menos que un muy turbio túnel del tiempo, que nos traslada a las más sórdidas y despiadadas escenas de la explotación y de los abusos perpetrados por los industriales del siglo XIX. Y en qué se fundamenta esa directiva tan atroz como retrógrada, pues en que "supone un paso adelante para los trabajadores y en que refuerza el papel del diálogo social". La verdad es que esos mendas, sin escrúpulo ni rubor alguno, le echan una cara que tira de espaldas. Y menos mal que el ministro de aquí, aunque ha recurrido a la abstención, parece que no está dispuesto a componendas. Lo veremos en el Parlamento Europeo. Como veremos cómo se oponen los partidos de izquierda a esa propuesta que tan descaradamente agrede los derechos de los trabajadores.

Esa Europa borde, de club de políticos campechanos y pizpiretos, que anidan entre las nalgas de la derechona, ya sean modelo Berlusconi, o bien, Sarkozy, quieren exprimirnos las mantecas, dejarnos exhaustos, útiles solo 65 horas semanales, para sacarles las castañas del fuego de la globalización. Que les den, han dicho los ciudadanos irlandeses, que algo se han husmeado, dejando en vilo y con el gesto avinagrado a toda una ralea de constructores de imperios.

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